Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Carol Damian

Cundo Bermúdez

Lowe Art Museum

Esta pequeña exposición retrospectiva del arte del maestro cubano Cundo Bermúdez incluyó más de 50 pinturas y obras sobre papel desde la década de 1940 hasta el presente, que pusieron de relieve una carrera de 50 años que se inició en Cuba, se abrió paso hacia México y Puerto Rico y continúa hasta hoy en Miami. A los 89 años, Bermúdez está actualmente esperando supervisar la instalación de una importante comisión para un mural de cerámica en el nuevo Performing Arts Center de Miami, mientras sus muchos admiradores planean la celebración de su nonagésimo cumpleaños en el 2004. A pesar de que sus obras podrían llenar todo un museo, esta exposición cuidadosamente editada, curada por Mario Amiguet y Teresa Callava, presentó obras que iniciaron al espectador en cada una de sus muchas series e imágenes características. Había también una película, On Plain Background: A Portrait of Cuban Painter Cundo Bermúdez, presentada en pequeño formato en la galería durante la exposición. Producida por los profesores de la Universidad de Miami Konstantia Kontaxis y Ed Talavera, ofrecía una ojeada a la vida y mente de Cundo Bermúdez, mientras críticos, amigos e historiadores de arte compartían valiosos conceptos sobre su larga y prolífica carrera.

Exposición Individual: Cundo Bermúdez — imagen 1
Cundo Bermúdez. Lunes, 21 de diciembre, Interior, 1974. Óleo sobre lienzo. 93,9 x 127 cm (37 x 50 pulgadas). Colección: Museo dr Arte de las Américas, OEA, Washington DC.

Cundo Bermúdez nació en La Habana, Cuba, en 1914 y estudió en la prestigiosa Academia de San Alejandro por dos años. Básicamente fue autodidacta. En su juventud, vivió en México, cuando el Renacimiento Muralista Mexicano estaba en la cima, y su obra expresa claramente algunos de los mismos intereses en las tradiciones locales y la vida diaria en La Habana. Con el paso de los años, ha desarrollado un lenguaje visual y una forma de pintar profundamente personales que captan el espíritu de la vida, el amor, la música y el color de los trópicos. Bermúdez presenta el ambiente de los ornados interiores barrocos de Cuba y los azules de su mar y su cielo como fondo para un elenco de silenciosas figuras misteriosas vestidas en una fantástica colección de trajes.

Una forma de comprender las muchas series de temas y fases cronológicas que han dominado la obra de Cundo Bermúdez a lo largo de los años es comenzar por los retratos, muchos de los cuales estaban en esta exposición. Algunas de sus primeras impresiones (de las décadas de 1930 y 1940) eran retratos, y todas ellas revelan más que la descripción física de sus personajes y sus personalidades. Dos Hermanas, 1940, y Retrato de Heriberto Leret, 1943, no sólo están entre las muchas referencias a la sociedad de La Habana de la época, sino que también nos dicen que Cundo Bermúdez no está interesado simplemente en tales descripciones; emplea los retratos como un punto de partida para explorar los muchos otros elementos de la pintura que eran de suma importancia para él como artista: las formas volumétricas, el color, los patrones superficiales, los diseños abstractos. Incluso sus famosas “cintas” aparecen en estas primeras obras, estrictamente como elementos pictóricos. Hay arabescos y una especie de intensidad en sus expresiones, y a medida que los retratos cambian de motivos simples a composiciones que incluyen figuras, tales como El billar, 1942, y Romeo y Julieta, 1943, se evidencia la divertida visión que el artista tiene de la vida diaria. Este sentido de ingenio y ensueño siempre está presente. Uno no puede evitar preguntarse quiénes son los personajes de Mujer peinando su amante, 1945, y Club de señoritas, 1995.

A Cundo Bermúdez siempre le ha interesado la historia del Arte y este aspecto de su obra es evidente en numerosas pinturas y dibujos, tanto cuando referencia sus tradiciones, como en Desnudos al mediodía, 1945, y Homenaje a Seurat, 1993, como cuando hace que el espectador interprete el simbolismo que se convierte en su vocabulario pictórico personal, el cual incluye instrumentos musicales, relojes, cintas, escaleras, espejos, sombreros y turbantes. En Cinco figuras, 1975, es como si los retablos de paneles múltiples del pasado se hubieran transformado en un comentario, tan exótico como agudo, de la vida en Cuba.

La exposición dejó en claro que la forma femenina es una de las favoritas del artista y del espectador. Este colorido grupo de feminidad es tan real como fantástico. Se pasean por las playas vestidas en estrafalarias cintas y posan en arreglos imposibles aunque formales, a menudo semi expuestas. Muy resumidas en contornos planos con rostros simples, no son sino una excusa para que Cundo Bermúdez juegue con las cintas y los colores y los sinuosos arabescos que envuelven su misteriosa presencia. Sus obras más recientes incluyen las mismas referencias a la feminidad, obtenidas ahora mediante un enfoque pictórico más simplificado, que es más vigoroso, más plano, aunque no menos colorido. La jardinera, 2002, es una visión en brillantes rosados y azules.

Durante su larga, prolífica y muy respetada carrera, Cundo Bermúdez nunca se contentó con trabajar en un solo tema o serie. Como lo revela la amplia gama de fechas, los mismos personajes y temas aparecen una y otra vez. La exposición brindó sólo una introducción a las muchas facetas de sus notables logros. Había retratos, mujeres, músicos, escenas de interiores, bosquejos de sus murales en Puerto Rico y de su nueva comisión de Miami, y temas religiosos. Se pudo apreciar y disfrutar cada obra por muchas razones personales, y fue una experiencia especialmente placentera, debido a que uno se daba cuenta de que ésas eran sólo unos pocos ejemplos de los miles producidos por este admirable maestro.


CAROL DAMIAN

Cundo Bermúdez, por Carol Damian | artnexus