Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Clayton Kirking

Fernanda Brunet

Galería Ramis Barquet

En el verano de 1995, Juan García de Oteyza, quien para entonces era el director del Centro Cultural Mexicano de Nueva York, me pidió que organizara una exposición de la obra de jóvenes artistas mexicanos residentes en Nueva York. Al final, la exposición se convirtió en un examen introductorio de la relación de artistas mexicanos con la ciudad de Nueva York. Después de superar una serie de obstáculos, Mexico/New York: a vital dialogue abrió sus puertas en octubre de 2000. La premisa del título y del ensayo del catálogo fue que desde los primeros años del siglo XX, con la llegada a Nueva York de Marius de Zayas, ha habido una rica corriente de intercambio intelectual y cultural entre México y Nueva York.

Durante la organización y el planeamiento de la exposición fue muy placentero ver de nuevo la obra de artistas que había conocido desde hacía algún tiempo y ver obras frescas, nuevas, que no conocía o conocía muy poco. En cierta forma, estaba familiarizado con las primeras imágenes explícitamente sexuales de Fernanda Brunet. Sin embargo, fueron sus pinturas de volcanes en erupción las que me parecieron extraordinarias. St. Helen fue la pieza introductoria de la exposición así como la portada del catálogo.

Exposición Individual: Fernanda Brunet — imagen 1
Fernanda Brunet. Ung...ah!, 2001. Acrílico sobre lienzo. 110 x 150 cm (43 ¼ x 59 pulgadas).

En consecuencia, en el ambiente de diálogo e intercambio, es muy interesante considerar cómo esta artista que se está desarrollando rápidamente pasó de sus rosados óleos sexualmente orientados de la década de 1990 a St. Helen (1999) y de éste a Rrooom! (2003), que fue incluido en esta exposición. Su paso de las imágenes sexuales a volcanes en erupción no es difícil de entender. Hay algo fundamentalmente poderoso y sexual con relación a sus pinturas de volcanes, por no decir, con volcanes activos. Se puede deducir fácilmente una analogía entre el espectáculo de poder y contundente emisión de roca fundida y la eyaculación durante el clímax sexual. La primera pintura de Brunet y la serie de los volcanes compartieron una limitada paleta de color y un “apetitoso” estilo que nos hacía pensar en pasteles de boda y postres cremosos. En comparación, la última obra parece menos “bella” y más ruda, plana y ruidosa. Es claro que se ha llevado a cabo un dramático giro.

Aunque el proceso fue sin duda mucho más complejo, dos factores son notables: un cambio del óleo al acrílico y una atracción por las historietas japonesas de imaginería manga. Su utilización de pinturas acrílicas fue motivada por el deseo de trabajar con un medio menos tóxico. La influencia del manga japonés, el género de cómics tremendamente popular que es ampliamente —algunos dirían obsesivamente— leído en Japón y dentro de la población japonesa en todo el mundo, es menos evidente. En el contexto de esta exposición había una tendencia natural a comparar éstos con las novelas sensacionalistas, que son tan populares en México. Sospecho, sin embargo, que la conexión tiene más que ver con las imágenes en sí que con cualquier familiaridad o comparación consciente de la novela con el manga.

Impresos a bajo precio, estos cómics son novelas sensacionalistas rudas, con ilustraciones en blanco y negro, que, por lo común, describen superhéroes o seres superiores que luchan en forma melodramática para combatir el mal y defender el bien. El exagerado drama del manga es popular entre gente de todas las edades, pero el que se publica para lectores mayores puede tener un exagerado contenido sexual y ser despiadadamente violento. Todas las historietas están condimentadas con descripciones gráficas de peleas, balaceras y explosiones, todas ellas acompañadas de los caracteres japoneses que representan el sonido asociado con la acción, por ejemplo, Kraash!, Splop!, Rrooom!

El manga ha tenido influencia sobre la obra de otros artistas, tanto dentro como fuera de Japón; quizás el más notable de ellos ha sido Takashi Murakami, cuya obra ha girado en torno a personajes manga bidimensionales y tridimensionales. De igual forma, su obra prácticamente celebra los abiertos aspectos sexuales de los temas y su ficción llena de acción.

La fascinación de Brunet por la insinuación y las imágenes sexuales naturalmente sería atraída por el manga adulto y su cultura popular afín. Su aislamiento de las explosiones, ruidos y grandilocuencia de los cómics se deduce lógicamente de sus obras inspiradas en la pornografía y en los volcanes. Sus interpretaciones bidimensionales de sonidos se traducen en pinturas que podrían verse como detalles de acciones más grandes. A otro nivel, pueden verse como cifras o caracteres, no diferentes de la pintura caligráfica japonesa, en la cual un solo símbolo puede convertirse en el tema o imagen central.

La exposición en la Galería Ramis Barquet de Nueva York fue una instalación estimulante. Dadas las imágenes y su inspiración, podría describirse como “estrepitosa”. Sin tener en cuenta el tamaño de las pinturas, el volumen implícito era por lo general llamativo. El empleo de Brunet de una paleta todavía limitada de colores pastel ha sido aumentado recientemente con la adición de plateado metálico. Las pinturas más exitosas son las últimas (2003), en acrílico sobre lienzo. La fina textura de la tela le da una superficie dura a la pieza terminada, que nos recuerda mucho el manga vivamente impreso. Aunque el empleo casi “delicioso” del óleo ya no está presente, su obra parece señalar ahora en una dirección que podría llevar a la artista a la producción de pinturas tan emocionantes y visualmente estimulantes como St. Helen.

CLAYTON KIRKING

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