Ciudad múltiple

Brooke Alfaro. Nueve, 2003. Instalación en técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Fernando Bocanegra.

Exposiciónjun 2003 - ago 2003· Por Craig Garrett

Ciudad múltiple

Panamá 2003 - Fundación Arte Panamá

Programada para que coincidiera con el centenario de la nación, Ciudad Múltiple presentó una nueva visión radical del arte como práctica social.La exposición representó a 14 artistas locales e internacionales, quienes adaptaron nuevas obras a las realidades físicas y culturales de la ciudad de Panamá. Y aunque las reacciones locales fueron a veces de perplejidad, en su mayor parte fueron abrumadoramente positivas.

Los residentes del proyecto de vivienda Barraza estaban parados en su oscuro patio. Con ellos se encontraba un puñado de nerviosos defensores del arte. El ambiente era tenso y la posibilidad de violencia era alta: sin ser vistos, pero ellos sí mirando desde las ventanas de arriba, miembros de dos pandillas rivales de jóvenes esperaban en silencio. Abajo, el artista panameño  Brooke Alfaro trabajaba frenéticamente en la oscuridad, haciendo los ajustes de último minuto a dos grandes proyectores de video, una parte crucial de su nueva pieza, Nueve. De repente, un par de imágenes —de cada lado del patio— se encendieron en la noche.

En proyecciones de video gemelas, cada banda —filmada por Alfaro en días diferentes— cantaba la misma canción, un hit reciente del rapero local El Rookie. La cámara se acercaba rápidamente para obtener primeros planos del rostro de cada uno de los jóvenes; y la multitud dejaba escapar un clamor. Quizás por primera vez esa gente estaba viendo en sus hijos una esperanza para el futuro. Por un breve momento, sobre la pared y con omnipotencia, eran héroes. Una vez terminada la canción, las dos pandillas giraban y quedaban enfrentadas. Un joven de cada bando lanzaba un balón de fútbol que, a través de la magia de la edición del video, era atrapado por un miembro del bando rival del otro lado. Y mientras los residentes de una de las áreas más pobres de Panamá aclamaban desenfrenadamente, el arte lograba una hazaña imposible en apariencia: unir por un momento dos grupos de enemigos declarados, en su propio campo de batalla.

Durante gran parte de su vida, Brooke Alfaro fue pintor. Su reciente conversión al video refleja un giro en el escenario artístico panameño, que por décadas se había estancado en una etapa de cuasi modernissmo. Por primera vez en muchos años, el arte ha empezado a encontrar su objetivo en este pequeño país: un objetivo más allá de la mera decoración de los lujosos almacenes de la ciudad. Y Ciudad Múltiple fue un catalizador.

Exposición: Ciudad múltiple — imagen 1
Jesús Palomino. Buhoners and Precarists, 2003. Mixed media installation. Variable dimensions Photo: Miguel Lombardo and Francisco Barsallo.

Programada para que coincidiera con el centenario de la nación, Ciudad Múltiple presentó una nueva visión radical del arte como práctica social. La exposición representó a 14 artistas locales e internacionales, quienes adaptaron nuevas obras a las realidades físicas y culturales de la ciudad de Panamá. Y aunque las reacciones locales fueron a veces de perplejidad, en su mayor parte fueron abrumadoramente positivas.

En este momento, como lo señala el artista Gustavo Artigas: “tal vez es más fácil para algunas personas no pensar en esto como arte”. Araújo, un panameño, adoptó un símbolo dominante de la debilitada economía de la región —carteleras comerciales vacías— para interrogar un dicho local: “La cosa está dura”. Una respuesta común a preguntas mundanas por el estilo de “¿Cómo está?”, “La cosa está dura”, resume la realista perseverancia con que los panameños han sobrellevado muchas crisis.

Esta depresión económica representa sólo una de las repercusiones de la salida de los militares estadounidenses que hasta hace poco mantuvieron el control de la Zona del Canal, una enorme franja selvática que bordea el canal navegable y que ha limitado el crecimiento de la ciudad por casi un siglo. Mientras Panamá celebra el aniversario de su independencia de Colombia, la nación enfrenta un futuro lleno de nuevas posibilidades y nuevas oportunidades para romper con su pasado. El panameño Gustavo Artigas ilustró esta oportunidad en el Museo de Historia de la ciudad. Con ayuda del departamento local de bomberos, Artigas encendió un fuego absolutamente convincente aunque simulado, en esta fuente de memoria cultural, atrayendo a cientos de conmovidos espectadores.

Exposición: Ciudad múltiple — imagen 2
Gu Xiong. Soy quien soy, 2003. Instalación en técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Miguel Lombardo y Francisco Barsallo.

Artistas e intelectuales locales han luchado por años contra la falta en Panamá de instituciones progresistas. La inspiración de los curadores de Ciudad Múltiple, Adrienne Samos y Gerardo Mosquera, fue tratar esta carencia no como un obstáculo sino como una ventaja. Su método curatorial descentralizado hizo uso de la apertura del escenario local. En lugar de ser dirigido desde arriba, artistas internacionales trabajaron junto con artistas del país, sacando provecho de esta amalgama de conocimiento especializado para adaptar su obra a la singular micropolítica de la ciudad. A cambio, muchos de sus habitantes —ingenieros, arquitectos, pintores de buses— recibieron un curso de arte innovador de primera mano.

El artista mexicano (vía Bélgica) Francis Alÿs y su colaborador, el brasileño Rafael Ortega, reclutaron un grupo de colaboradores locales así como un grupo grande de artistas nicaragüenses que estaban de visita, para que ayudaran en la ejecución de One Minute of Silence. Con Ortega grabando la acción, Alÿs y sus “agentes del silencio” descendieron sobre varios de los sitios más caóticos de la ciudad —un restaurante lleno de gente, un activo mercado callejero el salón de la lotería nacional— para suscitar entre la muchedumbre que pasaba un momento de silencio medido con precisión.

La banda de mi hogar, del artista panameño Humberto Vélez, fue partidaria del otro extremo. Durante la exposición, Vélez utilizó una de las bandas populares de marcha de la nación en una serie de celebraciones espontáneas por toda la ciudad. Elemento típico de los coloridos desfiles para celebrar la independencia del país, la presencia de la banda en estos contextos —en medio de los altos edificios de vidrio de los enclaves más ricos de la ciudad— subvirtió con humor y estilo los rígidos límites sociales de la ciudad.

Exposición: Ciudad múltiple — imagen 3
Ghada Amer. Proverbios chinos, 2003. Instalación en técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Fernando Bocanegra.

Mientras que las obras de Alÿs, Ortega y Vélez demostraron la desmaterialización del objeto de arte, nadie en Ciudad Múltiple lo hizo con tanta elegancia como el cubano Juan Andrés Milanés. Su escultura Abstraction in March estaba compuesta de cientos de cubos de hielo colocados sobre una rejilla plana. La vida de esta pista de patinar ad hoc fue breve bajo el sol tropical pero, a pesar de todo, logró llevar un entusiasmo desbordante a los niños de la ciudad, la mayoría de los cuales había visto tal cantidad de hielo sólo en películas y libros. Verlos patinando y deslizándose a través de la escultura fue presenciar una extraña victoria del arte público: una obra de arte disfrutada en igual medida por partidarios del arte y el público en general.

El escultor Yoan Capote, cubano también, se anotó un éxito similar con Analysis of Beauty. Una serie de pesados receptáculos para basura, equipados con ruedas, adquirió nueva importancia después de que Capote los cubrió con fina tela de tapicería y los colocó en un barrio oprimido del centro de la ciudad. De hecho, las esculturas fueron tan populares que, a pesar del continuo uso, se mantuvieron prácticamente impecables durante semanas. En realidad, ubicarlas se convirtió en un problema, porque los orgullosos residentes se la pasaban rodando las esculturas hasta sus propios callejones como símbolos de orgullo local.

Aunque la mayoría de los artistas de Ciudad Múltiple produjeron obras con un mensaje positivo —el colectivo italiano Artway of Thinking, por ejemplo, montó una ceremonia junto a la playa, destinada a sanar la relación a menudo antagonista de la ciudad con el mar—, otros aprovecharon el poder del arte para suscitar debate público. La artista egipcio-estadounidense Ghada Amer buscó la controversia con una serie de carteles, pintados por pintores vernáculos locales, que ilustraban proverbios selectos. Con ayuda de los artistas panameños Miki Fàbrega y Ramón Zafrani, Amer instaló estos carteles en diferentes sitios de la ciudad —la oficina del contralor estatal, el edificio de la administración de la Zona del Canal, una esquina entre un McDonald’s y un Wendy’s—, en donde se comentaría sobre la astuta dinámica del poder y el control. Al terminar la exposición, dos de los seis carteles habían desaparecido sin dejar rastro, mientras que un tercero había sido retirado por los organizadores de la exposición, siguiendo órdenes de la alcaldía.

Exposición: Ciudad múltiple — imagen 4
Juan Andrés Milanés. Abstracción en marzo, 2003. Imagen digital. Foto: José Manuel Castellón.

Aunque originalmente no fueron concebidas teniendo en mente la controversia, las frágiles esculturas del español Jesús Palomino lograron generar una respuesta similarmente dura. En este caso, la crítica provino de propietarios de inmuebles, muchos de los cuales sintieron que las estructuras evocaban con demasiada perfección los improvisados refugios que crecen durante la noche a los lados y detrás de los edificios de Panamá. En el caso de Palomino, las esculturas —a las que tituló Vendors and Squatters en homenaje a los dos grupos que, por lo general, son responsables de estos parásitos arquitectónicos— eran simplemente una extensión de su obra. Pero al retirarlas de su contexto de la galería, estas delicadas estructuras de papel, envoltura plástica y otros materiales efímeros, atinaban con uno de los rasgos únicos de la ciudad de Panamá: la profunda división entre dueños de finca raíz —los principales beneficiarios de la economía de mercado abierto del país, basada en el comercio— y las familias desposeídas que luchan por sobrevivir en, prácticamente, el mismo espacio físico.

Esta disparidad ilustra una forma en la que el canal, bendición y maldición a la vez, ha demostrado ser parte esencial tanto de la economía panameña como de su identidad nacional. Los administradores del canal, después de dar su aprobación inicial, al final rechazaron la propuesta del brasileño Cildo Meireles de pilotear a control remoto un modelo de un carguero en miniatura, en un viaje de ocho horas a través del canal. Preocupados aparentemente por el riesgo de un ataque terrorista, aunque tal vez más preocupados por la forma como este detalle podría desacreditar su propio profesionalismo, estos administradores reprogramaron tentativamente el performance para más tarde durante el verano.

La construcción del canal —iniciada originalmente por los franceses, quienes llevaron a trabajadores chinos a mediados del siglo XIX, y continuada luego por los estadounidenses, quienes llevaron a jamaiquinos y otros oriundos de las Indias Occidentales— contribuyó al mosaico cultural sorprendentemente diverso de Panamá. La identidad multivalente de estos inmigrantes fue el tema del artista chinocanadiense Gu Xiong en I Am Who I Am. Xiong entrevistó a miembros de la comunidad china local, algunas de cuyas familias han residido en Panamá por más de un siglo, y por último, colgó fotografías de estos entrevistados, superpuestas con sus declaraciones, para que ondearan sobre pancartas de colores brillantes por encima de una calle principal que atraviesa el barrio Chino de la ciudad. Fue un poderoso recordatorio de la multiplicidad que le dio a Ciudad Múltiple su inspiración, un recordatorio de que nada es simple en la ciudad del siglo XXI.

CRAIG GARRETT

Crítico de arte y cultura, Nueva York.

Ciudad múltiple, por Craig Garrett | artnexus