Esta retrospectiva caracteriza muy bien al artista neoyorquino-portorriqueño nacido en Brooklyn el 30 de octubre de 1922. Se incluyen dibujos, estampas, pinturas, objetos, libretas de bocetos, cartas, carteles, trabajos preparatorios, fotografías, publicaciones, así como una cronología contígua a la reconstrucción del estudio del artista y a la proyección de video.
Quienes conocen la obra y vida de Rafael Tufiño saben de la variedad de enfoques y actividades que el artista ha desarrollado. Para aquellos que accedieron a Tufiño a través de la exposición, se observan seis décadas de intensa actividad del artista; a la par que un panorama de situaciones que refieren elementos propios de la América Latina de esa época. La exposición —que celebra los 80 años de Tufiño—, se inició en el 2001 en el Museo de Arte de Puerto Rico, y en el 2003 se presenta en el Museo del Barrio, en Nueva York. Con motivo de la exposición se editó un completo catálogo bilingüe con textos de Teresa Tió, Mercedes Trelles Hernández y Antonio Martorell.

Al inicio de la exposición de casi 400 piezas, que no se torna pesada de recorrer, hay sendas vitrinas de libretas de dibujos, bocetos, tarjetas para días festivos, técnicas mixtas, cartas y diversos elementos de la amplia producción gráfica de Tufiño, con lo que se establece una presentación íntima a la par que orientadora. Se destacan las cartas a sus dos primeros hijos, Nitza, también artista, y Pablo. En dichas cartas se observan los más diversos dibujos figurativos, estilizados o abstractos, con temas como imágenes de la virgen, autorretratos del artista y escenas de interiores acompañando el decir del padre en tipografía imprenta legible, en lápices de colores intercalados, lo que demuestra la natural inclinación gráfica del autor, por cierto, también característica de las artes boricuas en el siglo XX.
Pintor del pueblo es el subtítulo a la exposición de un artista nacido en Nueva York? Sí, se refiere a la identificación de Rafael con la tierra donde nació su madre y dónde él se crió y vivió en períodos alternos de su vida. El artista abraza la temática del pueblo en cuanto a los trabajos de la tierra —sin exaltar demasiado el sacrificio—, a las canciones, las fiestas populares, las artesanías y los mitos, y ahí la relación con la temática vigente en México y en el resto de latinoamérica. La otra faceta está nutrida por lo autobiográfico, Múltiples retratos de Goyita, Gregoria Figueroa, su madre, de sus hijos, la mujer embarazada, autorretratos, las modelos, lugares donde escuchaba jazz, iglesias y paisajes de su historia personal; así como la imagen de la noche, que enfoca siempre a través de un azul luminoso, caracterizando el cielo abierto y límpido sobre la isla.
En la faz técnica conviene observar su interés en el uso de la témpera, que requiere menos agua que la acuarela o la tinta. Al usar el papel como soporte en un lugar tan húmedo como la isla, y también Nueva York, se moja menos y, por ende, se previene parte del aglobado y arrugado. Óleo, lápiz, témpera, caseína, pluma de felpa, imitación de fresco, litografía, xilografía, serigrafía, litografía, sobre papel, cartón, tela y tabla de madera, son algunas de las técnicas, materiales y soportes utilizados por Tufiño, a los que se les agregan el yeso, la piedra de mar, la coquille y el vidrio, elementos sobre los que ha dibujado y pintado miniaturas muy logradas —casi todas figurativas—, en donde desarrolla la ley de adaptación al formato del soporte.
Los viajes lo conectaron, entre otras muchas opciones, con la selva y la vida militar durante la guerra, cuando fue destinado a Panamá (1943-1945). Con México de una vez y para siempre, durante sus años de estadía, en su ingreso a la Academia de San Carlos (1947-1949); con el TGP, Taller de la Gráfica Popular; con la Bienal Internacional de Pintura y Grabado de 1958, entre otras situaciones. Entre los maestros con quienes estudió en México, se menciona al recientemente fallecido Alfredo Zalce y a José Chávez Morado, ambos artistas de notable raigambre social, el primero sobre todo en la estampa y el TGP, el segundo en lo mural y las figuras aldeanas. La estampa en sus múltiples expresiones interesó siempre a Tufo, como también se lo identifica. Pero no es sino hasta después que se dispone a superar la timidez y las complicaciones para empezar a dedicarse a este amplio conjunto de técnicas para producir originales numerados. Esto será en Puerto Rico, cuando creara el CAP, Centro de Arte Puertorriqueño, con Homar, Félix Rodríguez y José Antonio Torres Martinó. El CAP (1950-1952) tuvo una fundamental aunque breve existencia de sólo dos años.
En 1952-1954, su estancia en Loíza Aldea, donde desarrolló un portafolio de seis serigrafías por encargo Narciso Rabell, director del Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico, compaginará las tradiciones de un área propia de la población negra de la isla. Con sólo este conjunto de obra y sus estudios uno puede extenderse en un ensayo de la riqueza popular que atesora el artista. Situaciones semejantes se dan a cada paso en la exposición, como con el portafolios Plenas, en colaboración con otro de los puntales de la plástica puertorriqueña, Lorenzo Homar, con diseño de Irene Delano; con el mural La Plena (4.5 m x 9 m) relacionado con la película de Amílcar Tirado; cuando uno se enfrenta a piezas como Homenaje a don Zoilo Cajigas y Sotomayor, una serigrafía de 1962 en la que se percibe el toque y tratamiento propios de la pintura puertorriqueña que internacionalizó Julio Rosado del Valle.
En el tema de los carteles, Tufiño es una figura clave tanto en América Latina como en Puerto Rico donde incentivó la formación de la escuela cartelista. El artista se autodefinió como “hombre de letras” en su dedicación al cartelismo, a la tipografía, a lo educativo y al cine, al teatro y a los encuentros de ajedrez, de artesanías y artes populares. En los carteles, Tufo alcanza también una amplia gama expresiva como en sus pinturas y estampas. Alerta el espíritu de cada cartel con mayor o menor figuración, según la situación a la que se refiere. Entre los que más se destacan por su originalidad están el del Museo de la Familia Portorriqueña, 1964, y el del 49 Congreso Mundial de Ajedrez, 1977. En un balance temático de la exposición, sólo aparecen algunos dibujos en referencia a Estados Unidos, en especial, al Brooklyn Bridge, zona en la que nació el artista. Rafael Tufiño es una figura clave de la historia de la plástica moderna puertorriqueña.
GRACIELA KARTOFEL
