En una carrera que abarca hasta ahora unos 15 años, Ernesto Neto no ha mostrado signos de decaimiento de sus energías creativas. A pesar de que cada una de sus exposiciones ha cambiado lo suficiente para demostrar una evolución progresiva en técnica y ambición, ha habido una especie de lógica temática y visual que se ha sostenido a lo largo de sus variantes.
Su reciente exposición en la galería Tanya Bonakdar consistió, literalmente, en tres obras escultóricas, pero confluían como una instalación completa que transformó el espacio de la galería. En la actualidad, Neto parece haberse establecido con firmeza como escultor del medio ambiente más que como el escultor de objetos discretos que alguna vez fue. Esta instalación mostró una desviación de sus primeras exploraciones de suaves formas orgánicas, entretejidas de manera intrincada, que culminaban en grandes formas bulbosas. Neto todavía trabaja con materiales con base en fibra, sin embargo, ahora, un material solidificado tipo espuma de poliestireno ha reemplazado el nylon de las anteriores instalaciones. Titulada The Silent Cliff: the Gate, the House, the Garden, the People, su nueva obra continúa el diálogo entre el paisaje y el cuerpo que Neto ya había establecido, sólo que esta vez, el paisaje parece ganarle a su interlocutor.

Al atravesar la primera sección, subtitulada The Gate, se notaban los bordes bruscos de la espuma y la forma en que las estrías y las protuberancias de su superficie proyectaban sombras de diversas tonalidades sobre el material neutro, y las claraboyas del techo atraían la atención hacia la transparencia de éste. Al atravesar el propileo de Neto, la experiencia inicial era como la de pasar a través de un espacio cavernoso con todo y sus estalactitas. Al otro lado había dos aberturas para escoger; cada una conducía a otra parte de la instalación. Esta apertura doble contribuía a que uno viviera una inevitable experiencia que le recordaba las trompas de Falopio: pasar a través de la puerta era más que moverse a lo largo de un túnel, era nacer en la obra de arte.
Los dos espacios siguientes ofrecían experiencias similares aunque invertidas. El mayor de los dos, The Silent Cliff/The Forest, se extendía hasta ocupar como mínimo la mitad del espacio de la galería. Las dimensiones y los parámetros específicos de ésta fueron deformados y negados por el continuo despliegue de la espuma esculpida. Alto y protuberante, este ambiente era a veces espacioso, a veces limitante; ciertos pliegues de las “paredes” sugerían un nuevo pasaje, pero no tenían salida. En algunos momentos uno se sentía como si estuviera envuelto en pliegues de carne; otros pasajes daban la idea de acantilados o arrecifes. La espuma podía parecer dura y rígida o alterable como una cortina. La escala y las irregulares relaciones espaciales evocaban una sensibilidad similar a la de Torqued Ellipses, de Richard Serra; la gran diferencia es que mientras éste se sirve de muchas toneladas de frío y duro acero, Neto emplea un material que está más en peligro de que el espectador lo dañe, que viceversa.
El componente final, The House, también requirió de mucho espacio, pero explotaba un sentido de confinamiento. The House llenaba su galería pero era una estructura definida, con dimensiones perceptibles, delimitadas. Para entrar a ella, uno debía básicamente gatear a través de una pequeña abertura y, agregado a la posible incomodidad de la experiencia, primero debía ponerse un traje especial. Así, lo que podría ser parecido a explorar una cueva, adquiría la calidad de ser internado o encerrado en un asilo. También existía la connotación de volver a entrar al útero, una actividad prácticamente imposible para la cual presentamos sustitutos como hogares y asilos.
Después de la complejidad visual casi barroca y las experiencias multisensoriales de las instalaciones de Neto de los últimos años, no se puede más que reconocer una ligera falta de sensibilidad con respecto a su obra actual. Pero dados el notable alcance y la amplitud de sus actividades y su obvio deseo de continuar experimentando y evolucionando, The Silent Cliff… se levanta como un momento crucial que marca un nuevo giro en lo que ha sido por mucho tiempo una obra altamente cautivadora.
JOHN ANGELINE
