Exposición Individualjun 2003 - ago 2003· Por Fernando Castro R.

José Gabriel Fernández

Sicardi Gallery

En esta época pluralista en la que los sujetos de interés moral no son exclusivamente humanos es algo delicado producir obra artística sobre la tauromaquia sin alzar cejas. No obstante, el españolísimo ritual del capote y la espada tiene una impresionante historia de célebres adherentes; desde Pablo Picasso, Federico García Lorca y Ernest Hemingway hasta cineastas como Francesco Rosi y Pedro Almodóvar. También el pintor Fernando Botero ha tratado el tema con su bien conocido y adiposo estilo; el fotógrafo Javier Silva, lo ha tratado en una vena documental con matices poéticos; y más recientemente, el fotógrafo, Ruvén Afanador ha producido obras con un desenfadado erotismo. Nadie ha tratado temas de tauromaquia con el grado de abstracción con el que lo ha hecho José Gabriel Fernández.

Exposición Individual: José Gabriel Fernández — imagen 1
José Gabriel Fernández. Farol, 2003. Yeso sobre madeflex. 162 x 172 x 12,7 cm (68 x 68 x 5 pulgadas).

Prima facie, la abstracción pareciera no ser una estrategia idónea para representar una actividad tan sensual, apasionante y brutal. El propio Fernández no siempre la ha empleado. Pero si hay algo en el ritual de la tauromaquia que lleva a muchos a llamarlo “arte” es la plasticidad de su vestimenta, la exactitud y belleza de sus movimientos y su énfasis en performance. En su reciente exposición en la Galería Sicardi de Houston Fernández se ha enfocado precisamente en el capote y sus movimientos.

Las obras de Fernández congelan las figuras del capote —verónica, molinete, chicuelina y otras— usando dos estrategias. Mariposa (2002) y Chicuelina (2002) son obras escultóricas que ejemplifican la primera estrategia. Pero el volumen y la gravedad de la escultura tradicional son una desventaja cuando se trata de representar lo más ligero y aéreo de la tauromaquia. La segunda estrategia ofrece una mejor solución a ese desafío. Revolera (2003) y Molinete (2003) consisten en cuatro o cinco hojas de triplay de una pulgada de espesor por sesenta y ocho pulgadas de ancho y seis pies de alto cubiertas con una pulida capa de yeso. Cada hoja tiene un corte interior que vagamente sugiere la forma del capote en un momento de la figura. La siguiente hoja tiene un corte distinto y también la tercera, la cuarta y la quinta. Las cinco se apoyan en el suelo y la pared una encima de otra dando la impresión de ser marcos consecutivos de una película.

Fernández hace sólido lo que es gaseoso y gaseoso lo sólido. La sólida madera de la hoja es el aire que sostiene el capote al desplazarse por el espacio. En tanto que el capote mismo, que es sobre todo aéreo, queda dibujado por el agujero vacío del corte. Nada más ligero ni más abstracto que el vacío. Estas obras suscitan paradojas pues en ellas un aspecto visual y sensual de la tauromaquia queda representado por la nada del vacío. Por otro lado, la blanca pulcritud de las obras esconde la muerte detrás del capote.

FERNANDO CASTRO

José Gabriel Fernández, por Fernando Castro R. | artnexus