Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Eva Grinstein

Elba Bairon

Galería Luisa Pedrouzo

Mientras escribo esta reseña, el debate estético en Buenos Aires gira nuevamente en torno a una dicotomía anacrónica: arte light versus arte comprometido. Luego de una década, la de 1990, en que el “arte por el arte” —con tendencia más bien abstracta y formalista— dominó en los principales espacios expositivos de la ciudad, con el comienzo de este nuevo siglo y en sintonía con la tendencia internacional se han revitalizado en Argentina las expresiones conceptuales, ideológicas y politizadas. Durante el año 2002, un año harto difícil tras la crisis de diciembre de 2001, muchos artistas se han volcado a manifestar en sus obras opiniones e intuiciones, dejando de lado el vacío discursivo que había resultado ser una buena reacción frente al arte fuertemente retorizado de los años ochenta. Hoy, la polémica está instalada: pareciera que los artistas están obligados a optar entre el formalismo o el compromiso, y cada vez se polarizan más las posiciones. De hecho, una multitud asistió a una reciente discusión abierta sobre este tema en el MALBA —Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires— discusión en la que incluso se acusó a curadores por forzar a los artistas para que politicen sus trabajos, y a artistas por ser oportunistas adecuándose a los “vientos de época”. Desde el lado de “los politizados”, también llovieron las denuncias: la coyuntura del país exige compromiso y ya no es momento para tibiezas expresivas.

Exposición Individual: Elba Bairon — imagen 1
Elba Bairon. Sin título, 2003. Pasta de papel. 172 x 84,5 x 39 cm (67 ¾ x 33 ⅕ x 15 ¼ pulgadas).

En este contexto, la exposición de Elba Bairon inaugurada en la Galería Luisa Pedrouzo se presenta como una apuesta clara por una de las dos líneas en pugna; Bairon no sucumbe a modas ni presiones de ningún tipo, y se limita a desarrollar con naturalidad la misma orientación que ha mostrado durante los últimos años en salas como la del Centro Cultural Rojas (emblema del arte light de los noventa) y en la Galería Diana Lowenstein, ahora trasladada a Miami. Su obra no utiliza recursos interpretativos ni pretende documentar en ningún aspecto lo real o lo social, su interés parece ser la materialización de pensamientos absolutamente subjetivos que no desean añadir comentarios al mundo de la reflexión, o en todo caso el tipo de reflexión que propone está desvinculado de las preocupaciones ligadas al entorno social.

Bairon despliega en el espacio de la galería una serie de figuras que dialogan con sus propias texturas, con sus bordes, con los colores sobrios que ella elige para pintar los objetos realizados en pasta de papel. A contramano de la tendencia imperante, no son las ideas políticas de la artista lo que vemos al entrar en su mundo, sino las honestas imágenes de su investigación plástica. Vemos las imperfecciones de unas barras rectangulares que podrían haber sido perfectas; los misteriosos agujeros abiertos —o no— dentro de unas formas semicirculares y chatas; el insoportable brillo de una pseudopiedra pintada con acrílico negro. Junto a estas piezas, y acaso para desalentar todo intento por dotar a la exposición de sentidos concretos, Bairon recuesta sobre el piso dos grandes figuras que representan un gallo y una mujer. ¿Se trata de hiperbolizaciones de pequeñas cerámicas decorativas? ¿Existe algún tipo de relación entre las formas abstractas y estas desconcertantes irrupciones figurativas? No es posible averiguarlo al recorrer la exposición. Ninguna de las obras tiene título. No hay carteles ni textos incluidos en la sala. No hay didáctica posible para esta explosión de deseos que han asumido la visibilidad. Todo en el significado de estas obras se nos escapa, y sólo queda el efecto puro e ineludible de su elegancia.

EVA GRINSTEIN

Elba Bairon, por Eva Grinstein | artnexus