Particularmente interesante es la exposición en la Galería Ruth Benzacar del proyecto del mural que hizo Rogelio Polesello para emplazar en el aeropuerto internacional de la ciudad de Buenos Aires.
Dentro de la terminal A, cuyo autor es el arquitecto Justo Solsona, se ubica este mural de 30 metros de largo por 2 de ancho.
La realización tuvo que superar obstáculos materiales como la ubicación de los aparatos de aire acondicionado, la colocación en un lugar muy alto en uno de los extremos de la zona de partida, el formato muy largo y estrecho, y el hecho que los espectadores van a registrar su mirada desde distancias y ángulos muy diferentes.
Esa problemática determinó las sucesivas elecciones que fueron dando forma a la obra definitiva. La exigencia de impacto visual le hizo tomar como punto de inicio obras suyas del año 1959 que tenían un marcado precedente en el arte óptico. Por otra parte, le impuso la necesidad de utilizar el color.

Más allá de los elementos de construcción formal, Polesello veía el lugar como zona de despedida, ya que el mural sólo se ve al salir y embarcar. Planteó entonces un arco que abarca toda la extensión horizontal, curva originada por el choque de los ritmos verticales, ligeramente oblicuos, con opuesta inclinación en la zona superior e inferior de esa curva monumental.
Como en toda su obra, el color tiene que ver con la descomposición de la luz, con el espectro. La escala de 16 colores juega por oposición con el blanco y el negro suscitando intercalaciones siempre distintas. La máxima luminosidad proviene del blanco neto compensado por el negro que no sólo dibuja la superficie sino que también articula la claridad separando como cuñas el color del blanco.
En el medio de esos ritmos, que de alguna manera reconocen como eje esa extendida curva que preanuncia el vuelo, aparece un elemento igual más pequeño e invertido que sugiere una posibilidad de retorno. Este recurso de la ventana inscripta a contracanto lo había manejado el artista desde fines de la década de 1980 y durante toda la década de 1990 en inclusiones ancladas, duales, en visión macro o microscópica.
En este caso, esa interacción central, jugando a la inversa, multiplica poderosamente el juego de oposiciones, intervalos, frecuencias, reiteraciones, y parece retrotraer las fuerzas expansivas en introvertido diálogo.
En la exposición en Galería Ruth Benzacar se exhibe el fragmento central del proyecto, de 5 metros, hecho sobre papel, que había sido realizado para probar la escala en el aeropuerto de Ezeiza. Completan la muestra los bocetos en blanco y negro y dos telas contemporáneas a la realización del mural. Polesello reconoce que de los murales que ha hecho, y son muchos, éste es uno de los más completos.
Simultáneamente con esta muestra, está realizando una gran retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá. Se trata de una itinerante que comenzó en el año 2000 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y luego pasó al Museo José Luis Cuevas de México y después al Museo de Arte Moderno de Santo Domingo.
Esa exposición viajera registra la extraordinaria variedad de recursos que utilizó Polesello renovando y actualizando su recorrido por la abstracción.
La que hemos visto ahora en Buenos Aires es una muestra acotada, referida a una de las últimas empresas de su labor.
Para los que la hemos seguido desde hace años resulta interesante comprobar cómo el artista avanza describiendo muy complicados círculos en los cuales la novedad dialoga con ciertas constantes, y que hay modos operativos que desaparecen para reaparecer inesperadamente en construcciones de inagotable destreza y virtuosismo que nos hablan siempre de ese mundo autónomo y personal que Polesello ha estructurado a través de más de 40 años de praxis artística.
NELLY PERAZZO
