Art Chicago

Juan Cuéllar. Submundo, 2003. Óleo sobre lienzo. 130 x 195 cm (51 x 76 ¾ pulgadas). My Name’s Lolita.

Feriasept 2003 - nov 2003· Por Kathryn Hixson

Art Chicago

El éxito de Art Chicago 2003, que se realizó la pasada primavera, fue desafiado por un trío de inquietantes obstáculos: la tambaleante economía de los Estados Unidos, el costo y las dificultades de viajar en un mundo en tiempos de guerra, y la fiera competencia de ferias de arte más nuevas en el escenario internacional. Tanto la nueva Feria de Art Basel Miami, que se congregó con mucho éxito el pasado diciembre, como Armory Show en Nueva York, en febrero, han alejado de Chicago a muchas galerías europeas y neoyorquinas que asistían anualmente. En consecuencia, se percibió una Art Chicago más ligera que de costumbre, aunque el número de galerías participantes estuvo a la par con la feria del año pasado, algunas con menos espacio de lo normal. Es ya una tradición que la recepción inaugural de la noche, se lleve a cabo con el fin de captar fondos para el Museum of Contemporary Art de Chicago. Este año, fue relativamente exitosa al congregar a más de 2000 personas al evento que logró reunir alrededor de US$300,000 para el museo. La asistencia después de esta apertura oficial parecía haber disminuido con relación al año pasado, aunque durante el primer fin de semana de mayo, los corredores permanecieron atiborrados de ávidos espectadores y de posibles compradores.

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Wifredo Lam. La pareja, 1942. Óleo sobre lienzo. 104 x 85 cm (41 x 33 ½ pulgadas). Cernuda Arte.

Un resultado positivo de la ausencia de algunas galerías neoyorquinas y europeas fue que hubo espacio para nuevas galerías de todo el mundo. Galerías de Corea, China y Rusia, hicieron presencia junto a la fuerte e inusual presentación de galerías de arte latinoamericano. Entre las más exitosas estuvo la de Valencia/Madrid, My Name’s Lolita. Su puesto, lleno de pinturas, atrajo gran interés de coleccionistas locales y nacionales, en especial la obra de Joel Mestre, Paco de la Torre y Juan Cuéllar. Éste es el segundo año de la galería en Art Chicago, y las ventas, supuestamente, aumentaron en un 30 por ciento, comparadas con las de 2002.

La Galería Visor, de España, no fue tan optimista. Explicaron que éste fue el peor año de los cinco que llevan exponiendo allí. Sin embargo, sus artistas Bleda y Rosa, una pareja española, tuvieron cierto movimiento en ventas. Sus fotografías a todo color en gran formato, de paisajes que parecen vacíos, resonaron con una historia del pasado de civilizaciones.

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Enrique Marty. Padre (Mi), 2003. Detalle de la instalación para el Espacio de Proyectos. Galería Espacio Mínimo.

Ramón Cernuda sugirió que el énfasis que los organizadores de la feria pusieron en la fotografía fue la causa de las bajas ventas en su galería, Arte Cernuda, de Coral Gables, Florida; esta galería se concentró en especial en lienzos modernos, incluyendo obras del ampliamente coleccionado Wifredo Lam, al igual que paisajes tropicales. 

Aunque admitieron que la economía norteamericana estaba débil, los veteranos de siete años, Praxis Internacional, de Buenos Aires, Argentina, mostraron una nueva serie del artista Iturria, que generó entusiasmo en su espacio. En estas obras sobre fórmica moldeada, las alargadas figuras del artista, pintadas en su sello característico, grueso y crudo empaste al estilo Dubuffet, danzaban entre teclas de computadora.

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Graciela Sacco. Sombras del sur y del norte I, 2001. Impresión en screen en páginas individuales de plexiglás y fuente de luz. 300 x 300 cm (118 x 118 pulgadas). Berkeley Square Gallery.

La Galería Isabel Ignacio, de Sevilla, España, también piensa regresar, pero su directora se asegurará de cambiar  la estrategia para la feria del próximo año. En su primera aparición en Art Chicago ella decidió exhibir la escultura, las impresiones digitales y el video estático de un solo artista. A pesar de que el desglose del alfabeto en un dibujo  de Jesús Algovi, fue bien recibido, Ignacio sintió que, en un futuro, sería más impactante para la identidad de la galería, así como para sus fondos, exhibir varios de los artistas de la galería. No obstante, es infortunado que una cohesión estética refrescante pueda verse no del todo viable en una feria de arte, desde el punto de vista financiero. Por fortuna, los espacios de los Project Rooms auspiciados por Art Chicago les ofrecieron a los marchantes la oportunidad de dedicar un espacio completo a un solo proyecto.

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Pedro Reyes. Triste pero feliz, 2003. Escultura en acero inoxidable e hilo plástico. 210 x 210 x 210 cm (82 ½ x 82 ½ x 82 ½ pulgadas). Galería Enrique Guerrero.

Dominando la Galería Enrique Guerrero, había un extraño e inmenso tanque, fabricado en acero y plástico, un proyecto especial de Pedro Reyes. Esta práctica estructura nada costosa estaba repleta de niños que, felices, entraban y salían, mientras una pequeña rubia les advertía que tuvieran cuidado de no resbalarse y quedar atrapados en el piso de ranuras del tanque. La escultura/mueble de Reyes también está expuesta en la sección curada por Carlos Basualdo en la Bienal de Venecia. Obras poéticas aunque políticamente cargadas resumían el espacio de Guerrero. Dos grandes pinturas de Manuel Cerda pertenecientes a la serie Entre ahora y hoy se veían alegres y brillantes, hasta cuando uno se daba cuenta de los vidrios en tercera dimensión que pendían frente a ellas y que eliminaban el tímido camuflaje para revelar escenas de conflicto social. La colección de dibujos de Guillermo Kuitca estuvo igualmente atractiva: sus escenas de teatros y planos de distribución de asientos eran inquietantemente espontáneas y borrosas, debido al líquido que destiñó los colores sólidos de las copias de computadora.

Galería Espacio Mínimo, acechaba otro proyecto, una fantasía de Enrique Marty. A lo largo de una pared, el espacio se transformaba de repente en un corredor doméstico, con papel de colgadura y revestimiento de paneles de madera, que conducía a un salón oscurecido. Marty lo llenó de extrañas esculturas de feos ancianos que también lanzaban pavorosas miradas lascivas desde una proyección de video. La yuxtaposición del contexto frío de la galería de paredes blancas y frescas y esta ruidosa y agresivamente intrincada instalación planteaba en forma bastante exitosa una secuencia de pesadilla dentro de las sutilezas de la feria de arte.

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Brígida Baltar. Recolección de niebla, 2002. Fotografía. 100 X 150 cm (40 x 59 pulgadas). Galería Nara Roesler.

Otro Project Room fue la proyección de video de Brígida Baltar para Galería Nara Roesler. Contiguo al espacio brasileño, el video proyectado de Baltar presentaba a una mujer paseando tranquilamente a través de un pastizal brumoso y recolectando humedad en los frascos de vidrio fijados a su mochila forrada en plástico de burbujas. Otras piezas significativas del espacio de Roesler eran unas estridentes fotografías de participantes del carnaval, en las cuales el color había sido alterado mediante un proceso de impresión, que fueron presentadas en la última Bienal de Cuba. 

Eduardo López, el eterno preferido de Alexterri, galería de San Sebastián, España, participó con sus garabatos de pintura en tonos grises en paneles múltiples que describían de manera lamentable referencias a tiras cómicas. Populares también para la galería San Sebastián, de España, fueron las combinaciones de Carmen Calvo de objetos encontrados pegados a las superficies de fotografías con apariencia de antiguas. La obra se veía aún más nostálgica de lo que se vio en el pabellón español de la Bienal de Venecia de 1997.

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Carla Arocha. Sorprendido, 2003. Plexiglás con espejo y gouache sobre pared. Detalle de la instalación. Monique Meloche Gallery.

Otra agrupación de superficie y objetos era evidente en la obra de Darío Escobar en Jacob Karpio Gallery. Escobar sinergiza políticamente patrones decorativos, motivos litúrgicos o camuflaje militar sobre objetos cotidianos. Lo más memorable fueron sus doradas máquinas para ejercicios. Este espacio de San José, Costa Rica, en sus 22 años de historia, ha convertido en parte de la misión de la galería “romper las barreras entre los centros hegemónicos” exhibiendo y confrontando el arte contemporáneo sin designaciones geográficas.

Se podría encontrar una similitud entre estos ideales y el nuevo fenómeno de Chicago, The Stray Show. Concebido por los organizadores de Art Chicago, The Stray Show fue diseñada como una convención local para galerías, al estilo de una feria, desplegada entre los muchos barrios de Chicago, pero durante sus dos y medio años de historia ha madurado rápidamente para convertirse en la respuesta de Art Chicago a Liste, de Art Basel. En su tercera presentación y primera exposición simultánea con Art Chicago en el Embarcadero Naval, el espacio sin ánimo de lucro M&M Projects de San Juan, Puerto Rico, se convirtió en el primer exponente latinoamericano. Allí se presentó una pancarta de Chemi Rosado Seijo que documentaba la pintura del artista de un pueblo de montaña en diferentes tonos de verde. Aunque el predominio de las casi 50 galerías jóvenes de Stray, organizadas en una enorme bodega, todavía proviene de Chicago, un expositor local, Seven Three Split, presentó en su animado espacio obras del puertorriqueño Pedro Vélez.

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Thomas Hirschhorn. Collar CNN, 2003. Collar grande de cadena dorada con monograma WD. Cartulina, envoltura, plástico, laminilla de oro, papel, cinta. Edición de 50. 1,5 x 80 x 9,9 cm (3/8 x 31 ½ x 3 7/8 pulgadas). Rhona Hoffman Gallery.

Retornando a Art Chicago, los artistas españoles también tuvieron una sólida presentación entre los espacios de la sección de Invitados internacionales, llena de nuevas galerías de todas partes del mundo. Las piezas en espejo de Carla Arocha, que combinan un modernismo impetuoso con un trasfondo oculto políticamente inquieto, tuvieron gran demanda en la Galería Monique Meloche. Allí mismo estaban las vibrantes pinturas gráficas de Laura Mosquera, que representan aperturas de galerías en las cuales las figuras están cínicamente despersonalizadas detrás de adornos de diseños geométricos que flotan libremente, telas recubiertas de estampados y nebulosas caras desenfocadas. Julia Friedman estuvo este año en la feria con un híbrido modelo arquitectónico/escultórico de un espacio de Sergio Vega, mitad cocodrilo mitad chalet. Por el mismo pasillo pero al lado opuesto, Body Builder Sportsman destacó la obra de Diana Guerrero Macía: collages en tela de familiares artículos pop, y una curiosamente agradable banca circular hecha de módulos de colores cifrados. Lizabeth Oliveria, de San Francisco, tenía una bella serie de pequeñas pinturas de Clare Rojas, graduada del School of The Art Institute, que se está haciendo famosa en California.

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Sergio Vega. El loro de Rubens después de Tiziano, 2000. Impresión cromogénea. 40,6 x 152,4 cm (16 x 60 pulgadas). Julia Friedman Gallery.

La nueva galería de Los Ángeles, Cherry de los Reyes, presentó delicadas pinturas bordadas de Ruby Osorio, quien también hacía parte de los Invitados internacionales. Las pequeñas niñas que habitan el mundo de fantasía de Osorio parecen dulces, pero sus acciones pronostican naturalezas más sombrías. Peres Projects, también de Los Ángeles, estaba muy psicodélica: un actualizado Meter Max mezclado con una cultura skateboarder muy urbana. Lo más atractivo en este estilo era una composición de vivos colores, de alguien que aparentemente se llama Assume vivid astro focus (Eli Sudbrack), que viene en un CD-ROM con un certificado de autenticidad. El comprador (US$2000, edición 3) puede luego imprimir la obra en cualquier tamaño y medio, a la manera de Sol Lewitt, amigable con el usuario. La Galería La Casona, de La Habana, Cuba, también hizo parte de los invitados. Vendió varias copias de los enigmáticos, por no decir particularmente eróticos, primeros planos fotográficos en blanco y negro de la entrepierna del artista René Peña en ropa interior.

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Yoshihiro Suda. Flor de magnolia, 2000. Madera pintada. 78,7 x 22,8 x 20,3 cm (31 x 9 x 8 pulgadas). D´Amelio Terras.

La argentina Liliana Porter fue la consentida de la feria en general con un impresionante despliegue en varios stands: Galería Espacio Mínimo, Art Core, Casas Riegner  y el Tamarind Institute. En su obra fotográfica, las grandes colecciones de juguetes de Porter se arrogan voz y voto gracias a la iluminación directa y a los fondos monocromáticos. El uso intensificado de artefactos culturales tuvo presencia en el espacio de Chicago, Rhona Hoffman Gallery. Allí, el artista suizo Thomas Hirschhorn fabricó una gigantesca cadena de oro acompañada de un pendiente con el logo de “CNN” elaborado con materiales burdos como la cartulina y delgadas hojas metálicas. Con esta obra, Hirshhorn cuestiona la dócil transferencia entre la comercialización, la cultura de los jóvenes y la construcción de la identidad. Siebren Versteeg aborda una investigación similar con un video mudo en el que los reporteros de noticias televisadas discuten su vida íntima a través de subtítulos diseñados para sordos. Este truco tecnológico se logra enlazando los subtítulos a información real sacada de blogs personales (diarios insertos en la web y otros fragmentos escritos y digitales). 

Otra participación notable dentro del contexto de la feria fue Wendy Cooper Gallery, de Madison, Wisconsin. Siendo esta su primera vez en la feria, la galería cobró interés entre los compradores con obras frescas de carácter figurativo realizadas por artistas jóvenes como Scott Roberts, Chris Johanson y Nancy Mladenoff. La galería Donald Young de Chicago presentó elegantes obras en vidrio de Josiah McElheny. El espacio D’Amelio Terras de Chelsea, llevó obras de Yoshihiro Suda, quien inauguró su primera exposición de museo en los Estados Unidos este verano, en el Art Institute, con diminutas marañas trompe l’oeil que surgían de lugares inesperados. Muchos dealers expresaron que haber visitado la feria de arte de Chicago había sido productivo y además un buen logro, sin embargo las quejas usuales también estuvieron presentes.

Incluso si se dice que la histórica feria de arte de Chicago está menguando, nuevos enfoques en lo ya probado, así como locos escenarios completamente nuevos, están en combustión para crear nuevas formas de vida allí.

KATHRYN HIXSON Y JEFF M. WARD 

Hixson es crítica de arte, fue editora de New Art Examiner, y se desempeña como profesora adjunta en The School of the Art Institute of Chicago, así como en la University of Chicago. Jeff M. Ward, escritor y miembro del colectivo curatorial The Pond, vive en Chicago, Illinois, EEUU.

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