El martes 8 de abril de 2003 los vecinos de la Colonia Roma en la ciudad de México se encontraron con una sorpresa en su cotidiano paisaje urbano: una llamativa forma roja penetraba y rodeaba una de las casas sobre la transitada calle Álvaro Obregón.
Héctor Zamora (México D.F., 1974) intervino la Galería Garash con un largo cuerpo geométrico tridimensional rojo. De sección circular variable, éste entraba al espacio por la puerta principal y lo recorría unidireccionalmente por el pasillo de entrada, cruzando el patio central y subiendo por el tragaluz al topar con la pared de fondo de la planta baja. El trayecto continuaba hasta llegar al tercer piso, donde la estructura se bifurcaba para salir por dos ventanas distintas y poder seguir su camino por fuera del edificio, uniéndose de nuevo en el área de azotea para bajar por la fachada y conectarse en sí misma a través de la puerta, cerrando así su ciclo.

Con una longitud de aproximadamente 130 metros lineales, 2 metros de diámetro y 270 metros cúbicos de aire contenido, Pneu invadía el inmueble a la vez que lo rodeaba en una especie de abrazo evidente para quien transitaba las calles circundantes a la galería. Al acercarse a la puerta y penetrar la casa se podía observar el movimiento noble y pesado mientras se escuchaba el sonido del ventilador que inflaba la pieza, dando la impresión de estar viva. La trayectoria externa de ésta podía ser seguida y vista por segmentos al subir por las escaleras al tercer piso de la casa y por otro acceso a la azotea. Sin embargo, el espectador encontraba que el trayecto interno sólo podía ser sugerido al encontrarse de algún modo resguardado por la densidad y el color de la superficie, dejando intuir algo íntimo y privado.
Investigador obsesivo del proceso de definición, entendimiento, aprehensión y descripción del espacio, el artista toma la naturaleza como el eje de sus experimentos, en los que funde genuinos intereses científicos y vivenciales. Con base en análisis específicos y precisos cálculos, sus piezas suelen ir dirigidas a la sensibilidad y capacidad de percepción del público. Éstas son resultado del estudio analítico de la forma orgánica en diálogo con estructuras arquitectónicas específicas. Con la economía de energía como principio fundamental, sus interacciones espaciales persiguen el objetivo de enriquecer y refrescar nuestra convivencia con el entorno cotidiano.
En el caso de Pneu, esta especie de ser vivo de recorrido orgánico que semeja una planta que entra y trepa por el edificio constituye el primer experimento de Zamora con una neumática. Al llenar/alimentar de aire la estructura de plástico rojo, Zamora daba vida no sólo a la neumática en sí, sino que reactivaba la construcción que la contenía, así como al entorno urbano en donde ésta se ubica.
En una ciudad cada vez más caótica y sumida en la inercia gris del día a día, es interesante encontrar un verdadero acto de amor en plena calle. Pneu no era sólo una demostración de afecto hacia el edificio que rodeaba, sino hacia la urbe misma que lo contiene.
Al penetrar y rodear el inmueble, Zamora no sólo continuaba su estudio y reflexión acerca de los espacios urbanos y la manera de hacernos conscientes de estos, sino que hacía suyo un rincón de la metrópoli. En un beso infinito que se alimentaba del aire contenido por la estructura penetrada, Pneu iba más allá del espacio de la galería para involucrarla con el ámbito exterior en que se encuentra ubicada. Un respiro para la vista en el recorrido urbano.
TANIA RAGASOL VALENZUELA
