Exposición Individualjun 2003 - ago 2003· Por Mónica Kupfer

Jiménez Deredia

Legacy Fine Art

Resulta valioso que la Galería Legacy haya presentado por primera vez en Panamá una muestra de esculturas de Jiménez Deredia, reconocido artista del vecino país de Costa Rica, radicado en Italia, cuya obra es relativamente desconocida por el público panameño. En el análisis de la obra de Jiménez Deredia es clave, a pesar de sus largos años en Europa, su vínculo con la tradición escultórica de su país de origen, a la vez que refleja en su obra una relación con el arte italiano y el mármol de Carrara de su ciudad adoptiva.

Las esculturas de Jiménez Deredia en esta exposición muestran el hilo conductor de su obra, que es la creación de formas humanas dentro de, con base en, estructuras geométricas en bronce o en mármol. Muestra una preponderancia notable la esfera como leitmotif, al punto que el conjunto de trabajos expuestos produce una impresión de homogeneidad casi excesiva en la repetición de las formas, del esquema compositivo de mujeres y orbes, y del brillo preponderante en los acabados. Por ejemplo, en la pieza en bronce titulada Mujer sobre esfera, de unos 40 centímetros de alto, vemos a una mujer sentada sobre una gran esfera, inclinada hacia abajo haciendo una amplia curva de su columna vertebral, posición imposible desde la cual alza su cabeza en una mirada casi frontal, y sostiene en sus manos otra esfera. El bronce, oscuro y pulido, muestra luces doradas en la superficie de los dedos de los pies, en los bordes de las manos y en las facciones de la cara. También hay luz en el borde del manto liso y esferoidal que típicamente cubre las cabezas de las figuras de Jiménez Deredia, evocando el estilo de las esculturas del arte Inuit, y contribuyendo a evitar detalles que podrían otorgar individualidad a estas figuras prototípicas.

Exposición Individual: Jiménez Deredia — imagen 1
Jiménez Deredia. Mujer sobre esfera, 2002. Escultura en bronce. 120 x 80 x 80 cm (47 ⅕ × 31 ½ pulgadas).

Mujer sobre esfera muestra un acabado impecable, logrando una lisura de ónice en todas las formas, con la excepción de la bola que la mujer sostiene, cuya superficie es áspera. Este contraste entre la textura y la lisura, entre el brillo y la opacidad, caracteriza muchas de las esculturas, tanto las de bronce como las de mármol blanco. También comparten la manera en que los rostros de las mujeres, pequeños en relación con los cuerpos masivos, muestran una actitud impasible con ojos semiabiertos separados por un plano angosto pero fuerte en la nariz, mejillas rellenas y labios bruñidos. Recuerdan levemente la fisionomía de las cabezas de Constantino Brancusi, transformadas por la esfericidad característica de Jiménez Deredia.

Presenciamos la misma quietud en figuras como Meditación, de mármol blanco, en la que la figura, de piernas rectas, se dobla desde las caderas hacia el piso, donde sus brazos extendidos sostienen un cilindro. El blanco es opaco pero lleno de pequeñas luces en toda la pieza, con la excepción de la cara y los pies que brillan. La obra es casi abstracta por la forma de “U” invertida que logra Jiménez Deredia con el cuerpo humano, y por la manera que desde el dorso asemeja más una tabla de mandamientos que un ser vivo. Se percibe una similar tendencia juguetona en obras como Germinación en la que la mujer se balancea boca abajo sobre una bola, o Juego donde la figura femenina se balancea de rodillas sobre una pelota, a la vez que sus brazos alcanzan el piso para sostenerla en una posición insostenible, produciendo una tensión entre lo orgánico y lo geométrico que yace en el fondo de toda la obra de Jiménez Deredia.

En otras piezas, quizás las más puras, como Mujer esférica y Centinela, Jiménez Deredia inscribe la figura entera de la mujer dentro de una esfera. En una posición casi fetal, los brazos sostienen las rodillas y las piernas cruzadas terminan en pequeños pies que se recogen contra los muslos. El artista atribuye el rol protagónico que ocupa la esfera en su obra a la experiencia en su niñez de ver en el Museo de San José en Costa Rica aquellas enormes esferas de granito pulido que crearon los indios borucas hace casi dos mil años, “las únicas esculturas abstractas antes de Cristóbal Colón, quien llegó a Costa Rica en 1502”. Son esferas enormes de gran peso que los indios alineaban según la posición de las estrellas o el Sol, que se encuentran dispersas hoy en día y cuya existencia el propio Jiménez Deredia se ha esforzado en catalogar.

La relación simbólica de la esfera y también las formas ovoides con temas espirituales como el nacimiento están espléndidamente representadas en obras como Génesis en la que Jiménez Deredia presenta cuatro cuerpos, que también muestran las etapas en el proceso de trabajo del artista y la manera cómo vislumbra la silueta humana dentro de la forma geométrica. La primera pieza es como un huevo, la siguiente contiene pequeñas incisiones en la superficie que insinúan dónde aparecerán las rodillas y la cabeza de la figura. La cabeza de la mujer emerge en la tercera pieza, y en la cuarta, ya se percibe la forma anatómica completa femenina recogida en sí misma de tal manera que aún existe aquel ovoide inicial. Descansan sobre una base rectangular, angosta y alargada, con una superficie de marcas irregulares, que crea la línea de eje sobre la cual están colocadas las cuatro pequeñas esculturas. Se trata de una representación tridimensional de la creación.

Estas series en cuatro etapas las viene haciendo Jiménez Deredia desde los años ochenta, inicialmente con formas geométricas puras como la esfera (por ejemplo, en Imagen cósmica), y con el tiempo, con formas cada vez más orgánicas, como lo reflejan las dos obras en la muestra de Legacy. La segunda, titulada Génesis papagayo, también en bronce y de proporciones pequeñas, se inicia con una forma curva y alargada, y termina representando a una mujer que se apoya en sus rodillas como un óvulo acostado del cual se extienden los brazos que sostienen una pequeña esfera. En las manos de Jiménez Deredia, el cuerpo se convierte en una forma totalmente maleable sin impedimentos óseos que eviten su curvatura total.

La preponderancia de la curva y la inscripción de la figura femenina dentro de formas prácticamente cerradas, sin proyecciones dramáticas al espacio circundante, conectan a Jiménez Deredia con algunos predecesores dentro del rico desarrollo de la escultura en Costa Rica. En este sentido, hay lazos con el reconocido maestro Francisco Zúñiga (por ejemplo, en obras como su Desnudo ovoide de 1963) y con la interpretación de mujeres en la obra de artistas como Max Jiménez Huete y Juan Manuel Sánchez. También hay puntos en común con sus escultores coterráneos, y a su vez con el arte llamado primitivo, en la interpretación de las caras con facciones indígenas en las que las curvas de las cejas se encuentran para formar narices que comparten un plano con la frente y los ojos se presentan de forma almendrada, alargados, y sólo parcialmente abiertos. De igual manera, Jiménez Deredia se une a la larga tradición de la maternidad como tema escultórico en piezas como Beso, incluida en la muestra panameña, en la que una madre en cuclillas extiende sus brazos para sostener no una esfera, sino el pequeño cuerpo, igualmente curvilíneo, de un niño. La obra de Jiménez Deredia agrada —sin retar mayormente al espectador— por sus curvas, su presencia maciza, la tersura de sus superficies, y la temática relacionada con el ser humano y la creación, a la vez que impresiona por su dominio de la técnica, tanto en las obras talladas como en las de bronce.

Nacido en 1954, Jiménez Deredia se licenció como escultor en el Conservatorio Castella en Heredia y en la Academia de Bellas Artes en Carrara, Italia, y luego como arquitecto en la Universidad de Florencia. Ha desarrollado su carrera artística en Italia, donde ha participado en un gran número de exposiciones, incluídas tres bienales de Venecia, sin perder su conexión con Costa Rica e incluso con los demás países centroamericanos, donde su escultura es muy apreciada por coleccionistas. En algún momento de su carrera, cambió su nombre Jorge Jiménez Martínez por Jiménez Deredia, como una manera de hacer honra a sus raíces en la ciudad de Heredia, Costa Rica.

Se trata de un artista centroamericano que ha cosechado éxitos en la región y en Europa. Entre otras cosas, en 1998 recibió el Premio Internacional Beato Angelico por “la espiritualidad que contiene su obra”, recibiendo posteriormente la comisión de tallar en mármol una enorme escultura de san Marcelino Champagnat para un nicho en la fachada externa de la basílica de san Pedro en el Vaticano, el primer artista no europeo en obtener este honor.

MÓNICA KUPFER

Jiménez Deredia, por Mónica Kupfer | artnexus