Exposición Individualjun 2003 - ago 2003· Por Luz Sepúlveda

Fernando García Correa

Myto

Los dibujos y pinturas que presenta Fernando García Correa (México, D.F., 1958) en la casi recién inaugurada galería Myto (Temístocles #23-2) de la ciudad de México presentan en su conjunto un homogéneo trazo en el que nuevamente encontramos una constante: el obsesivo cuidado de cada pieza, el cauteloso orden formal de su factura y la forma recurrente de grietas, fisuras o huellas en fila que a su vez componen un patrón. Ya sea en formato grande o pequeño, el patrón se repite intermitentemente a lo largo del lienzo dando la idea de crear tejidos que se entrelazan produciendo imágenes que tarde o temprano nos remiten a la naturaleza. Es decir, las enigmáticas pinturas de García Correa semejan un detalle de lo que podrían ser las huellas dactilares de un dedo ensangrentado, o las líneas de la edad que se dibujan sobre el tronco de un árbol cortado transversalmente, o el sistema nervioso central desenredado y exhibido. Al adentrarnos en cada cuadro se siente como si estuviésemos tratando de salir de un rebuscado laberinto, como alisando una caprichosa madeja de estambre, como hurgando en una imbricada telaraña.

Exposición Individual: Fernando García Correa — imagen 1
Fernando García Correa. 1222001, 2002. Acrílico sobre madera. 122 x 200 cm (48 x 78 ¾ pulgadas).

Trazos libres se dibujan a través del papel, formando un camino montañoso; líneas de pintura se deslavan sobre un fondo de pigmentos intensos; con o sin intención, de sus lienzos se desprende una fuerte carga sexual: muchos patrones formados recrean un monte púbico, en el que los vellos se desenredan alrededor de una vagina, o bien las grietas abiertas podrían parecer las arrugas fatídicas que se tallan en el tiempo sobre el rostro humano. Si una lancha de motor surca las olas a 120 kilómetros por hora y deja una estela de espuma detrás de ella, en cuanto se desvanece, deja una pista; si una familia de cangrejos corre durante toda una noche, dejará sobre la arena una pista; si una cascada cae libremente desde un peñón hacia un cenote, las gotas de rocío salpicado sobre la roca dejarán una pista. Éstas son las pistas que emergen como huellas en la pintura de García Correa y forman complejísimos patrones que se entretejen dando la idea de que toda la visión se fragmenta en hilos sueltos en una imposibilidad aparente para ser ordenados. Sin embargo, no existe la palabra desorden en el vocabulario del artista; lo que se presenta como un aparente caos no es sino un patrón no descifrado.

Si por algo se ha caracterizado García Correa en su trabajo artístico es por la excelente factura y presentación en cada una de sus obras. Cada una en particular, o agrupadas en conjunto, los goteos premeditados, deliberados, razonados y logísticamente colocados son una muestra más de la maestría técnica de un artista que se había refugiado en el postminimalismo durante los últimos años, antes de sorprendernos con este laborioso e ingenioso enredo que se distribuye en forma de intrincados patrones a los cuales es casi imposible encontrarles ya sea el principio o el fin.

En algún momento dado, ciertas obras nos podrían recordar a algunos ejercicios de arte óptico frecuente en la década de 1970. Por ejemplo, un grafito sobre papel con líneas finamente trazadas que cruzan el espacio en blanco, nos remiten a los trabajos que hizo Bridget Riley y a los que se les denominó obras con “efecto cascada”, pues el contraste entre blanco y negro se refleja en la visión como un movimiento retinal aparente, como de agua que cae en una cascada. Otras obras en las que aparecen finas líneas en naranja formando un peculiar zigzag sobre un fondo rojo, o este mismo patrón en distintos colores en acrílico, recuerdan trabajos de los ópticos setenteros, aunque la pintura de García Correa sea mucho más profunda tanto en forma como en intención y factura. Otros lienzos del artista podrán ser emparentados con la pintura decorativa del movimiento ochentero Pattern & Decoration, aunque creo que esta aseveración sería demasiado simplista, ya que aunque sí haya una semejanza formal, en cuanto al gusto por la greca ornamental, el motivo curvilíneo o el elemento aparentemente superficial, pienso que la obra de los P&D sí tiene una intención meramente visual, mientras que, en el fondo, García Correa posee una muy peculiar manera de mostrarnos cuán simbólica, real e intencionada es su obra. El artista llevará a cabo una exposición en Pesqueira Gallery durante el mes de diciembre.

LUZ MARÍA SEPÚLVEDA

Fernando García Correa, por Luz Sepúlveda | artnexus