Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Carol Damian

Walter Goldfarb

Gary Nader Fine Art

Había un aire de misteriosa confusión que impregnaba la exposición de la última serie de obras de Walter Goldfarb titulada Far Beyond Dreams, tan perturbadora como atrayente. Las pinturas eran oscuras y grandes y evocaban de inmediato sensibilidades barrocas y tradiciones de la historia del arte. Los temas eran, desde luego, reconocibles, y a medida que entraban y salían lentamente de las profundas sombras, era como si, en efecto, estuvieran viajando a través de un mundo de sueños conceptualizados por un artista obsesionado con la trascendencia de sus formas y significado iconográfico. Hacían que el espectador se sintiera atraído a acercarse y lo invitaban a sumergirse en las negras profundidades de lo que pronto se revelaba como una superficie dispuesta en capas y frotada con carboncillo, interrumpida por franjas de témpera y, lo más extraordinario, hilos de lana bordados. La técnica es tan desconcertante como las asociaciones estéticas transmitidas por los temas. 

Goldfarb empezó con un lienzo crudo sin tratar y luego cubrió la superficie con carboncillo, no sólo como el medio para dibujar las imágenes o diseñar la composición, sino también como fondo. Después, sumergió el lienzo en una solución de cloro, el cual diluye el medio y produce escoriaciones y otras anomalías. Las imágenes se dibujan de nuevo con carboncillo para otra concentración de descripción saturada e intensa, y luego se sumerge otra vez el lienzo. El lavado da como resultado nuevas escoriaciones y sombras, y se aplica más carboncillo para reforzar las imágenes. Este proceso se repite seis o siete veces, y de la construcción-deconstrucción de los medios y el mensaje realizada por el artista surge una intensa atmósfera de ensueños oscurecidos. La transformación final del lienzo se lleva a cabo con la aplicación de puntadas multicolores de tapicería para realzar los detalles de las imágenes y hacer contraste con los valores blancos y negros de la superficie. 

Exposición Individual: Walter Goldfarb — imagen 1
Walter Goldfarb. Dale de beber, 2002. Bordado de gobelino en lana, hilo, carboncillo y témpera sobre lienzo burdo. 155 x 208 cm. (61 x 81 4/4 pulgadas).

Este contraste de técnica y textura refleja el contraste postmoderno de superficies artísticas neoexpresivas con escenas tomadas de la historia del arte tradicional; pasado y presente se funden en las imágenes fantasmales apenas obtenibles después del lavado y el claro surgimiento de los temas descritos en contornos de color blanco opaco e hilo. La gente y los lugares van a la deriva en esta atmósfera nocturna. Las obras maestras de Vermeer, Velázquez y Rembrandt están fragmentadas y flotando, en somnolienta reminiscencia de la Edad de Oro y los talleres de tapicería de gobelinos, introducidos al mundo moderno. Hay una manipulación psicológica y estética que resulta de estas apropiaciones. Goldfarb toma posesión de dibujos, pinturas y planos arquitectónicos que son íconos del pasado y los introduce a la fuerza en el presente mediante una técnica que requiere mucha mano de obra y mucho tiempo, y luego los manipula y distorsiona conceptual y contextualmente. 

Hay temas mitológicos y religiosos, interpretaciones arquitectónicas y dramáticas reinterpretaciones de obras maestras barrocas transformadas a partir de su contexto original y esplendor material en indistintos y misteriosos productos de la imaginación, o sueños. Es como si ellos fueran las respuestas negativas a una investigación fotográfica que se dejó incompleta. En On Summer Time of Venus and Metamorphoses, 2002, las tres Gracias danzan como débiles contornos escasamente definidos del claroscuro de las sombras del fondo. De repente, una “bufanda” se transforma mediante el bordado en un resplandor de amarillos. No menos teatral es la reunión ritual de las tres figuras alrededor de una mesa en Give Her to Drink, 2002, en la cual una pequeña figura femenina creada con hilos de rosados y blancos es presentada como ofrenda. Las expresiones son igualmente sorprendentes en Equilibrist and Juggler, 2002, que ofrece a dos conocidos personajes de Velázquez una figura femenina bordada, en miniatura.

 Construcciones arquitectónicas, elevaciones y dibujos también se trasladan particularmente bien por medio de la singular técnica de Goldfarb. Palacios españoles y paisajes urbanos emergen de la oscuridad para flotar en un espacio eterno en complejas versiones en las que puntadas de hilo blanco parecen señalar tiempo y lugar como indicadores conmemorativos. Lo real y lo imaginario se unen con el esplendor perdido y hace tiempo olvidado del barroco para cobrar vida y conmemorar un período de gran importancia para todos los artistas. Para Walter Goldfarb, la Edad de Oro también tiene el potencial para introducir otras ideas más allá de la técnica magistral y la destreza artística. Él lo ve como un punto de partida para la exploración de conceptos sobre género, conquista, gobierno, patrocinio y clase que no estuvieron abiertos para discusión en ese tiempo pero que pueden abordarse hoy con libertad e imaginación. De este modo, el pasado cobra vida y busca nuestra contemplación y revaluación.

CAROL DAMIAN

Walter Goldfarb, por Carol Damian | artnexus