Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Natalia Gutiérrez

José Alejandro Restrepo

Galería Valenzuela y Klenner

Empiezo con una digresión: esta exposición de José Alejando Restrepo abre en el espectador muchos caminos; voy intentar explorar sólo algunos: el primero es una reflexión sobre la tradición en tres vías; es revisitar la experiencia acumulada de videoartistas, los más paradigmáticos, interesados en la imagen pero también en el televisor. En aquellas primeras épocas del video como arte, el televisor, un objeto sedentario, un altar en la casa, se convirtió en nómada, no sólo por una decisión plástica sino política, que intentaba inquietar a ese grupo inmóvil en el que se convirtió la familia contemporánea. Puede sonar muy elemental pero siempre es bueno recordarlo, que el televisor se puede entonces arrinconar, aglomerar, poner aquí o allá y así esa caja negra se convierte, como en esta exposición, en un principio básico de escultura, que es sacar un objeto de ese flujo bidimensional que es la percepción cotidiana y, en este caso un acto incisivo, que el hombre se concentre en él y se detenga. La segunda vía tiene que ver con un recorrido que hace el artista a través de su propio trabajo, rescatando imágenes de videos perdidos y algunas obras son tema con variaciones, lo que constata una vez más, que el arte no es un asunto de novedades sino de volver a lugares imborrables. La tercera vía para explorar la tradición es más compleja de definir; se podría decir que es como una fuente subterránea que corre independientemente de las divisiones rígidas del pensamiento, como religiones, Oriente y Occidente, estilos o formas; una vía donde las tradiciones se mezclan, y más que eso, es una fuente que tiene que ver con el encuentro con la condición humana. Al ver esta exposición de videos en un blanco y negro tan realista, de acciones mínimas, precisas, repetidas, queda la inquietud de que se quiere, como dice Lewis Hyde, tocar el presente para invitarlo a pensar en la ambigüedad de la naturaleza humana. Pero no precisamente con discursos; el visitante pasaba por una serie de espacios que se sensibilizaron con gracia, sentido del humor e ironía, pero una ironía más delicada, es decir, usada no para juzgar sino para entender lo humano, y permitía que se abrieran rutas.

Exposición Individual: José Alejandro Restrepo — imagen 1
José Alejandro Restrepo. Jardín interior, 2003. Video instalación.

Para abordar esta exposición es entonces necesario permitirse hacer asociaciones a partir de la imagen. Se puede empezar por cualquiera de ellas, pero en mí empezaron con Lilith, un video cuyo título recuerda esa hermosa mujer lívida, pintada por Dante Gabrielle Rossetti en el momento en que se mira al espejo y se acaricia su pelo dorado; a pesar de su belleza, es una mujer un poco tenebrosa, con esa cinta en la muñeca rojo sangre, tal vez mujer vampiro, la creación pura de la imagen romántica. Y sí, ya sabemos, siguiendo a Foucault, que desde la modernidad el sexo es secreto y se habla de él pero con un discurso clasificatorio que separa su naturaleza ambigua en normal o perversa, y pone en primer plano una sexualidad centrada en la reproducción; destierra tantos placeres sin fruto, “contra natura”, para montar una sexualidad políticamente útil centrada en la familia que conserva la fuerza de trabajo. Pero por esa misma razón la imagen se disgrega en desplazamientos e invenciones a veces deliciosas que son las formas del deseo. Cada época les da forma a sus propias sombras.

Lo delicioso aquí es que la Lilith de esta exposición no es una metáfora sino un señalamiento zoológico, y el video es una monumental hembra rinoceronte en el acto mismo de rechazar un macho que se ve, a decir verdad, tan frágil, y expulsar su semen. Se podrían hacer otras asociaciones pero la más interesante para mí es precisamente la zoológica, y es una maravilla desempolvar libros perdidos y encontrar que el cortejo sexual de los rinocerontes parece estar organizado por reglas emitidas por un comité, donde los machos, sobre todo los jóvenes, pueden visitar a la hembra, pero su comportamiento es vigilado por las hembras viejas que se encargan de instruirlo, y si no entiende, de darle su merecido; el macho debe aprender entonces a acercarse con cautela. Pero también se puede abrir el capítulo de la Lilith de la tradición rabínica, primera esposa de Adán hoy tan reivindicada por las feministas cuando la interpretan no como la mujer vampiro romántica, sino como una mujer que pudo independizarse de las normas de la fecundidad y del macho. Pero lo importante, creo yo, es aprender en los relatos de esas mismas tradiciones y cómo se concibe la creación del hombre como macho y hembra creados por Dios con un cuerpo dual, hermafrodita, para más adelante ser convertido en un ser dividido en dos, lo que lo lleva a la condena de buscar la completud en otro, en el afuera; la exposición poco a poco entra en zonas de una complejidad mayor.

En el catálogo, José Alejandro Restrepo escoge algunas citas de diferentes autores, sólo como señales para quien quiera abrirlas, pero una de Leonardo da Vinci me resultó inquietante y la cito en parte: “Entre los cuerpos que no pueden existir el uno sin el otro se encuentran el placer y el disgusto... el fundamento y origen del placer es un esfuerzo vinculado al disgusto, en tanto que por su parte el fundamento y las raíces del disgusto son los placeres vanos y lascivos”. La ruta que se abre es la de la agonía y del destierro a propósito de la búsqueda de sí mismo en otro. Hay que recordar aquí que hipóstasis se refiere a la unión en una sola persona en dos naturalezas, entonces, lo que empezó como un juego divertido deja cada vez una impresión más solemne.

La Galería Valenzuela y Klenner tiene escaleras y rincones que se manejaron muy bien y los diferentes videos buscaban correlaciones del mismo tema en otras situaciones. Por ejemplo, un conjunto de televisores formaban un Jardín interior de plantas carnívoras con un sonido estremecedor cuando atrapaban a su presa, como un acto de significado instantáneo, rodeadas de adormideras que parecían despertar con un toque. Se creaba un clima para pensar en esa una forma de relación entre los sexos consagrada desde hace casi cuatro siglos, viendo una pareja de porcelana desenfocada bailar un vals; esta obra dejaba una sensación un poco nietzscheana, aquella de convivir con las ilusiones pero no creerlas del todo. La pregunta de si es macho o hembra es perfecta para los noticieros y en Es lo mismo se responde con la imagen de una boxeadora latinoamericana entrenando. Hay videos que son una edición mínima, que parecen rescatados de obras anteriores, pero precisamente por su justeza, concentran aún más su carga conceptual; es el caso de Machihembrao, un cuerpo orinando a través de una de esas invenciones del deseo de las que hablábamos antes, una canícula ingeniosa, un pene como si fuera hecho de un origami de metal, y tal vez la imagen más delicada, es el acto mínimo de enmarcar lentamente con un lente cuadrado un seno ¿de macho o de hembra? Tal vez es el deseo el que decide tomar su propia forma, en la cuadratura del círculo.

NATALIA GUTIÉRREZ

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