Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Ana Tiscornia

Marco Maggi

Cristinerose/Josee Bienvenu Gallery

Así como uno puede alejarse infinitamente de la Tierra, puede ir en la dirección contraria y adentrarse interminablemente en un granito de ella. En ambas direcciones, tanto nos asistan la razón o los dioses, pareciera que uno está tan cerca del entendimiento como está de lejos.

Pensados en este contexto, los dibujos de Marco Maggi son un acto de fe, pués son el resultado de hora tras hora, día tras día de trabajo, para crear una especie de tratado epistemológico de lo que se nos escapa. Diseñados como un sistema preciso y perfecto con una lógica impecable, estos dibujos dan por sentado que existe una explicación, se basan en ello, y trazan un itinerario abierto que se expande en todas direcciones para hablar al fin de lo que no está.

Minucioso en el detalle hasta lo invisible (hay áreas del dibujo que se perciben como superficie gris), Marco Maggi desarrolla sus grafías con lápiz sobre pulidas superficies blancas o negras, a la manera de una “punta de plata”, o corta hojas comunes de papel de carta con la certeza de un neurocirujano. Aunque sus dibujos tienen todas las características de una obsesión, él no es un obsesivo sino un obstinado que repite su melodía con funciones rítmicas, un observador calmado que encuentra el común denominador entre la alta tecnología y el aleteo de una mariposa.

Exposición Individual: Marco Maggi — imagen 1
Marco Maggi. Incubadora, 2003. Cortes en papel. Vista de la instalación.

Una de estas funciones rítmicas es Hotbed (Incubadora), la instalación que cubre enteramente el piso de la galería. Resmas de papel blanco, cuya hoja superior está trabajada a punta de escalpelo, han sido dispuestas en retículas fragmentadas insinuando el damero de una ciudad hundiéndose en, o emergiendo de, un piso cubierto por más hojas blancas. Sobre estas últimas camina el espectador mientras alguien, silencioso y leve, agrega hojas limpias sobre las marcadas por las huellas del que transita, como quien se empecina en purificar lo que el hombre contamina a su paso. Pero es fácil imaginar también que, seguida esta lógica por el tiempo suficiente, el afán purificador terminará hundiendo definitivamente los restos de ciudad que sobreviven o escondiéndolos en las profundidades de un cráter. Hasta ahora los dibujos de Marco Maggi podían disparar muchas imágenes según quien los mirara, sin que ninguna interpretación específica parezca prevalecer en su intención. El propósito de su destreza es hablar por todas nuestras voces, de esta manera su dibujo se mantiene ajeno a la interpretación, que es un camino, paradójicamente, para reflexionar sobre el acto interpretativo. Una vista aérea, un circuito electrónico, un códice precolombino, todas estas cosas y ninguna pueden esconderse en su ejercicio formal. Su instalación, en cambio, aunque abierta, está más indisolublemente asociada a su contenido, o si se prefiere a la experiencia de su atmósfera. Por cierto, colaboran la escala y el inevitable compromiso del cuerpo del espectador en la percepción de la obra, pero están también las oscuras circunstancias del tiempo en que vivimos, que ayudan a leerla como metáfora de un mundo al borde del derrumbe.

Aunque puede que en un cierto estrato de fricción intelectual, de especulación filosófica, Marco Maggi quiera, con esta muestra, manifestar una simetría equivalente entre construir y destruir (por algo el título Constructing & Demolishing), su exposición crece en diálogo y contrapartida con el contexto: uno teme estar asistiendo al exterminio de la belleza y al mismo tiempo agradece este alegato en su defensa.

ANA TISCORNIA

Marco Maggi, por Ana Tiscornia | artnexus