Homenaje a "Geometría Sensível’’, 25 Años después, recordando "Geometría Sensible’’

Instalación de “Homage: Geometria Sensível - 25 años después, recordando Geometría Sensible,” Cecilia de Torres, Primavera de 2003.

Colectivasept 2003 - nov 2003· Por Autor no disponible

Homenaje a "Geometría Sensível’’, 25 Años después, recordando "Geometría Sensible’’

Cecilia de Torres

La exposición conmemorativa ha aparecido en muchos contextos y se ha manifestado en proyectos individuales, así como en exposiciones colectivas.  Algunas que se me vienen a la mente, por ejemplo, son las esculturas públicas para exteriores de Rachel Whiteread, como la de Austria, que conmemoraba a las víctimas judías del Holocausto. Es difícil no pensar en las formas contemporáneas de políticas e injusticia racial cuando se contempla la obra austriaca de Whiteread:  neonazis, la derecha política de Austria y las recientes políticas xenófobas de inmigración del país.  Otras exposiciones conmemorativas han sido igualmente políticas, como la de 1992 en Berlín, titulada Degenerate Art, un duro recordatorio de la exposición de arte antimoderno de Hitler, con el mismo nombre, llevada a cabo en 1937.  La exposición de Hitler era propaganda pura y mostraba exhibir lo que él interpretaba como la naturaleza “degenerada” del modernismo por intermedio de algunos de los artistas más importantes del siglo XX.  Un elemento interesante con respecto a la exposición de 1992 fue un efecto no deliberado similar a la secuela crítica de Whiteread.  Con su llegada como consecuencia del desmantelamiento de la NEA (National Endowment for the Arts) en los Estados Unidos, debates en el Senado de los Estados Unidos sobre el papel del arte en la sociedad del país, así como el ataque contra el arte contemporáneo por la derecha cristiana, la pertinencia de la exposición de Berlín ciertamente trascendió 1937 y llamó la atención sobre las dimensiones políticas de las formas contemporáneas de censura. Lo que estas exposiciones manifiestan es que la exposición conmemorativa en general haría bien en tener algún tipo de soporte en el mundo contemporáneo; de lo contrario, puede sucumbir al sentimentalismo, debido a que la obra presentada ha sido neutralizada de su fuerza histórica por su descontextualización en un marco temporal totalmente diferente.  Aunque una reciente exposición conmemorativa en la galería Cecilia de Torres no estuvo por completo libre de esto, sus intenciones estuvieron de acuerdo con lo previsto.

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Marcelo Bonevardi. Gnomon No. 451, 1973. Óleo, madera, lino. 58 x 43 ½ in (47,3 x 110,6 cm).
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Waldemar Cordeiro. Idea visible, 1952. Témpera sobre madera. 61 x 61 cm (24 x 24 pulgadas).

Basándose en una exposición montada hace 25 años en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, titulada Latin America: Sensitive Geometry, la exposición de Cecilia de Torres le rindió homenaje a aquélla, que fue destruida por un incendio el 8 de julio de 1978.  Junto con las obras destruidas que constituyeron dicha exposición, había una exhibición actual del históricamente fundamental Joaquín Torres-García, así como una colección permanente de obras de arte europeo y una colección integral de arte brasileño.  La destrucción de más de mil obras es asombrosa y, desde luego, una pérdida para todos, debido a que dejó muchos vacíos en la trayectoria histórica del arte latinoamericano del siglo XX; porque éste era parte del impulso de la exposición original Sensitive Geometry, es decir, no sólo iluminó a los artistas abstractos latinoamericanos a través de un importante reconocimiento de la abstracción geométrica, así como a las diferencias entre ciertas formas de abstracción en Europa y América Latina, sino que también atrajo a los centros de producción artística europeos y norteamericanos que habían pasado por alto la importancia de los colaboradores del Cono Sur.  Ésta es, desde luego, razón suficiente para recordar la importancia de esa exposición mediante una exposición conmemorativa. El problema con ésta 25 años después es su limitada selección de obras que, en consecuencia, la hace menos fuerte que lo que estaba conmemorando. Había en ella menos de 26 artistas, que fue el número de participantes en la exposición original, había también numerosas obras hechas después del incendio, lo cual hizo que la exposición conmemorativa se viera un poco confusa. Debería haber incluido obras hechas ya fuera antes o alrededor de la época del incendio, o haber eliminado del todo el título Sensitive Geometry, a la vez que rendía homenaje a las obras perdidas en el museo.  En este sentido, la obra de Whiteread y su estética como de espectro, que se basa en la memoria por medio de una presencia ausente, es capaz de transmitir el impacto de pérdida a través de una fantasmagórica postconceptual.

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Eduardo Ramírez Villamizar. Caracol flor, 1978. Aluminio pintado. 40 x 76 x 50 cm (15 ¾ x 29 1/8 x 19 5/8 pulgadas).
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César Paternosto. Pawqar, 1978. Emulsión acrílica sobre lienzo. 162,5 x 162,5 cm (64 x 64 pulgadas).

La exposición de Cecilia de Torres, curada por Enrique Faria, fue, sin embargo, afinada con precisión en su selección de obras, que incluyó a artistas como Marcelo Bonevardi, Waldemar Cordeiro, Eduardo Ramírez Villamizar, Carlos Cruz-Diez, Alejandro Otero, Jesús Rafael Soto, Ana Mercedes Hoyos, César Paternosto, Carlos Rojas, Gego y Joaquín Torres-García.  La selección y su presentación, deseadas o no, fueron semievocadoras de pérdida.  Ésta, no obstante, puede no haber sido la intención curatorial.  Ciertas obras como Atmosphere (1978), de Hoyos, tenían una sensación de melancolía dada por la pintura monocromática.  Constructivist Art (1943), de Torres-García, también logró transmitir ausencia a través de su geometría policromática que recordaba el vitral, añadiéndole a la exposición una cualidad casi religiosa.  Splitting a Rectangle II (1958), de Gego, podría haber sido restos de un esqueleto, recordándonos en un cierto estilo memento mori la naturaleza efímera de la vida.  Habría sido más gratificante que la exposición hubiera tratado de seguir una posibilidad conceptual de presentación, con el fin de que el espectador sintiera la pérdida del 8 de julio en un nivel emocional más que en uno estrictamente académico. Al hacerlo, habría enfatizado que, en realidad, lo que estamos contemplando es una forma de abstracción geométrica sensible, lírica y poética que no sólo es radiante de vida, sino que también puede ser catártica por su habilidad de transmitir las profundidades de la emotividad humana.

RAÚL ZAMUDIO

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