Waltercio Caldas es un artista brasileño que utiliza el espacio y materiales simples para articular formas. Sus pinturas tridimensionales se desprenden de las paredes para entrar en el espacio de la galería. Empleando ya sea pintura o vinilo, Caldas pega rectángulos de color en el muro y luego extiende su forma usando hilo de colores que cuelga del techo. Las formas abstractas cobran vida en un espacio tridimensional. El lugar hacia donde uno se mueva con relación a la obra determina la forma como se completan las obras visualmente. Desde una posición estratégica, los bordes se alinean, desde las otras, no. Las obras juegan con la perspectiva y la ilusión y, a pesar de estar hechas de los materiales más simples, son, en realidad, complejas e innovadoras.
Mucho se ha comentado sobre la relación de Caldas con el minimalismo, el constructivismo y el modernismo y su surgimiento después del movimiento neoconcreto en Brasil en la década de 1960. Sus obras actuales se conservan dentro de las tradiciones que acabamos de mencionar pero, en lugar de concentrarnos en los precedentes históricos para las investigaciones de Caldas, parece más apropiado hablar de las cualidades poéticas de la obra: su belleza, gracia y sencillez.

Las obras danzan. Enmarcados entre las paredes de la galería Christopher Grimes en donde Caldas presentó su tercera exposición individual, estaban los graciosos arcos hechos de cuerda suspendida, flotando por la fuerza de la gravedad. Dos obras incorporaban estas piezas de hilo de colores que colgaba del techo. En Nearest Air Series #3, de 1991, arcos y líneas de hilo rojo y azul se cruzaban para crear formas justo encima del piso de la galería. En esta obra, las dos líneas rectas se fusionaban con los dos arcos, creando un dibujo tridimensional que cambiaba de forma cuando se le miraba desde diferentes puntos de la galería. De manera similar, en Nearest Air Series # 9, 1991, trozos de hilo morado y verde caían en cascada desde el techo entrecruzándose en el espacio en todas direcciones para crear formas abstractas contra la pared de la galería. Estas efímeras obras casi desaparecían en el espacio cavernoso; sin embargo, una vez que se reconocía su presencia, activaban el área que las rodeaba.
En Yellow Room, 2000, Caldas empleó la pared para fijar con exactitud la mirada de los espectadores con relación al hilo colgante. En esta pieza, un gran rectángulo amarillo estaba pintado directamente sobre la pared de la galería, y diferentes tonalidades de hilo amarillo pendían del techo para hacerle eco a la forma definida por el rectángulo; dependiendo de dónde se colocara el espectador, el hilo podía alinearse perfectamente enmarcando el rectángulo amarillo, o podía intersectarlo, creando la ilusión de espacio negativo. Caldas hizo algo similar con ilusiones preceptuales en AP, 1999, pieza en la que rectángulos de vinilo azul y negro estaban adheridos a la pared frente a la cual colgaban trozos de cuerda azules y negros. Al igual que en Yellow Room, la relación entre la pared y el espacio, el primer plano y el fondo, y entre presencia y ausencia se convertía en el tema integral de la obra.
Las obras de Caldas hacen sofisticados juegos perceptuales con las expectativas del espectador. Lo que parece ser tan simple —el uso de hilo y formas rectilíneas sólidas— es en realidad un bien pensado estudio del lenguaje de la abstracción y un desafío a la manera como se perciben las formas en el espacio bidimensional y tridimensional. En nuevas obras, como Yellow ( ), 2002, o Jazz Mirror, 2003, combina figuras geométricas planas con tubos de acero inoxidable que salen de la pared y se proyectan hacia el espacio de la galería. Jazz Mirror se componía de un rectángulo de vinilo negro, dos hebras de hilo blanco y un marco de acero que los repetía. A medida que el espectador se movía, el hilo danzaba entre el acero y el vinilo, y se creaba un ritmo de jazz a medida que los elementos se movían de un lado a otro. En estas obras, Caldas explora el lugar entre presencia y ausencia. El ojo de la mente puede completar una forma, y Caldas deja que la imaginación del espectador llene los vacíos.
En obras como Spot, 2002, construyó un objeto en acero, aunque dejó que el fondo fuera ambiguo. En ella, un dibujo tridimensional de una botella, hecho en líneas, colgaba del muro y se sostenía en su lugar mediante un marco rectangular que era a la vez su armazón y un elemento de la obra. Un hilo rojo guiaba el ojo del espectador de un punto a otro dentro de la escultura; sin embargo, la línea dibujada por el hilo no brindaba más información, simplemente, describía una ruta que el ojo podía seguir para ver la obra.
Las obras de Caldas desafían las expectativas. En sus piezas escultóricas investiga la diferencia entre lo que uno ve y lo que cree que ve. Empleando materiales simples, reduce las formas a sus elementos esenciales y activa el espacio de la galería mediante la yuxtaposición de estos elementos simples de manera sorprendente y, a veces, inesperada.
JODY ZELLEN
