Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Carla Zaccagnini

Laura Lima

Casa Triângulo

En su reciente exposición en la Casa Triângulo, Laura Lima presentó una serie de objetos para vestir el cuerpo que había mostrado el año pasado en el Museu de Arte da Pampulha, en Belo Horizonte, y en el Museo de Arte Moderno de Liubliana. Esta vez, la creciente colección de disfraces ocupó tres de los ambientes de la galería, dejando la sala central habitada únicamente por dos enormes espejos enfrentados y las dos pequeñas salas siguientes cubiertas por las anotaciones que precedieron la construcción de las piezas.

Algunos de los cuadernos de anotaciones de la artista fueron desmembrados para presentar, lado a lado en la pared, elucubraciones gráficas donde es posible ver el pensamiento del que surgieron las piezas creadas, entre muchas variaciones posibles. Dibujos de mayores dimensiones mostraban costumes imaginarios, imposibles de confeccionar y de llevar sobre el cuerpo. Hechos con marcadores amarillos y violetas sobre el mismo material plástico en el que se construyen las piezas tridimensionales, los dibujos construyen una narrativa ilógica en la que el cuerpo humano va desarrollando apéndices externos semejantes a bichos o plantas: largas colas, picos que se hacen barbas, miembros que se arrastran, flores, frutos, hojas agigantadas, crines y cristas. Esas mutaciones guardan también algo del imaginario de la ciencia ficción, especialmente en lo que se refiere a seres extraterrestres, y de los personajes mitológicos, imaginarios cruces entre dioses, hombres y animales.

Exposición Individual: Laura Lima — imagen 1
Laura Lima. Disfraces, 2002. Vinilo. Dimensiones variables.

Los costumes parten de esos estudios gráficos, sin repetirlos. Aun las piezas de las que se logra reconocer el origen en las anotaciones expuestas logran características diversas al adquirir proporciones humanas y existencia tridimensional. Hechas en vinilo celeste, las piezas para-vestir agregan al sentido de hibridismo y mutación biológica, las formas, pliegues y cortes de estructuradas creaciones de haute couture. A pesar de nacer de series interminables de dibujos que investigan una y otra posibilidad con discretas alteraciones que tienen algo de orgánico, algo de darwiniano una vez construidas, es como si no pudieran jamás haber sido de otra manera.

Realizados en coproducción con Márcio Ramalho, estos trajes son fabricados mediante tres operaciones únicas: la de recortar, la de plegar y la de pegar. Nada está cocido o unido de otra manera que no sea a partir del pegamento, una característica estructural que elimina al mismo tiempo cualquier identificación posible con la actividad doméstica de la costura y cualquier aproximación con la línea y su relación con el dibujo. Las piezas están hechas de planos y dobles, extracción y suma; casi esculturas minimalistas, si quisiéramos pensarlas de esa manera. A primera vista, colgadas de soportes que forman una línea continua en las paredes de la galería, las piezas, monocromáticas y deformes fuera del cuerpo, ganan aires relieves. Más semejantes a las obras de fieltro de Robert Morris que a las porcelanas del taller de Della Robia, claro está.

Entretanto, la relación de estas obras con la moda y el vestuario, así como el hecho de que ganan volumen al ser rellenadas por el cuerpo, las diferencia por completo de las obras minimalistas. Esa referencia a la moda se ve acentuada por la manera como se pueden manosear las piezas mientras están colgadas; por la presencia del vendedor, que ayuda a los visitantes a que se prueben una y otra combinaciones posibles y comenta los resultados sobre el cuerpo; por el catálogo que reproduce fotos en las que modelos aislados o en grupos presentan las vestimentas en uso alrededor de la pileta o de la chimenea; y por la presencia seductora de los espejos, que nos muestran nuestra apariencia en esos trajes únicos. Unicidad que remite a la alta costura, pero también nos trae de vuelta a las bellas artes.

Hay que elegir una, descolgarla y vestirla, para entender todo el conjunto de una manera nueva. Al principio nos toma una inquietud, por estar delante de objetos hechos para el cuerpo, que responden a nuestras proporciones pero no se adecúan a nuestros hábitos. Después de probarlas de algunas maneras, el vendedor nos instruye y ata los nudos, únicos instrumentos responsables de mantener las uniones temporales de las piezas, ya que no hay cierres ni botones, ningún otro elemento además del vinilo. La rigidez del material, en vez de auxiliar, acentuar o revelar el movimiento y las formas del cuerpo, los restringe, los confina, los somete a su inflexibilidad y a su peso. Si se piensa en los Parangolés de Hélio Oiticica, que casi flotan sobre el cuerpo en movimiento, permeables a los deseos del usuario, es total el contraste con estos trajes a los que nos cuesta adaptarnos. Las piezas de Laura Lima esconden bajo disfraces y proponen nuevas costumbres a los cuerpos visitantes. Por fin, caminamos lentamente, y arrastrando algún apéndice, hasta la sala de los espejos. Vemos reflejados el ambiente, nuestra imagen y la obra en el mismo espacio de representación, de manera que se incluye al visitante y a la galería en la narrativa de la artista.

CARLA ZACCAGNINI

Laura Lima, por Carla Zaccagnini | artnexus