La nueva serie de obras de la artista argentina Luciana Abait, en la Galería Jean Albano, de Chicago, trata el tema de la ausencia, un tema progresivo en su obra. Abait adopta las técnicas surrealistas de yuxtaposición y asociación, agregándole significado personal a su descripción de encuentros insólitos en el lienzo. Sus temas crean mundos ilusorios de recuerdos privados dentro de ambientes comunes aunque emocionalmente inquietantes. Abait produce estos encuentros dentro de paisajes familiares, un aspecto importante de su obra. Un ejemplo se encuentra en su serie Golf Windows (2000), en la cual los campos de golf que describe nos recuerdan los vastos espacios vacíos encontrados en los paisajes psicológicamente cargados de Dalí y De Chirico, que sirven a la vez como símbolos universales y personalizados.
En sus pinturas anteriores, Abait describió espacios arquitectónicos y paisajes observados desde diferentes puntos de vista en perspectivas sesgadas. Los grisosos y casi claustrofóbicos espacios en los cuales objetos cotidianos crean encuentros inesperados parecen ser metáforas para el aislamiento de la mente humana. Esta soledad mental es enfatizada por la presencia de una escalera inútil, y puertas y ventanas que impiden cualquier posibilidad de acceso a los cuartos. En su obra más reciente, Abait aplica la técnica de pintar sobre fotografías escaneadas, dando a entender una hiperrealidad ilusoria. Además del hecho de que su paleta se ha hecho más brillante, el giro en su técnica ha sido atribuido a la reciente reubicación de la artista en Miami.

El repliegue psicológico es transmitido en la presente serie mediante paisajes subacuáticos de piscinas. En ocasiones, figuras antropomorfas y sus sombras aparecen haciendo las veces de improntas que registran la travesía de una presencia humana. Las escenas bajo el agua atraen al espectador a una sensación de eternidad e infinidad en la cual la duración de la ausencia se hace dolorosamente interminable.
En Untitled # 9 (Sin título # 9, 2003), una escena de una piscina se insertó en el paisaje urbano de Chicago; la piscina perdió sus bordes y se mezcló con el lago Míchigan. La figura humana que atraviesa el espacio acuático parece abstraída de la situación por encima de ella: la presencia de un hito reconocible es una alusión a la actividad humana y al mundo real; sin embargo, el paisaje urbano aparece en un segundo plano y está distanciado en términos del punto de vista del espectador. En lugar de constituir un símbolo de la civilización o la actividad humana, o la referencia a un lugar y tiempo dados, este paisaje parece representar un distanciamiento de la vida cotidiana y el mundo en el que vivimos. La yuxtaposición de dos mundos nos lleva a preguntarnos cuál es real, y si los dos pueden hacerse coincidir alguna vez.
Untitled # 6 (Sin título # 6, 2003) también combina la imagen de una piscina con un paisaje urbano. Esta vez, sin embargo, el registro de la presencia o actividad humana está marcado por la lámpara de la piscina. A diferencia de Untitled # 9, la piscina no se fusiona con la superficie de un lago sino que se convierte en el lago mismo. Esta unión de dos mundos distintos funciona como una metáfora de la oposición entre interioridad y exterioridad, la mente aislada, y un mundo exterior inaccesible.
En las pinturas más recientes de Abait, las piscinas están representadas en forma desproporcionada en términos de las ciudades que sostienen, y las perspectivas de unas y otras aparecen desviadas y divergentes entre sí. El uso de perspectiva distorsionada sirve para crear espacios ilusorios que contrastan con la cualidad híperreal de las imágenes, enfatizada por la cuidadosa reproducción de la luz solar reflejada en los cimientos de la piscina. A primera vista, podemos hacer énfasis con las imágenes, pero debido a la forma particular de Abait de mostrar la perspectiva, y a que ella presenta la oposición de dos mundos irreconciliables, las pinturas alienan al espectador. La representación de espacios, en apariencia cotidianos, alude a fragmentos específicos de recuerdos personales más que a espacios geográficos determinados, lo cual da una sensación de lo misterioso, que desorienta al espectador.
IRMGARD EMMELHAINZ
