Un estado de la mente México Attacks

Teresa Margolles. El agua en la ciudad, 2001. Foto Fija de vídeo.

Colectivajun 2003 - ago 2003· Por Alessandro Romanini

Un estado de la mente México Attacks

Associazione Prometeo per l’ Arte Contemporanea

México no existe. Ésa es la impresión que se obtiene después de haber visitado la exposición organizada por la Asociación Cultural Prometeo en la espléndida iglesia de San Mateo, ubicada en el corazón de la ciudad antigua de Luca en Italia.

Por lo menos no existe según los parámetros iconográficos y culturales con los cuales estamos acostumbrados a clasificar sensorialmente cualquier instancia proveniente de aquella latitud. México, artística y culturalmente hablando, es en la actualidad un estado de la mente, que pertenece más a la antropología evolutiva que a la geografía.

De la antropología y de los varios procesos evolutivos posee las principales características, presupuestos y consecuencias. El ámbito del cual provienen, y en el cual se mueven los artistas, está lleno de contradicciones, recorridos tensos y carentes de mapas de navegación definidos.

En pocas palabras, es óptimo para la elaboración de modelos lingüísticos nuevos y antropológicos. Es un espacio en el cual conviven la máxima expresión del conservatismo político y cultural, y los extremos de la experimentación estética. 

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Yoshua Okón. Mussolini dijo: «El italiano es la lengua de Dios», 2003. Videoinstalación en la iglesia de San Mateo con escultura de mármol en cuyo interior se ha colocado un proyector de diapositivas que se muestran en secuencia sobre la luneta del ábside.

El sitio web del subcomandante Marcos, dirigido por un liberal canadiense, es uno de los ejemplos más contundentes de la política interactiva y de la estrategia global en donde se actúa localmente para hacerse conocer de manera global. Es el atraso tecnológico y científico junto a las estrategias más avanzadas de la comunicación.

Al crearse esta mezcla explosiva, van surgiendo otros componentes más generales, como la caída de las ideologías históricas o la de los antiguos bloques políticos y culturales que las sostenían. Como lo subraya el trabajo de muchos artistas presentes en la exposición, este continuo derrumbe ha traído consigo un modelo humano y cultural fundado en la lógica, en la fragmentación de los sentidos, en el control y la estabilidad, en la especialización y en el dominio de la necesidad. Implica una serialización de la experiencia y sobre todo, obliga a pertenecer a una identidad parcializada y con límites.

Para constatar esto, Gustavo Artigas, con su video Dúplex, muestra que los nuevos modelos humanos no se generan por mutación ni por alteración, sino por expansión. Entre una serie de personajes —todos hipotéticos—, surge una serie de disquisición en torno a la concesión científica sobre los orígenes de la personalidad múltiple como patología psiquiátrica, concluyendo que no existen soluciones terapéuticas y que además no las desean.

Las obras de Yoshua Okón y de Artemio también aluden a una expansión de la identidad como preámbulo de un proyecto más amplio basado en la codificación de nuevos modelos de comportamiento a partir de los estereotipos de la mexicanidad de la cual se nutre la industria cultural occidental.

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José Dávila. Ningún lugar es lejano, 2003. Construcción de estructura de palco con escalera interna para llegar a la ventana de la iglesia. Altura: 7.5 m. (24 pies).

Mex Attack, la serie de fotografías realizada por Artemio en siete ciudades europeas, ejemplifica perfectamente el desplazamiento iconográfico; el atuendo conformado por el tradicional sombrero, el poncho y la alforja de cuero queda inmortalizado en locaciones típicas de la Europa antigua.

La producción de Yoshua Okón, se impone por la armonía que logra entre la idealización conceptual y la realización formal. Un cono de mármol de Carrara —de clara simbología fálica, proveniente del “paraíso del escultor”— trabajado y terminado según la tradición artesanal, alberga en su interior un proyector de video que ilumina el ábside de una iglesia, proyectando rítmicamente una frase que invita al espectador a sostener un diálogo con su órgano sexual. El juego del desplazamiento de los estereotipos culturales y lingüísticos es aún más sutil y penetrante que en su trabajo anterior (Chocorrol) y se adentra en el territorio espinoso del colonialismo cultural.

La frontera como concepto y como presencia inmanente e invasora en el trabajo de varios artistas, se convierte en un elemento por medio del cual se definen y se reflejan nuevos códigos y modelos a nivel de lenguaje y comportamiento. Éstos traen consigo una reflexión alrededor de la búsqueda de identidad. No es sólo la barrera entre Tijuana y San Diego la que crea un muro que impide que haya una dinámica cultural y social, sino que es la frontera misma la que indica los límites en los mapas convencionales. Pero es en este lugar en donde surgen y avanzan las nuevas soluciones vitales. Por esto, se hace necesario —como señala este grupo de artistas— dar una mirada a todo aquello que está tomando forma en las zonas fronterizas, en donde no hay reglas definidas.

La frontera es un lugar de migración física y mental constante. En esa interacción se deconstruyen las identidades para luego ser reestructuradas (ver video de Gustavo Artigas Las reglas del juego). La obra de Melanie Smith, Six steps forward, gira alrededor de este concepto al igual que Spiral City, en la que la megalópolis azteca —filmada en movimiento desde un avión—, se convierte en una serie de diagramas a lo Mondrian, anulando las definiciones urbanísticas y arquitectónicas con sus implicaciones sociales y políticas.

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Santiago Sierra. Obstrucción de la vía con diferentes objetos, 2000. Calle Glentwoth. Limerick, Irlanda.

El mismo José Dávila elabora estímulos conectados al concepto fronterizo, como los del nomadismo (físico y perceptivo) y la transitoriedad, colocando al individuo y a sus parámetros perceptivos en una nueva posición en el contexto de lo real, obligándolo a poner en práctica nuevos principios y códigos.

Ningún lugar es lejano es el título de la obra de Dávila constituida por una estructura que se puede recorrer para alcanzar una de las ventanas de la iglesia situada a 7,5 metros del piso y a 2 metros del techo, ofreciendo al espectador un doble punto de vista: hacia el interior de la iglesia y hacia el exterior, para encontrarse con la ciudad. Se trata de un símbolo del diafragma que hasta ahora ha representado la dimensión social, como retén de control y como aduana entre lo individual y lo universal.

Santiago Sierra nos ofrece otra parte de su investigación en aquel magma mefítico en el cual se funden tanto la política y la explotación del trabajo, como el neocolonialismo cultural y económico. Su trabajo se deja leer cada vez más como obra y no como una tesis que rehúye la filosofía en beneficio del arte, simplemente por ser más militante e incisiva. De la exposición podemos destacar la serie de fotografías 11 personas remuneradas para aprender una frase , y el video Espreado de poliuretano sobre 18 personas.

Teresa Margolles, César Martínez y Carlos Amorales, redefinen el concepto de cuerpo como lugar y agente de choques culturales e históricos. Un cuerpo biónico como el del imaginario cyberpunk, o un cuerpo que es objeto para operaciones quirúrgicas o un elemento para hacer del sufrimiento y de la exhibición un espectáculo de la crueldad.

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Artemio. Mex Attacks!, 2000. Detalle de serie de fotografías a todo color.

Margolles, con su operación Vaporización, culmina un recorrido de años de investigación sobre los procesos de condicionamiento del cadáver en el pasaje entre la vida y la muerte. Desarrolló un trabajo minucioso en el que sublima la insalubridad relacionada con la utilización del agua para bañar los cadáveres y con una “sacralización” del lugar que acoge la exposición, por medio de una “aspersión” de los vapores.

Martínez, con sus cuerpos inflables de látex, resalta al mismo tiempo lo efímero de la condición humana, de la identidad y de las barreras culturales y políticas.

Amorales con su obra, ya sea de instalación o video (Coreography o Teresita cleaning bad vibes), evidencia el debate de lo ideológico frente a lo biológico, haciendo una conexión entre la memoria biológica y la ancestral para digerir las montañas de pesada materia que representan la memoria histórica. El artista delinea una estrategia del éxtasis recuperando rituales y energías dionisíacas que ya no estarían basadas en las leyes parciales de lo social, de la historia o de la economía, sino en el principio inspirador de lo expansivo que ya no está subyugado por un juicio metafísico o social. Se trata de un conocimiento que nace de la globalidad del organismo y no de la parcialidad de la mente. Despierta así los centros vitales y los sentidos; erotiza y multiplica las energías, los lenguajes, los contactos y la conciencia.

La exposición México Attacks muestra la permeabilidad de la cultura mexicana, constituida por una sabia mezcla de energía “orgánica” epidémica (la misma difundida en la película Amores perros) de imágenes y sombras alusivas a las pulsiones básicas (como en la película Cronos de Guillermo del Toro, menos conocido pero igualmente incisivo) con capacidad organizativa y dominio técnico-comunicativo (manteniendo la metáfora cinematográfica, aludo al trabajo de Roberto Rodríguez, quien a partir de El mariachi, y pasando por los recientes The Faculty y Spy Kids, ha sabido no sólo cambiar los géneros de Hollywood, sino su mismo sistema de rígida jerarquía del trabajo, apropiándose de los roles de escenógrafo, director, fotógrafo y operador).

ALESSANDRO ROMANINI

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