VIII Bienal de Arte de Bogotá

Miguel Ángel Rojas. Grano, 1981. Tiempras calizas y pigmento sobre piso y dibujo. Dimensiones variables. Realización específica para la VIII Bienal del Arte de Bogotá.

Bienalabr 2003 - jun 2003· Por Marta Rodríguez

VIII Bienal de Arte de Bogotá

Bogotá, Colombia

La Bienal de Bogotá que se viene realizando de forma ininterrumpida desde hace 14 años, es junto con el Premio Luis Caballero y el Salón Nacional, una de las actividades artísticas más importantes en Colombia y desde un comienzo se ha propuesto hacer señalamientos acerca de las tendencias o actitudes del arte contemporáneo, evidenciando una ruptura generacional con los paradigmas del arte moderno.

Desde mediados de Diciembre hasta comienzos de Febrero se llevó a cabo la octava versión de la Bienal de Bogotá que fue exhibida en distintos sitios de la ciudad con el fin de “agilizar los procesos de divulgación y difusión del arte colombiano contemporáneo (...) y dinamizando la ciudad por medio de este ampliado mapa cultural". Estos lugares fueron los museos de Arte Moderno, Desarrollo Urbano y Arte Contemporáneo, así como las nuevas Bibliotecas del Tunal y el Tintal. Contó con la participación de 25 artistas y dentro de esta muestra se incluyeron once obras consideradas como hitos, o referentes históricos de la historia del arte colombiano. Los curadores de este evento que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y del Instituto de Cultura y Turismo, fueron Jaime Cerón, Ana María Lozano, Fernando Escobar y Fernando Uhía.

La Bienal de Bogotá que se viene realizando de forma ininterrumpida desde hace 14 años, es junto con el Premio Luis Caballero y el Salón Nacional, una de las actividades artísticas más importantes en Colombia; bajo las distintas modalidades de convocatoria y selección, acoge a artistas de distintas zonas del país y desde un comienzo, siguiendo los lineamientos del Salón Atenas que también se realizaba en el Museo de Arte Moderno, se ha propuesto hacer señalamientos acerca de las tendencias o actitudes del arte contemporáneo, evidenciando una ruptura generacional con los paradigmas del arte moderno.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 1
Bernardo Salcedo. Primera lección, 1970. Serigrafía y dúco sobre madera. 450 × 270 cm (177 × 106 1/2 pulgadas). Colección Museo de Arte Moderno de Bogotá.

La estructura de la presente Bienal hace pensar en los comentarios de la crítica española Anna María Guash1 acerca del papel que han asumido ciertas exposiciones de la segunda parte del siglo XX y comienzos del XXI, cuyo trabajo curatorial implica una cierta redefinición del arte y sus funciones, razón por la que han venido a reemplazar los manifiestos de las vanguardias. “Las exposiciones de la posmodernidad —comenta la autora— se podrían comparar a ecosistemas, es decir, a sistemas de naturaleza interactiva que no sólo contienen a los creadores, sus obras y los discursos narrativos de los comisarios de unos determinados espacios (galería, museo, entorno público, etc.), sino que los ponen en relación con el público y la crítica. Como afirma J.-M. Poinsot, las exposiciones no ponen en pie únicamente el proyecto estético de los artistas, sino que activan otros proyectos y discursos encaminados tanto a escribir la historia y organizar la temporalidad del arte contemporáneo como a hacer del arte una utopía social“.

“En tal sentido —continúa Guash—, las exposiciones han pasado a formar parte de la conciencia de nuestra época; pero sus nuevas estrategias artísticas, más preocupadas por la contextualización de la obra de arte que por la presentación de registros formales, las han llevado a ser además, ‘situaciones didácticas’ en las que las obras y discursos inherentes a ellas inducen o provocan una determinada respuesta por parte del público, respuesta que a su vez se convierte en parte integrante de la exposición"2.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 2
Beatriz González. Naturaleza casi muerta, 1970. Esmalte sintético sobre lámina de metal ensamblada en mueble. 125 × 125 × 95 cm (50 × 50 × 37 1/2 pulgadas). Colección Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Esta nueva versión de la Bienal, estuvo acompañada de un encuentro teórico en el que se proponía una discusión sobre algunos aspectos del arte contemporáneo, y en cuanto a los criterios curatoriales, como lo anota Jaime Cerón, se siguió un lineamiento cercano al de Hal Foster3: tuvieron en cuenta la vinculación del arte con lo “real“, como una tendencia generalizada del arte de nuestro tiempo. Los planteamientos del curador evidencian una plena conciencia de que “las formas de encuentro entre el arte y lo real, son plurales, dado que responden a las posturas y creencias desde las cuales se orientan esos encuentros". Agrega que frente a una misma experiencia los artistas se manifiestan de forma heterogénea. Y concluye Cerón: “Este retorno —a lo real— no sería otra cosa que una respuesta crítica efectiva a las condiciones de nuestro presente socio político y cultural"4. De esta manera se tuvo en cuenta la situación que vive actualmente Colombia, así, para la escogencia de las obras y los artistas, se tuvo en cuenta la frase “pulsión de vida y pulsión de muerte en el arte colombiano contemporáneo“.

Para la selección de los artistas se acudió a un mecanismo similar al de los Salones Nacionales, cada curador procedió a visitar una zona del país, y en la zona central donde se encuentran congregados la mayor parte de los artistas, actuaron los cuatro miembros del comité. Los 25 artistas seleccionados fueron Pedro Adarme, Marta Amorocho, Jaime Ávila, Johnny Benjumea, Andrés Burbano, Johanna Calle, Juan Carlos Dávila, Andrés Duplat, Wilson Díaz, Víctor Garcés, Ethel Gilmour, Wolfgang Guarín, Marco Mojica, Delcy Morelos, Óscar Muñoz, Gloria Posada, Libia Posada, Proyecto colectivo de creación plástica, dirigido por Raúl Cristancho, Miguel Ángel Rojas, Manuel Santana, Jaime Tarazona, Luis Serna, Carlos Uribe, Giovanni Vargas y Byron Vélez. Todas las obras seleccionadas datan de los últimos cuatro años.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 3
Óscar Muñoz. Serie Biografías, 2002. Videoinstalación. 7 min. c/u.

Con la inclusión en la Bienal de algunos referentes históricos se buscaba que las nuevas generaciones conocieran estas obras significativas que adquieren una singular importancia en la época actual. Según Ana María Lozano: “Este grupo de once obras compartirá espacios con los trabajos de los veinticinco participantes, conformando a través del cruce de sentidos, de la diversidad de posturas y estrategias, un texto que logre propiciar una verdadera reflexión sobre el país y su acontecer actual y no proponer un evento más, exhibición de genialidades y superproducciones. Desde el ámbito del arte, como ámbito de pensamiento y no como lugar de prestigio, proponemos una puesta al día de problemas acuciantes de hoy, el primero de los cuales es posiblemente, la cotidianización de la muerte"5.

Como hitos de la historia del arte colombiano se seleccionaron dos obras que giran en torno al tema de la violencia que ocupó a muchos artistas entre ellos a Alejandro Obregón; una de ellas es Piel al sol, de la serie Violencia de Luis Ángel Rengifo, y La cosecha de los violentos, de Alfonso Quijano. Rengifo fue un excelente grabador que en 1963 abrió camino a lo que se ha llamado la Gráfica testimonial que se prolongó hasta la década de 1970. Quijano es el artista que ha realizado las xilografías más memorables del país. Estas dos obras a través de un lenguaje directo aluden a la muerte generada por la violencia rural que comenzó a vivir el país en la década del cincuenta.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 4
Johanna Calle. Efluvios, 202. Lápiz y tinta sobre papel. 7 imágenes. Dimensiones variables.

Tres obras permiten acceder a los inicios del arte conceptual en Colombia, esta nueva manifestación que es la primera en abandonar los principios puramente formales, tiene un claro matiz político. Una obra pionera en este campo es Primera lección de 1970, de Bernardo Salcedo, una valla realizada en serigrafía sobre madera, compuesta por cinco cuerpos y en cada una de ellos se van eliminando los distintos elementos que conforman el escudo de Colombia, de manera que al omitir los cóndores, la abundancia, la libertad y el canal, el artista con fino humor llega a la conclusión que no hay escudo ni hay patria. Las partes de esta obra se presentaron de forma diseminada a lo largo del Museo de Arte Moderno, de manera que el trayecto del espectador se iniciaba y concluía con ella, lo que obligaba al público a hacer una memorización y recomposición de la misma. También se incluyó la obra Colombia de Antonio Caro, en la que el artista utiliza las letras de Coca Cola sobre un fondo rojo, el mismo rojo utilizado por la bebida más famosa del mundo, donde escribió con letras blancas Colombia. El juego de lenguaje y de imagen empleado ha convertido a esta pieza en una de las obras más memorables de fines de la década del setenta. También se incluyó Río Cauca de Alicia Barney, un trabajo interdisciplinario realizado en compañía de un biólogo en el sitio, donde se recogieron muestras de agua de distintas partes del río con el fin de mostrar los niveles de contaminación ocasionados por la presencia de la industria, particularmente por las refinerías. En estos trabajos como lo anota Ana María Lozano, refiriéndose a la obra de Alicia Barney, se hace explícito que el arte incursiona en una reflexión que propicia un señalamiento político de manera que las intenciones de los artistas rebasan lo formal.

La Cuja de Feliza Bursztyn marca un hito en la escultura en Colombia pues es una obra que se realiza en un momento en el que la escultura abstracta se consolida en nuestro país y Feliza Bursztyn además de utilizar en primera instancia chatarra, material de desecho, en el 68, toma un catre para hacer un objeto con connotaciones eróticas, no una escultura en el término convencional. Con esta obra, Feliza Bursztyn, con ingenio e irreverencia, abre otros caminos al arte colombiano más relacionados con el espíritu del Nuevo realismo francés, y conlleva con su postura un alejamiento de los postulados del arte moderno.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 5
Jaime Ávila. La vida es una pasarela, 2002. Instalación fotográfica. Dimensiones variables,

Los muebles de Beatriz González en su conjunto, así como otras obras de su autoría, son sin duda alguna un hito en la historia del arte colombiano. Para esta Bienal se seleccionó Naturaleza casi muerta perteneciente a la colección del Museo de Arte Moderno, otra obra tridimensional pero que hace parte del mundo de la pintura. Naturaleza casi muerta es una cama metálica que se vende en almacenes populares como el afamado pasaje Rivas;6 sobre ella, con esmalte, se pinta con colores planos una escena del Cristo caído; el título, el soporte y la iconografía de esta imagen, realizan un juego conceptual y humorístico cuyo espíritu se relaciona con las obras de Salcedo, Caro y Bursztyn.

Durante la década de 1970 surgió una generación de dibujantes a la que pertenecieron Miguel Ángel Rojas y Óscar Muñoz. Estos dos artistas tienen dentro de su producción varias obras inolvidables, entre ellas, las cortinas de baño de Muñoz. Para la Bienal, se seleccionaron Grano, del primero, la primera instalación que se realiza en la historia del arte colombiano y Aliento del segundo, un trabajo en el que se coloca en primer plano la actividad del espectador como un dispositivo fundamental que activa y completa la obra. Para los que vimos Grano en su primera versión en 1981, este dibujo hiperrealista que representaba las baldosas mediante un dibujo realizado en el piso real de las salas de proyectos del Museo de Arte Moderno, otorgó una experiencia perdurable que mostraba otras posibilidades de soporte para el dibujo que van más allá del uso del papel. Para esta segunda versión, Miguel Ángel Rojas, utilizó pigmentos de color rojizo lo que imprime un aspecto distinto a la obra inicial que se había realizado con tierras grises, pero en ambas ocasiones extraídas por el artista de su lugar natal. Aliento de Oscar Muñoz fue realizada para la V Bienal de Arte de Bogotá en 1997, es una obra que se completa o se crea en el momento en el que el espectador se acerca a unos círculos de acero y exhala sobre ellos, en ese instante de forma breve se hacen visibles, sobre el rostro del espectador que se refleja en la superficie brillante y pulida, unas imágenes fotográficas sacadas del periódico en las que se muestran los retratos y los datos de gente desaparecida que se han impreso sobre el metal. También como referentes históricos se incluyeron las instalaciones de Danilo Dueñas y de Nadín Ospina, dos trabajos que reflexionan sobre la condición contemporánea de la obra de arte. A juicio de Ana María Lozano la instalación Fausto de Nadín Ospina despoja a la obra de la noción de autoría, pues esta es realizada con la fragmentación de una tela de otro artista, Carlos Salas Silva.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 6
Feliza Bursztyn. Cuja, 1974. Metal soldado. 4/15. 22,5 × 10,3 × 15,5 cm (9 × 4 × 6 pulgadas). Colección Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Miguel Ángel Rojas y Óscar Muñoz, además de contar con obra dentro de las referencias históricas, también fueron seleccionados para mostrar obra reciente. El comité curatorial escogió para esta muestra un trabajo de Miguel Ángel Rojas de 2000 que ya se había mostrado en la Galería Valenzuela y Klenner, titulado Nowadays. Podría considerarse como otro dibujo realizado con pequeños círculos de hojas de coca con los que se escribe el título de una de las obras más importantes del arte pop: Just What Is It That Makes Today ´s Homes So Different, So Appealing? Nuevamente nos encontramos ante un lenguaje que como en el caso de Coca Cola de Antonio Caro, crea un juego irónico que a través de una referencia foránea habla de Colombia. Biografías de Óscar Muñoz es una instalación que consta de cinco video proyecciones sobre el piso, en la mitad de ellas se ha colocado un sifón y sobre este se proyectan imágenes de rostros anónimos que lentamente se van disolviendo hasta convertirse en una mancha que se va por el sifón mientras un ruido enfatiza la disolución dramática de la imagen. En este trabajo se continúa con la desaparición de la imagen iniciada con los Narcisos que también crea una similitud con la disolución de la imagen en Aliento.

Johanna Calle quien como Muñoz utiliza frecuentemente imágenes de los periódicos, tenía dos obras, en el Museo de Desarrollo Urbano exhibió un conjunto de dibujos realizados con improntas de alambre sobre caseína que con mucha delicadeza muestran rostros de niños y de jóvenes dormidos rodeados por una especie de aureola. La impresión que se tiene es que no se sabe si los niños, que en este país están sujetos al maltrato y al abandono, duermen o están muertos. En el Museo de Arte Moderno tenía una extensa serie de acuarelas en las que muestra a la gente saliendo con sus objetos domésticos, con los niños alzados salvándolos de inundaciones; imágenes que diariamente vemos en noticieros y en la prensa cuando uno de los numerosos ríos que se desbordan año tras año arrasan con barrios y poblaciones.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 7
Andrés Burbano y Freddy Arias. Sinfonía de entropía, 2000. Video. 6:30 min.

Andrés Burbano y Wilson Díaz, trabajaron con vídeo utilizando estrategias muy distintas, pero igualmente efectivas para mostrar distintas caras del conflicto colombiano. Burbano logra un sofisticado trabajo de edición, en Sinfonía de entropía, realizado con Freddy Arias.  Se intercalan imágenes de distintos acontecimientos trágicos de la historia de Bogotá. Wilson Díaz con su vídeo Retrato de 2002 se aparta del mundo urbano para incursionar en el mundo rural. Viajó a la zona de distensión del Caguán y entrevistó a un joven miembro de la guerrilla quien a través de una entrevista nos va dando un retrato hablado de su situación, mientras Wilson Díaz realiza un retrato “académico“, un boceto en lápiz sobre papel en el que busca algún parecido con su modelo.

El trabajo de Jaime Ávila titulado La vida es una pasarela, también alude a la ciudad de Bogotá; estaba compuesto por once pares de fotografías. En cada uno de ellas aparece la imagen de un personaje de la calle y en la otra una vista de alguna calle un poco sórdida y solitaria de la ciudad. Esta última fotografía se iluminaba con pequeños orificios por los que pasaba una luz a veces roja, amarilla, o blanca. Los personajes de la calle efectivamente posan ante el  lente de Ávila asumiendo la calle donde se vive una vida de extrema dureza, como una pasarela en la que cada uno exhibe sus atuendos sucios, desgastados y harapientos. Siguiendo con las miradas sobre la realidad urbana Giovanni Vargas presentó un muñeco realizado con Juan Mejía. Se trata de un personaje de la calle hecho en madera y vestido, de tamaño natural, que tiene en sus manos un frasco de vidrio que contiene algún extraño órgano animal o humano. En el agua viscosa en la que flota no es posible determinar exactamente lo que es. Ocasionalmente este personaje canta algo tan indescifrable como el objeto del frasco, pero su presencia es absolutamente inquietante. A la inquietud se le suma el nombre de la obra: Eufemismo, término que indica un modo de expresar con suavidad y decoro alguna idea dura y malsonante. Evidentemente este personaje oscila entre el terror y la ternura, pero todos sabemos que se refiere a situaciones de pena, dolor y abandono.

Bienal: VIII Bienal de Arte de Bogotá — imagen 8
Proyecto colectivo de creación plástica. Ciudad Kennedy, memoria y realidad, 2002. Obras documentales realizadas en diferentes técnicas.

Delcy Morelos, Marco Mojica y Ethel Gilmour, estuvieron presentes con obra pictórica. La fotografía tuvo una importante presencia en esta Bienal, por ejemplo en la instalación de Gloria Posada en la que se crea un mapa territorial con la ampliación digital de las manos de una mujer desplazada; en la obra de Pablo Adarme en la que él mismo se coloca como modelo de una crónica de desastres; Marta Amorocho utiliza la fotografía para aludir a un cuerpo herido con una aguja; Andrés Duplat  se detiene en los envases de gasolina que la gente del campo y de las zonas urbanas marginadas utiliza como combustible para cocinar. Jaime Tarazona realiza una llamativa instalación titulada Subdesarrollo en la que amplía a tamaño natural unas hojas de plátano, que en primera instancia confunden al visitante con la ilusión de realidad. Estas hojas se secan con el aire de dos primitivos ventiladores.

En las Bibliotecas del Tintal y el Tunal se presentaron dos proyectos colectivos. En la primera se mostró Echando lápiz un trabajo de Manuel Santana en colaboración con Graciela Duarte. Se trata de una reflexión que se hace desde la relación que se establece entre la naturaleza y el mundo urbano, sobre “los supuestos culturales“ que se evidencian en la representación de la naturaleza. Este trabajo como otros que ha realizado Manuel Santana, como bien lo anota Jaime Cerón, es «un intento por vitalizar y expandir la función del arte».

En el Tintal se mostró uno de los trabajos más interesantes de la Bienal del Proyecto colectivo de creación plástica dirigido por Raúl Cristancho, titulado Ciudad Kennedy memoria y realidad. Este trabajo se realizó con una Beca del Instituto de investigaciones de Bogotá del Distrito entidad que hizo un convenio con distintas facultades de la Universidad Nacional. El proyecto de Raúl Cristancho ganó en el área de artes y parte de un punto de la realidad del barrio Kennedy, fundado por el presidente norteamericano como parte de la Alianza para el progreso, cuya existencia se ubica en lo político, se vincula con lo social y hoy hace parte de lo histórico. Este grupo conformado por estudiantes y recién egresados de la Universidad Nacional indagó en la memoria de sus habitantes, en la que la imagen del presidente y su esposa permanece entre los más antiguos pobladores del barrio y de esta experiencia se creó un vídeo en el que se contrasta el ayer y el ahora; también se realizó una instalación en la que se muestra cómo en el mobiliario de los habitantes de la localidad prevalece la imagen del presidente a través de tapices, fotografías, figuras, placas y estampas; otros trabajaron a través de registros fotográficos que muestran la transformación de las fachadas y la calidad de los interiores, así como la incidencia de la presencia de Jaqueline Kennedy en los modos de vestir de las señoras del barrio y alguno indagó en el álbum familiar. Inicialmente el proyecto se presentó en una casa del barrio y de esta manera se dio una real interacción con la comunidad activando así las nociones de realidad, identidad y memoria del barrio y sus habitantes.

La política de la Bienal queda expuesta en cuatro ensayos de cada uno de los curadores que se incluyen en el catálogo.

NOTAS

1. Anna María Guash, Los manifiestos del arte moderno, textos de exposiciones, 1980 - 1995, Ediciones el Akal, Madrid, 2000.

2. ibid. p.5.

3. Hal Foster, El retorno de lo real, Editorial Akal, Madrid, 2001.

4. Jaime Cerón, “Pulsiones, síntomas y señales del arte colombiano en un nuevo siglo”, catálogo VIII Bienal de arte Mambo, Bogotá, 2002.

5. Ana María Lozano, catálogo VIII Bienal de arte Mambo, Bogotá, 2002.

6. El pasaje Rivas es una tradicional galería comercial ubicada en el centro de la ciudad de Bogotá, en el que se encuentran muebles, objetos y ropa a precios muy módicos, donde es posible encontrar objetos absolutamente populares.

MARTA RODRÍGUEZ

Profesora de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

VIII Bienal de Arte de Bogotá, por Marta Rodríguez | artnexus