Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Carla Zaccagnini

Mauricio Dias y Walter Riedweg

Centro Cultural Banco do Brasil

El otro empieza donde nuestros sentidos se encuentran con el mundo. Así se tituló la primera presentación monográfica de la obra de Dias y Riedweg, bajo la curaduría de Catherine David, que reunió diez de las videoinstalaciones realizadas por los artistas desde que comenzaron su trabajo conjunto en 1993. La investigación que el dúo de artistas ha desarrollado desde entonces se enfoca en las diversas formas de percepción y su relación con la imaginación y la memoria, tomando como base grupos de individuos que, por diferentes motivos, podemos identificar como el otro. 

Exposición Individual: Mauricio Dias y Walter Riedweg — imagen 1
Mauricio Dias y Walter Riedgweg. Deus boca (Boca de Dios), 2002. Video instalación. Dimensiones variables.

El brasileño Mauricio Dias y el suizo Walter Riedweg han encontrado en el video una herramienta eficaz, ya sea para documentar las actividades que proponen a esos grupos, o para permitir que ese otro registre su mirada, ya sea filmando una narrativa ficcional o capturando un recorte de la realidad organizado por un guion. Este entendimiento amplio de las posibilidades del medio se hace visible en las diversas formas que adquiere la imagen en movimiento en las videoinstalaciones presentadas en el CCBB: una televisión simple muestra un video de tres minutos en el que un niño cuenta, con muchos gestos, cómo su padre sacrificará una oveja para el Baihran (A festa de Mustafá, 1999); tres proyecciones gigantes ocupan toda la pared de una sala, construyendo una narrativa intrincada a partir de 11 pequeñas historias (Isto não é o Egito, 1999); bocas que repiten nombres de amantes son proyectadas sobre una sábana cosida a una tira de otras sábanas (Meu nome na tua boca, 2000). En la reciente Deus é boca (2002), cuatro retroproyecciones rodean al espectador con escenas que cambian continuamente y a gran velocidad, mostrando cantantes, programas de televisión, rituales de candomblé, padres católicos y una lista de frases que identifican a Dios con otras palabras de cuatro letras. Al fondo de la sala, una mujer vestida como lo hacen las baianas en rituales religiosos o en barrios turísticos, sorteando números como en un bingo. Rodeada por cuatro paredes de vidrio y moviéndose solamente cuando una luz la ilumina, la actriz se asemeja a una presencia digital. No obstante, el mismo entendimiento complejo que los artistas tienen del video también les permite reconocer los límites del medio y diferenciar entre una acción real que se repite incesantemente y una proyección, en la cual el sorteo perdería su dimensión casual. 

Claro que esta compleja utilización del video, como recurso y como materia, proviene de las situaciones en las que Dias y Riedweg trabajan y del funcionamiento intrínseco de sus propuestas. Sus proyectos, que involucran a una cantidad de individuos o grupos y de procedimientos, a menudo utilizan el video en diversos momentos, con diferentes funciones y formas. Un buen ejemplo es Belo é também aquilo que não foi visto (2002), proyecto realizado a partir de talleres en el Instituto Benjamin Constant (Río de Janeiro), que atiende a personas con problemas de visión. Tres meses de laboratorios experimentales, en los cuales los asistentes del instituto relacionan sensaciones táctiles, olfativas y sonoras con sus recuerdos e imaginación, fueron registrados en video. Una selección de este material se muestra dentro de un cajón de los que componen los tres muebles oscuros que ocupan gran parte de la instalación en el CCBB, réplicas del que se ha utilizado durante 148 años para los estudios de geografía nacional en el Benjamin Constant. Entre los mapas en relieve de los estados brasileños, que ofrecen a los visitantes la oportunidad inédita de reconocer el país a través del tacto, se encuentran los relatos y descripciones sorprendentemente visuales de los estudiantes. Además, cuatro proyecciones sobre una pared muestran, desde diferentes ángulos, la misma escena: una mujer ciega lee en braille textos de Homero y Borges (ambos también ciegos) frente a la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro. Una quinta proyección muestra, con un retraso de 15 segundos, el registro de una cámara de vigilancia situada en el pasillo que lleva a la instalación, de manera que los visitantes ven su propia imagen en el momento inmediatamente anterior a su experiencia presente. 

De manera análoga, cada una de las videoinstalaciones de Dias y Riedweg resulta de un funcionamiento complejo, de una serie de encuentros y actividades desarrolladas con diversos grupos de personas, unidos por una realidad económica, una función social, una deficiencia física, algunas búsquedas y necesidades, un conjunto de circunstancias y condiciones. Cada trabajo abarca una serie de etapas que van desde la identificación de esos grupos preexistentes hasta la definición de una forma de presentación de los resultados que posicione al público frente a la alteridad, pasando por actividades que trabajan la percepción y la expresión de los individuos participantes. Cada proyecto se desarrolla en la experiencia de esos individuos durante las actividades propuestas por los artistas y en la experiencia del público frente a los resultados presentados. Muchas veces, aunque no sea este el caso del CCBB, la exposición misma forma parte del proceso de construcción de la obra, funcionando como un nuevo espacio para el registro de imágenes o relatos y para la recopilación de materiales que agreguen significados. 

En este punto, es necesario señalar que, a pesar de la impecable selección y presentación de las obras, reunir estos diez proyectos todos juntos y en secuencia dificulta la comprensión del complejo y respetuoso proceso que los construye; ya sea porque el tiempo dedicado a cada obra es considerable, debido a la duración de los registros en video, o porque el espacio, casi completamente oscuro como lo requieren las proyecciones, borra las distancias entre ellas. El entrar y salir de salas que condensan experiencias como las descritas termina por colocarnos, como visitantes, en una posición casi turística. Es difícil evitar una mirada curiosa hacia lo ajeno, con un distanciamiento antropológico que nos conduce por Suiza, Brasil, Egipto, México o Sudáfrica, acompañado de una cierta ansiedad al estar viendo no solo dónde empieza el otro, sino también dónde termina. 

Tal vez la mejor manera de mostrar un conjunto tan significativo de obras como las de Dias y Riedweg, que por su complejidad requieren un mayor detenimiento para ser comprendidas, sería una exposición en la cual una instalación suceda a otra en el tiempo, no en el espacio. Presentaciones subsecuentes, con intervalos que permitan entender y digerir cada una de las obras, con el mismo respeto con el que los artistas intervienen en cada comunidad y el mismo cuidado con el que proponen cada aproximación a lo real, podrían proporcionar el entendimiento profundo que estas obras requieren.

CARLA ZACCAGNINI

Mauricio Dias y Walter Riedweg, por Carla Zaccagnini | artnexus