Exposición Individualjun 2003 - ago 2003· Por Israel Castellanos

Marta María Pérez Bravo

La Casona

Relata Homero en La odisea que Penélope tejía en la jornada diurna la misma pieza que destejía durante la noche, en una suerte de ritual que la mantenía temporalmente a resguardo de los hombres que la asediaban. Era como un rito de fidelidad por el esposo ausente, pero devenía otro hacia la creación propia, que (re)hacía una y otra vez. Time after time hilaba e hilvanaba una madeja desde y sobre la mujer, en una intimidad vuelta pública. Otras dimensiones del mito y del rito —no sólo geográficas o temporales— son las que conciernen a Marta María Pérez Bravo. Desde hace varios años, ella viene abordando en su obra fotográfica ciertas creencias derivadas de la religión cubana de componentes africanos, que asocia a sí misma desde varios puntos de vista, interrelacionados. Uno es el referido a su propia biografía, como cuando, a raíz de su embarazo, explotó el mito de los ibbeyis, deidades que simbolizan a los jimaguas y son de cierto modo un paralelo de los diosecillos griegos Cástor y Pólux.

Ligado a la maternidad está el discurso en torno a lo femenino, pues Martha M. Pérez escoge objetos de ese universo litúrgico y los empalma de manera orgánica con su visión y condición de género. Hace así rejuegos con la cabellera, con la apariencia de muñeca, con las uñas de pies y manos... todo lo cual tiene proyecciones antropológicas más generales. Ello resulta patente en la muestra personal exhibida en La Casona entre el 14 de marzo y el 26 de abril de este año, contentiva de fotografías hechas de 2001 a 2003.

Exposición Individual: Marta María Pérez Bravo — imagen 1
Marta María Pérez Bravo. Sólo se ve en sueños l-Il, 2002. Fotografía. 100 x 80 cm (39 % × 31½ pulgadas).

En esta exposición, Martha María Pérez vuelve sobre varios de sus fantasmas. Uno es el yo, vinculado desde luego a lo antropológico y canalizado a través del proceso mismo de creación. Como afirma la artista en el catálogo: "Me sitúo ante la obra como ante un espejo, no sólo enfrentando la difícil tarea de tratar de definir quién soy, sino como los demás ven, o creen que soy, disfrutando el acto de crear de manera deliciosamente egoísta". Pero también encauza la expresión del ego mediante el (auto)retrato, en el que deviene sujeto, objeto y atributo de representación; cambiante pero siempre reconocible.

Su cuerpo participa de una "autoplástica". Centra y organiza los elementos que conforman las obras, las cuales semejan puestas en escena estáticas, fotografiadas y aisladas por cierto background gris. En esas imágenes, los componentes que acompañan al cuerpo de la artista pueden resultar apéndices —es decir, partes que se proyectan hacia a fuera— o parecer incorporaciones insertas de modo orgánico. Martha re-crea las referencias religiosas a tal punto que sus interpretaciones cobran cierta autonomía expresiva, independizándose relativamente de sus sentidos originarios. De hecho, aun cuando trata de conservar los colores prístinos de los objetos rituales que emplea en la composición, aquellos se pierden en las fotografías en blanco y negro, modalidad en la que suele expresarse la artista. Estas imágenes manipuladas resultan congruentes con la reelaboración espiritual y conceptual que ha hecho la autora.

Martha María Pérez, que mediante encuadres mutiladores o no acostumbra a mostrar su cuerpo desnudo, en esta nueva exposición pareciera jugar también al encubrimiento. Éste es parcial a veces, en virtud de la manipulación del cabello; y más general en otras ocasiones, por las telas que se extienden por la cabeza de la retratada.

Pero, en definitiva, su obra es un continuo velar y revelar de imágenes y sentidos, un incesante rehacerse ante sí y el espectador. A diferencia de Penélope, ella misma es también tema de su obra, que se renueva cada vez sin dejar nunca de ser. Su imagen física, así como la de sus inquietudes artísticas y existenciales, conforman su sello.

ISRAEL CASTELLANOS

Marta María Pérez Bravo, por Israel Castellanos | artnexus