Celia Sredni de Birbragher: ¿Cómo se originó la idea de coleccionar arte?
Hans Michael Herzog: Es una larga historia, pero trataré de explicarla lo más brevemente posible. Existen dos colecciones: la Colección Daros y la Colección Daros Latinoamérica. La primera fue una obra en la que colaboraron Thomas Ammann, el marchante de arte suizo, y Alexander Schmidheiny. Sus adquisiciones durante la década de 1980 dieron como resultado una hermosa colección, más que todo de pintura, que es representativa de artistas de los Estados Unidos como Warhol, Twombly y muchos otros.
Cuando los dos coleccionistas fallecieron a principios de la década de 1990, gran parte de sus propiedades le fue legada a Stephan Schmidheiny, quien decidió seguir desarrollando la colección. Contrató a profesionales para crear archivos y hacer nuevas adquisiciones, que incluirían la obra de Louise Bourgeois y algunos artistas alemanes como Gerhard Richter, Sigmar Polke y otros. Ahora, en 2003, la Colección Daros ha cumplido, en cierta medida, con esta misión porque está dedicada a los que podríamos llamar los maestros clásicos del arte contemporáneo.
Luego, Stephan Schmidheiny decidió diversificarse y crear otra colección a partir de cero. Su enfoque en Latinoamérica es una consecuencia lógica de su interés en ese continente, adonde viaja mucho porque sus principales negocios están allá. Aunque más importante es el hecho de estar al mando de la Fundación Avina. Stephan fue un representante clave en la Conferencia de Río sobre desarrollo sostenible en 1992. Después de la conferencia, creó la Fundación Avina para fomentar el liderazgo en la sociedad civil y el sector privado, ambos con ideas innovadoras sobre cómo promover un desarrollo más sostenible de la sociedad.
Era lógico que Stephan complementara la colección principal con un impulso adicional en otra dirección, en donde pudiera contribuir con su experiencia sobre el continente e implementar su deseo de darle a Latinoamérica algún tipo de apoyo. Después de decidirse a crear una colección de arte latinoamericano, me contrató como director y curador.

C. S. de B.: ¿Cuál es el concepto de la colección?
H. H.: Bueno, por supuesto que es difícil hablar de algo así en cinco palabras. Como norma, coleccionamos arte que se remonta a los últimos 20 años, y de todos los países de Latinoamérica, lo cual incluye artistas latinoamericanos que viven en sus países de origen o en el exterior, así como artistas europeos que viven en América Latina, sin importar su edad; algunos están próximos a los 90, otros, apenas por los 25. Y tampoco importa qué medios utilizan; la colección es tan variada como la edad de los artistas. Ya hay obra representativa de más de 50 de ellos.
Sin embargo, el objetivo no es una acumulación ilimitada. Es un proceso continuo, y pasarán un par de años más antes de que podamos decir que todo un conjunto de obras representativas está integrado a la colección, y así es como nos gustaría presentarla. Hemos logrado quizás una tercera parte, o la mitad de nuestro objetivo final, todavía no sé. Lo más importante es que queremos que la colección circule; queremos que se mantenga viva, lo cual significa mostrarla a la gente para que hable de ella en el mundo latinoamericano. Ya estamos en contacto, y vamos a tratar de tener mucho más contacto con el mundo del arte en América Latina, con los artistas, curadores, críticos, coleccionistas, dealers, galeristas. Sólo así podremos entender y tener una visión más amplia de lo que es el arte latinoamericano.
Ya tenemos un espacio para exposiciones en Zúrich, que abrió sus puertas en 2001, no sólo para la Colección Latinoamericana, sino también para la Colección Daros. Acabamos de organizar una presentación de fotografía en dos partes —La mirada—, y montaremos otra dentro de más o menos un año. Ésta es nuestra sede europea, pero también pensamos hacer presencia en América Latina, creando pequeños centros —no muchos, tal vez uno o dos, dependiendo de la situación— que incluirían un modesto espacio para exposiciones, con el tamaño necesario para muestras que se presten para un análisis posterior, así como una base de datos, un centro de comunicaciones, otro de información, y tal vez un par de estudios en donde podamos alojar artistas. Aunque las becas serán en su mayoría para latinoamericanos, se invitará también a otros artistas para fomentar el intercambio cultural en las artes.

Creo que los centros de este tipo son sumamente importantes. No sólo el mundo no latino sino incluso el latino, necesitan aprender sobre el extraordinario y todavía subestimado potencial de las artes latinoamericanas. Pero, nadie nunca mira al vecino. El que puede darse el lujo de obtener financiación, se va a Los Ángeles, Miami, Nueva York o Europa; difícilmente se aprovecha lo que los países vecinos tienen para ofrecer. Hay una verdadera falta de información sobre lo que tienen en común y hay poco contacto mutuo. Por supuesto que la gente se reúne en todas esas ferias y exposiciones internacionales, pero yo creo que es fundamental invitar a los artistas y ofrecerles la oportunidad de que haya un intercambio exhaustivo, en donde puedan trabajar juntos y discutir toda la problemática con respecto al arte latino y también al mundial.
Para mí, el aspecto más importante de la colección es crear una reserva de obras de arte, muy buenas obras de arte —al menos eso esperamos— que puedan hablar por sí solas sin nuestra interpretación directa. Mi propósito sería que pudieran tener impacto en cualquier parte, desde Yokohama y Sydney hasta Johannesburgo, pero siempre dentro del contexto de la exploración de lo que es o puede ser Latinoamérica.
Mi finalidad, en cierto sentido, es poner a los latinoamericanos frente a un espejo pues creo que ven sólo partes de sí mismos, y quisiera animarlos a que se vieran de cuerpo entero. Si pudieran entender plenamente el impacto que ejercen, tendrían una imagen propia completamente diferente, un conocimiento distinto de sí mismos. Y creo que eso les daría gran potencial, gran poder y dinamismo.

C. S. de B: La Colección Daros posee varios grandes conjuntos de obras de artistas individuales. ¿Se sigue la misma política con Latinoamérica? ¿Se busca coleccionar un conjunto de obras de artistas específicos?
H. H.: Eso depende completamente de cada artista. En algunos casos, una obra de arte es suficiente, al menos por unos años, porque es esencialmente representativa de lo que un artista ha hecho en el transcurso de muchos años. En otros casos, se puede rastrear a un artista en un sentido histórico y, luego, si es posible, buscamos adquirir importantes obras clave que representen los diferentes períodos de su producción.
En realidad, ya hemos comprado casi la obra completa de algunos artistas. Antes que compradores, somos coleccionistas. Para nosotros es de suma importancia seguir a los artistas de cerca, entender y apreciar de verdad lo que están haciendo, hasta el más mínimo detalle, y detenernos a pensar por qué y cómo las obras pueden agregarse a la colección o pueden ser una parte integrada de la misma en el futuro. Somos afortunados al tener los medios y los recursos humanos para hacerlo.
C. S. de B: ¿Cuánta gente trabaja en la Colección Daros Latinoamérica?
H. H.: Muy poca hasta ahora. Tengo un personal de cuatro colaboradoras altamente calificadas y algunos cargos por contratación externa, como un restaurador y un tesorero, pero eso es todo por el momento.
C. S. de B: ¿Producen catálogos junto con las exposiciones que usted cura?
H. H.: Acabamos de empezar. La mirada fue nuestra primera aparición en público. Se hizo un catálogo para la exposición, que es muy bello, o al menos eso dice la gente. Está dividido en dos volúmenes, uno de los cuales contiene sólo las entrevistas que le hice a cada uno de los nueve artistas participantes. La publicación está en cuatro idiomas y por eso resultó más elaborada de lo que se pensó en un principio. Queremos hacer lo mejor que podamos, queremos hacerle justicia a los artistas y a los requisitos de erudición y eso, por supuesto, exige bibliografías bien investigadas. Queremos mantener un cierto estándar.

C. S. de B: Desde principios del siglo XX hasta los años cincuenta o sesenta, ¿en qué artistas tiene más interés la Colección Daros Latinoamérica?
H. H.: En realidad no estamos interesados en lo que llaman arte moderno latinoamericano, porque creemos que el campo está más o menos agotado en términos de adquisiciones, y no queremos adquirir obras de segunda o tercera clase, incluso si son de artistas importantes.
La pieza más antigua de la colección es un Torres-García de 1938, y eso es una excepción. Me gusta mucho debido a su conexión con el surrealismo de Picasso. En términos históricos, esta pieza actúa como un puente entre Europa y Latinoamérica. Por otra parte, comenzamos a coleccionar y seguiremos coleccionando unos cuantos artistas de orientación conceptual de Brasil, Uruguay, y esperamos que también de Venezuela. La importancia de estas obras de los sesenta y los setenta radica en el hecho de que son en realidad clave para la generación actual de artistas jóvenes y maduros.
Pero, también, es difícil adquirir las obras adecuadas. Por ejemplo, Hélio Oiticica no está en la colección porque hasta ahora no he visto la pieza que quisiéramos tener. Pero sí tenemos obras de Lygia Clark y Mira Schendel, y a veces se encuentra una pieza errática aquí o allí. Uno simplemente la adquiere con la esperanza de encontrar más en el futuro y poder crear un pequeño mosaico.

C. S. de B: Usted mencionó los requisitos de erudición y de mantener un estándar. ¿Cómo prevé eso?
H. H.: Primero que todo, tenemos que construir una biblioteca y archivos de nuestros artistas. Ese es el comienzo, las bases. Y creo que tenemos que empezar en Latinoamérica porque todavía no hay un público considerable en Europa, mientras que sí existe una gran necesidad de desarrollar servicios de ese tipo en Latinoamérica. Entonces, queremos ir allá.
C. S. de B: ¿Cree que hay un interés creciente por el arte latinoamericano o es simplemente la impresión que se tiene desde aquí? ¿Cuál es la percepción de esto en Europa?
H. H.: Es una pregunta muy compleja, con varias interpretaciones. Debido al número cada vez mayor de bienales, trienales y exposiciones multinacionales en todo el mundo, uno por supuesto se encuentra con más latinoamericanos. Simplemente es un hecho y ha resultado a las mil maravillas. Eso es una cosa.
Por otra parte, me temo que no es suficiente. Queremos algo que sea más que "la flor de un día", como pasó con los pintores callejeros de Nueva York, o con el auge de artistas africanos hace unos años. Siempre hay algo que se mantiene, por supuesto, y dada la riqueza y proliferación de la producción en Latinoamérica, algunas obras tienen cualidades perdurables.
La gente que está involucrada con el arte en países como España, Francia o Gran Bretaña se da cuenta de todo lo que Latinoamérica tiene para ofrecer. Pero en Europa central todavía hay mucha gente —tengo que decirlo—, buenos colegas con los que me comunico con frecuencia, que no tienen la más mínima idea de lo que está sucediendo. No están informados y no entienden. A veces pienso que ni siquiera quieren entender, como si la noción que tuvieran de Latinoamérica fuera la misma que tienen de los habitantes de África, piensan que viven en árboles.
Hoy, las naciones del mundo se encuentran divididas en sí mismas en países del Primero, Segundo y Tercer Mundo: la diferencia está en las proporciones solamente. Hay una inmensa, enorme población del Primer Mundo en América Latina, con grandes conocimientos y educación, pero al estar más lejos de los centros principales tienen que invertir mucho más dinero, tiempo y energía en obtener información que la gente de otras partes. Y quizás el mismo hecho de que tengan que hacer tal esfuerzo explica por qué a menudo están más informados y son menos ignorantes que, digamos, artistas alemanes. Incluso en Cuba, la gente hace sus propios CD ROM, lo que todavía es poco común en Alemania.
Todavía se necesita hacer mucho trabajo en Europa para fomentar un entendimiento de América Latina. Tomemos sólo el nombre: Latinoamérica; se le identifica con español. Para los curadores alemanes, español es español. No diferencian entre España y Latinoamérica, mucho menos entre países latinoamericanos.

C. S. de B: ¿Cuál es su experiencia? ¿De dónde viene su interés por el arte latinoamericano?
H. H.: Estudié filosofía y arqueología clásica con un doctorado en arte medieval, veneciano y bizantino, pero a medida que pasó el tiempo, continué acercándome al siglo XX. Trabajé en museos de Alemania durante 12 años, haciendo exposiciones de arte moderno y contemporáneo. Hace unos 10 años, hice mi primera exposición sobre un artista español. Manolo Millares. Cuando viajé a España a hacer los contactos, descubrí que había mucho más al otro lado del océano.
Tengo que decir que mi conexión fue a través de España y no de Francia o Gran Bretaña. Conocí un par de personas en esa época —curadores, artistas, etc.— que me mantenían informado de las exposiciones y me contaban sobre el arte latinoamericano en general. A partir de entonces, mientras tuviera el tiempo y los medios, iba a ver exposiciones en España y también viajé a la Bienal de La Habana. Me atraía también el arte africano y asistí a otros eventos internacionales como la Bienal de Dakar, en Senegal. No sólo el vínculo obvio entre África y Latinoamérica, sino también entre ésta y Europa, forman un triángulo que ejerce una gran fascinación.
Me sumergí en el tema leyendo todos los periódicos, revistas, libros y catálogos que podía encontrar sobre arte latinoamericano. Después de un tiempo, caí en cuenta de que no sería capaz de montar una exposición de arte latinoamericano en Alemania. Cuando uno les habla a los políticos o a los colegas es como si les hablara de la estratosfera; para ellos, la idea es inconcebible.

C. S. de B: ¿Cómo ve el arte latinoamericano? ¿Lo ve como una extensión del arte europeo o en términos de artistas individuales? Siempre estamos hablando del arte latinoamericano, pero es un campo tan amplio y, al mismo tiempo, puede ser tan reducido.
H. H.: Nunca lo consideraría una extensión del arte europeo. Tal vez en los tiempos modernos, durante las primeras décadas del siglo pasado, pero ahora es absoluta y completamente autónomo.
Por supuesto que se puede debatir el término “autónomo”. Todos tenemos orígenes y raíces; no existimos aislados del resto del mundo. Por otro lado, pensemos en la literatura escrita en un idioma común. Cada usuario tiene su propia percepción con respecto a ese idioma y, además, los idiomas crecen, las expresiones cambian. Creo que lo mismo puede aplicarse al término “arte latinoamericano”; como tenemos el término, tendemos a agrupar un campo extremadamente complejo y heterogéneo. Por eso es que prefiero decir que estamos trabajando en una colección contemporánea de países latinoamericanos. Viajando por América Latina entendí muy pronto que cada lugar tiene su propia historia.
Se pueden ver ciertos desarrollos en un país, una ciudad y un individuo: aspectos que definen el arte individual y la forma como el público lo recibe. Eso es lo que me interesa. En realidad, entender estos desarrollos, sus antecedentes e historia, es un proceso continuo de toda una vida. Es la base pero, primero que todo, miro al artista y la obra de arte y luego trabajo para ubicarla desde sus orígenes o proyectarla en un futuro relacionándola o dejando que otras personas la relacionen con otras obras de arte. Ésa es la idea.
Yo no estoy eludiendo la discusión sobre Latinoamérica. Es muy importante llegar a una mayor cantidad de público, pero no rotulando o clasificando o dando respuestas. Mi objetivo es trabajar con artistas, seguir con ellos, y presentar posibilidades de forma tal que los espectadores saquen sus propias conclusiones y lleguen a entender mejor lo que está sucediendo en Latinoamérica.

C. S. de B: ¿Le gustaría hablar de artistas en los cuales tenga especial interés?
H. H.: No, no sería justo señalar a alguien en particular. Ya tenemos en la colección unos 50 artistas de todo el continente latinoamericano, pero si publicara la lista, la gente empezaría a preguntar inmediatamente: “¿Por qué éste y éste no están incluidos, por qué esto, por qué aquello?”, y así… Prefiero no publicar esa lista oficialmente, al menos hasta que esté convencido de que la colección como conjunto tiene suficiente consistencia. Después de todo, nuestra colección sólo tiene tres años. Por otra parte, estamos totalmente abiertos a los colegas o artistas interesados y ya hemos tenido unos cuantos visitantes que han venido a estudiar nuestros archivos y la colección.
C. S. de B: Hablemos del proyecto de fotografía, la exposición La mirada.
H. H.: Incluye a todos los nueve fotógrafos representados en la colección hasta ahora. Habrá más en el futuro, por supuesto. No son artistas que utilicen la fotografía de vez en cuando como una herramienta conceptual; son gente que se identifica con la fotografía y cuya producción surge a partir de la misma. Por ejemplo, Paz Errázuriz, de Chile, es una fotógrafa genuina; ha creado una hermosa obra en blanco y negro a lo largo de su vida. Hay cuatro brasileños, Mario Cravo Neto, Rosângela Rennó, Miguel Rio Branco, y Vik Muniz. Tenemos dos cubanos: Manuel Piña, con su serie Malecón, de principios de la década de 1990, y Marta María Pérez Bravo, que está viviendo en Monterrey ahora. También tenemos obras de Maruch Sántiz Gómez, una indígena muy joven, de Xiapas. Y, por último, Luis González Palma.
En la inauguración —estuvieron todos, excepto Vik— tuvimos a toda esta gente creativa sentada a la misma mesa, relacionándose entre sí y tal vez descubriendo cosas que no sabían de su propio continente o de sus países. Hubo un intercambio muy fructífero en este círculo tan pequeño: eso es lo que en realidad queremos desarrollar a una escala mucho más amplia en el futuro.
Nueve artistas y nueve agendas completamente diferentes, formas totalmente diferentes de contar sus propias historias. Como dije antes, es un contexto heterogéneo y complejo. No hay una coherencia obvia y no creo que tenga que haberla. En el futuro, podríamos tener exposiciones basadas en un tema; esto es algo que surgirá de la colección. Lo más importante es que congregamos las cosas, hacemos posible la conexión de ideas, intereses, agendas, de modo que la gente pueda discutirlas, y quizás, seguir adelante.
CELIA SREDNI DE BIRBRAGHER
Fundadora y editora de ArtNexus.

