Exposición Individualsept 2003 - nov 2003· Por Amalina Bomnin

Alain Pino

La Casona

A Alain Pino le seducen los mecanismos de simulación de la vida contemporánea. Y ha escogido la fotografía (aunque es graduado de la especialidad de pintura en el Instituto Superior de Arte) como medio expresivo para comentar acerca de ciertos fenómenos y situaciones que tienen como denominador común la ambigüedad. Se centra, básicamente, en el modo en que los medios de comunicación y las entidades vinculadas con la producción de bienes de consumo manejan subrepticiamente a las personas. Motivado desde los años 90 por el poder de la manipulación en la vida diaria, aplicó dicho concepto en una propuesta artística que “jugaba” con la fotografía cubana revolucionaria. Por aquellos años descubre la obra de Cindy Sherman, que abrió su óptica al enfrentar el acto creativo como un “teatro” de desdoblamientos, donde los personajes pierden unicidad por su carácter múltiple e inestable.

Exposición Individual: Alain Pino — imagen 1
Alain Pino. Acceso 1, 2002. Instalación, transparencias fotografías montadas en (plexiglass) presillas y tubos de aluminio. Dimensiones variables.

La androginia ha sido uno de los fenómenos que le han interesado a Pino, y explotándolo, ha conseguido sus obras más convincentes. En sus inicios este artista realizó en plastilina escenas de corte pornográfico, donde los personajes provenientes del mundo de los cómics, abordados andróginamente, devenían protagonistas. Algunos de la galería de dibujos animados de Disney, otros de su propia invención, todos compartían la lascivia y abyección que es posible transmitir a través de los medios de difusión masiva en forma subliminal. El quid de estas escenas picantes es que, al estar resueltas con un material maleable e inocuo, y ser encarnadas por “muñequitos”, como les llamamos en Cuba, no causan asombro. Después de crear estas historias las registraba en fotos cibachrome.

Una serie de personajes femeninos planteados sobre grandes formatos de tela mediante fotoemulsión, y sobre los cuales trabajó manufacturadamente con óleo para lograr seres andróginos, resultan una práctica desestabilizadora del criterio de obra seriada que por tradición acompaña a la fotografía. Insinuó bigote y patilla a los originales, les endureció el rostro, y eliminó su pelo largo, enfatizándoles cierto dramatismo. La “rareza”, sugiere el carácter indeterminado que puede asumir el sexo al ser sometido a criterios relacionados con la moda, el placer material, la publicidad, etc.

Su obra más reciente en La Casona ha dado un vuelco hacia un discurso impresionantemente frío, entre otras cosas, gracias a su cariz mínimal. Estas instalaciones y fotografías tituladas De lado a lado conectan con su obra anterior sobre todo en el afán de experimentar que siempre le ha caracterizado.

Por primera vez Pino ha incorporado sonido a su obra, esta vez para que escuchemos la transmisión ineficaz de una emisora radial cubana que se interrumpe a ratos y no se percibe con claridad su mensaje en medio de una marea alta. La pieza tiene la sobriedad de la “caja blanca” minimalista al resolverla con grandes planchas de acrílico ensambladas con tubos de aluminio, que remedan el movimiento de las olas en el mar. Junto al sonido de la radio se escucha un ruido inexacto que connota extrañamiento. Para los que se lanzan al mar para llegar a Miami esta situación resulta desfavorable. En este sentido la obra interactúa con la que tiene a su lado, Sólo se ve en sueños, donde el rostro que aparece da la impresión de estar sumergido, como ahogándose.

El tema de la emigración ha sido un comentario recurrente en su discurso, y ahora lo toca nuevamente en esta pieza. A través de cuatro estructuras de aluminio que sostienen mallas del mismo material empotradas a la pared, ha dibujado con esmalte derretido un rostro masculino que va difuminándose en la medida que avanza la secuencia, organizada en cuatro niveles, uno al lado del otro. En el último casi desaparece. La aventura de atravesar el Estrecho de la Florida para emigrar es un acontecimiento que posiblemente sólo lo logren los más fuertes de complexión y espíritu. Así mismo, la frustración siempre es algo latente, se alcance o no la meta. Algunos mueren en el intento, otros “mueren” de añoranza al desligarse de su identidad. Además, incluso, todo aquel que se propone viajar por vías legales a ese mismo destino u otro lugar, tiene que someterse a un “filtro” fiscal que muchas veces se convierte en la causa de angustias sin solución al no ser elegidos.

Vuelve a manipular el retrato, un género tradicional, ahora con personajes masculinos trabajados con emulsión líquida a la que ha superpuesto óleo para conferirles mayor expresividad. Las curvas de presión atmosférica, el posible movimiento del mar, aparecen dibujadas en este contexto, enmarcando a estos sujetos (no pensados como individualidades) en una atmósfera que presupone tensión. Son tres telas y en cada una ha “retratado” a un joven diferente que enseña su dentadura mostrándonos diferentes estados: tristeza, desesperación, desdén. Check up es el título de la misma y con ella Alain pretende hablarnos de las mediaciones (raciales, de género, de status social, etc) que influyen a la hora de seleccionar a los supuestos inmigrantes. En su discurso “los elegidos” pudieran ser los posibles sobrevivientes.

 En otra sala se encuentra la pieza más sugerente de la muestra El grito. Un tubo de aluminio que sirve de parlante atraviesa en serie las bocas de varios personajes que gritan desesperadamente. Éstos han sido impresos en una fotografía manipulada que el artista plasmó en planchas de acrílico y suspendió del techo de la galería. La catarsis de un grupo que puede significar la de toda una generación o generaciones, la de un pueblo entero, constituye una posible lectura. La pieza supone la interacción con el público, pues está diseñada para que uno también pueda desahogarse gritando, si así lo desea. Aunque en ningún momento su obra se desborda en emociones, todo transcurre en un ambiente neutral… refiere a cuestiones vitales sin melodrama.

Esta muestra de Alain, a pesar de sorprendernos por el distanciamiento cerebral, no deja de ponernos a pensar. En su atmósfera displicente subyace una carga psicológica muy fuerte. Su saga minimal y sus rudimentos formales, deudores de lo industrial, la convierten en una propuesta que no por contenida, deja de impresionar.

AMALINA BOMIN

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