Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Graciela Kartofel

Courtney Smith

Roebling Hall

La serie Copacabana de Courtney Smith es un vértigo a la par que una observación de bellezas y singularidades. Vértigo en tanto la cantidad de lecturas que promueve en el espectador. Bellezas y singularidades en tanto que cada pieza es una única construcción que incluye diversos momentos de la historia de una sociedad, y presenta el símil de armonías y desarticulaciones a través de los tonos pastel y la madera sin colorear, de las molduras y los cortes y ensamblados, de la suavidad y el rigor.

Exposición Individual: Courtney Smith — imagen 1
Courtney Smith. Palacio, 2003. Muebles y chapeado de madera. Dimensiones variables.

Podríamos imaginar que la artista nos ayudará a cambiar la escena con sólo nosotros parpadear: en el pasado, el mueble está en una casa, lo cierran, lo abren, lo tocan, lo maltratan, lo acarician, lo cambian por otro, lo pierden en una debacle económica, lo venden. Pasa por una o varias manos, Courtney Smith lo descubre y actualiza. Tal vez estaríamos en un museo de mobiliario de época —aunque sea de la década de 1950— parpadeamos y estaríamos frente a una peculiar situación: estos muebles han sido injertados con entes ajenos, articulables, apilables, funcionales y disfuncionales, que refieren una o varias anomalías. Al respecto, en una conversación en Nueva York, la artista comenta: “Por Copacabana encontraba estos muebles antiguos que compré, de ahí surge el título de esta exposición. Invadí todas las piezas con construcciones de plywood que trabajé en los estudios de aquí y de allá, con las lógicas dificultades, ya que yo nunca había hecho carpintería. Esta exposición es una metáfora de la ciudad y el cuerpo, como metástasis. Para mi el dibujo es muy importante, es muy elaborado y se puede continuar hasta el infinito”. Al observar los dibujos presentados en la exposición — los cuales generaron ciertos sectores de los muebles anteriores y en cierta medida de éstos—, entendemos la faceta obsesiva y apasionante, cargada de formas barrocas. En los “muebles” de la presente exposición ejerce asociaciones libres entre el dibujo y las piezas. La curva y la voluta están presentes en los dibujos pero no en los agregados maderiles; en éstos, la autora dibuja una elongación curva bidimensional que en madera se tornó ángulo recto tridimensionalizado. “Antes, trabajé con tela haciendo esos dibujos en gran formato. Ahora con la madera es diferente porque tiene más rigidez y se convierte en una metáfora escultórica”. Según hasta dónde y hasta cuándo se intervenga —talle— un mueble, se corten secciones o se injerten partes, el mueble puede crecer y crecer, o empezar a ser menos masa hasta llegar a desaparecer.

En el párrafo anterior se integran los conceptos propuestos al inicio del artículo: “... vértigo a la par que una observación de bellezas y singularidades”. Una forma genera la otra, un módulo genera su vástago, “uno es uno y su circunstancia”. Por otra parte, Tell me no lies, Seen/Unseen, y El siglo de las mujeres son algunos de los títulos de exposiciones en que Courtney Smith ha participado; se entiende que su sutil reflexión estética aborda a la par la compleja vida de la mujer, la madre, la esposa y la profesional, sin olvidar la importancia del entorno social y político.

Ya en el año 2000 estaba haciendo muebles con estética propia. Las soluciones han venido siendo muy diferentes. Algunos de estos objetos corroboran la necesidad de conocer los períodos de la historia del arte. En las realizaciones anteriores, Courtney Smith explicita el frontón roto o bicéfalo propio de las iglesias barrocas que existe tanto en Europa como en los portales y altares latinoamericanos. El uso de bisagras y el “clima tonal” ayudaron a crear piezas más directas y fuertes que las de 2003. En las recientes, la sutileza del velo creado por los tonos pastel en las elaboraciones de contraste maderil promueve una estética ambigua y suavemente penetrante. El surrealismo se cuela en estas piezas tan hetedoroxamente como el constructivismo. De uno y de otro emanan la belleza de la duermevela y el placer del aroma a madera viva. Surrealismo, duermevela y pasado navegan en los tonos pastel de los muebles. Mientras que ese otro tono debido al plywood, también cálido pero natural, ensamblado industrialmente a partir de miles de árboles diversos, constituye el área del trabajo realizado ahora, más cerca de lo utilitario y constructivo, que se torna gaveta, sección, cuerpo pleno de singularidades. Es una cópula. Son como emanaciones del mueble original aunque visualmente lo que prevalece es la forma. Si cada uno de esos muebles se hubieran atrevido a soñar, podrían haber querido reencarnarse en lo que la artista los ha convertido, tan fuerte son las alusiones a lo humano en total ausencia de la figura humana. Cada pieza comparte su “ser” con unos gnomos invisibles que discuten acerca de su posible utilización y la admiración por el equilibrio logrado. Cada objeto tenía su historia —o muchas historias—, ahora tiene otras agregadas. La suma de partes genera opciones infinitas tanto en su conceptualización como en su visualización. En cada conjunto, las secciones insertadas crean perfiles como peldaños de fantasiosas escaleras ajenas a lo literario. El resultado es polisémico, genera formas y códigos de uniones visuales entre el mundo de la arquitectura de interiores, en sus visiones de lo inutil y lo útil. Los perfiles escalera acrecientan el ascenso a la nada, o sea, a la gran caída.

GRACIELA KARTOFEL

Courtney Smith, por Graciela Kartofel | artnexus