El punto es el resultado del primer choque de la herramienta con el plano material, con el plano de base. El papel, la madera, la tela, el estuco, el metal, etc., pueden constituir ese plano básico material. La herramienta puede ser el lápiz, el buril, el pincel, la pluma, la aguja, etc. Mediante este primer choque el plano es fecundado...” Así describe Kandinsky el inicio de la creación plástica, minuciosamente analizado en su clásico escrito Punto y línea sobre el plano (Edt. Nueva Visión, Buenos Aires, 1969, p.31). A partir de este primer choque se suceden uno a uno los elementos mismos de la composición: línea, forma, volumen, figura, fondo, plano, y sus sucesivas yuxtaposiciones, estructuraciones, perspectivas, tramas, veladuras y transparencias, culminando todo en la composición final que brota de la imaginación del artista. No en vano Kandinsky señalaba que el punto es como la “unión entre silencio y habla”, definiendo así la frágil frontera que existe entre la creación y la nada, queriendo mostrar la corta distancia que va de lo invisible a lo visible, de lo inmaterial a lo material, de lo eidético a la forma.

Con la muestra PUNTO ALÍ DADES, Alí González nos remite a ese primer encuentro, a ese primer choque, a esa primera mancha —génesis de la creación— que nos revela las posibilidades que ofrece esa imagen primigenia. González reduce al mínimo la selección de los materiales, al igual que los elementos compositivos: color, línea, forma. Con la utilización del cartón piedra, liso o perforado, y la combinación de algunos materiales logra multiplicar los efectos visuales. El perforado simétrico del cartón se confunde ahora con los puntos añadidos por el artista. A estas aglomeraciones, que tienden a hundirse en el plano, González superpone alambres retorcidos, telas metálicas y enrejados de hierro, cuya disposición les confiere cualidades que se acercan al dibujo, a la pintura o al relieve. Nuestra visión es cautivada por este enjambre de formas e intenta, inútilmente, dilucidar entre el fragmento material, la silueta pintada o la sombra proyectada. Sobre un blanco prístino el artista juega con el orden y el caos, con lo regular y lo irregular, diseñando un nuevo cosmos que parece dilatarse o contraerse. La muestra, dividida en cuatro series: Territorio de trampas, Cabezas tejidas, El agua y Nebulosas, en cierta forma alude a este orden de ideas. En la serie Territorio de trampas, 2002, la distribución de los puntos activa la superficie del plano y construye un panorama de constelaciones pictóricas que dinamizan todo el formato. Las formas concéntricas atrapan nuestra atención por la incorporación de materiales que acentúan los choques visuales y acrecientan la ambigüedad entre figura-fondo y entre plano y relieve. En este mismo discurso la serie El agua y la Serie Nebulosas mantienen esas búsquedas en las que lo geométrico y lo orgánico, lo liso y lo texturado, lo plano y perforado, lo blanco y lo negro, se combinan en un elocuente contrapunteo donde el encuentro de estos opuestos propicia un diálogo de profundas resonancias visuales. En la serie Cabezas tejidas, 2002, sin embargo, el artista intenta, a pesar de la abstracción de los elementos, un acercamiento a la figura humana. Las tonalidades entre las manchas blancas y negras crean volúmenes que esbozan los rasgos esenciales del retrato. Anónimos e indefinidos, estos rostros expresan un nuevo modo de sentir y pensar la existencia humana.
Con esta reciente propuesta González reafirma su convicción en la tradición de la plástica, pues retoma el formato, cuadrado o rectangular, incorporando elementos de uso cotidiano, pero otorgándoles un valor plástico. Con ello construye un mundo visual lleno de matices reales y virtuales. La representación adquiere así un doble sentido tanto por su forma como por su contenido, y al mismo tiempo explora la relación entre lo bidimensional y lo tridimensional. El desplazamiento del espectador se hace entonces inminente pues, paulatinamente, percibe distintas visiones a medida que se acerca o se aleja de la obra. Artista autodidacta que se confiesa investigador del arte, González ha tocado el problema fundamental del espacio en la historia del arte. Puntos, líneas y entramados hacen elocuente el formato delimitado por él. Así como para la física “el espacio no es nada sin cosas que lo ocupen”, para la plástica el espacio es activado a partir de la propuesta que logra el artista en la técnica, formato o disciplina que él disponga, bien sea en instalaciones, grabados, esculturas, happenings o body art. La obra de este creador ya venía apuntando hacia esa dirección, claramente señalada en la muestra Usted, el espacio, 2001, cuyas reflexiones se orientaron a explorar el espacio en su dimensión onírica, material, política y de representación. Faltaba entonces indagar en torno a la plenitud del espacio plástico como creación pura, libre de connotaciones y referencias; por ello González nos recuerda, desde una perspectiva actual, que al colocar un punto sobre el plano volvemos a crear —y recrear— el espacio.
GLADYS YUNES
