La reciente exposición de María Elena González reveló un uso ecléctico de una amplia gama de medios, y esta extensa heterogeneidad formal impulsó una imagen dominante en la exhibición: una torre eléctrica. Al igual que la diversidad de materiales de la exposición, esta imagen estaba configurada en una miríada de formas, tales como una escultura de vidrio de unas diez pulgadas de alto colocada en un pedestal escultórico; una pieza que se ubicaba en algún punto entre pintura y escultura, que consistía en las uñas de la artista colocadas horizontalmente y moldeadas en una torre eléctrica; y una serie de negativos fotográficos alterados correspondientes a torres eléctricas colocados contra un fondo negro. Debido a su calidad borrosa, las fotografías se extendían al ámbito de la pintura, aunque entre figuración y abstracción. Como obras que están situadas en el intersticio de la fotografía y la pintura, entre la mímesis y la abstracción, González parece estar ocupándose de problemas formales. Sin embargo, estas dicotomías estéticas, de las cuales se pueden extrapolar muchas más, son puntos de partida para numerosas investigaciones narrativas arraigadas en la posición central de la imagen dominante de la exposición.

El enfoque temático general de la exhibición era la ansiedad. Esto se ejemplificó con el uso de uñas y de lo que puede interpretarse como una respuesta paradójica hacia la tecnología: las amenazadoras torres eléctricas son a la vez vehículos de luz a través de la electricidad y una posible causa de cáncer. Revelando esta ambigüedad en las obras basadas en fotografías estaba la tensión entre una austera composición, casi gótica, por medio de la cualidad de oscurecimiento general de la pintura, acentuada por lo que parecían ser corrientes eléctricas, y el ángulo de visión entre el espectador y las torres, donde el primero estaba subordinado a las últimas. La disparidad entre el espectador y la obra de arte también resaltaba el trasfondo sublime de la pintura. Lo sublime puede remontarse a Edmund Burke y Emmanuel Kant, quienes proponían que la naturaleza es una fuerza de mayor magnitud que la humanidad. Después del lanzamiento de la bomba atómica, el genio que salió de la botella con una fuerza catastrófica fue la tecnología, ofreciendo posteriormente una nueva interpretación de Burke y Kant que puede llamarse lo sublime ansioso. Las torres eléctricas de González surcan la estela de esta tradición, y la ansiedad que se demuestra de manera personal en el idiosincrásico medio de uñas, así como el diferencial óptico entre espectador e imagen, adquiere ahora proporciones más generales. Los tropos que ayudan a transmitir esto en las pinturas nos recuerdan la obra fotográfica del constructivista ruso Rodchenko, y la exploración de las cualidades estéticas de las torres mismas tiene afinidades con la obra de los fotógrafos alemanes Bernd y Hilla Becher. Aparte de las obras que se encontraban en la galería del primer piso, la pieza más ambiciosa de la exposición estaba ubicada en el segundo piso.
La obra, titulada Window Wave, consistía en una intervención del espacio físico en donde el piso medio de la galería se expandió hasta alcanzar la ventana, creando una especie de ola arquitectónica. Uno no podía dejar de pensar en otros artistas que han empleado esta estrategia: muy en especial Vito Acconci y su Seedbed. En ella, el artista se escondió dentro del piso de la galería, que fue levantado en ángulo con una cuña; escondido en este recoveco, Acconci se masturbaba mientras el público escuchaba la parte audible de su acto. El gesto de Acconci fue interpretado como un ataque al minimalismo; González potencia esto, así como reinterpreta la pieza de Acconci en un registro totalmente diferente. Las connotaciones feministas de la obra de González son evidentes, aunque están articuladas con una inteligencia conceptual y elegancia, y no son de ninguna manera ideológicas. Esta ha sido una marca registrada del arte de González en general. El tema de su obra anterior se ha ocupado de una panoplia de problemas que pueden interpretarse como de naturaleza política. Sin embargo, ella ha logrado escapar de las trampas de la obra basada en la identidad, que puede sucumbir al didacticismo, a través de una sofisticada poética visual cifrada en esta exposición por medio de una serie de prácticas artísticas: escultura, fotografía, pintura, instalación específica para un sitio y arquitectura.
RAÚL ZAMUDIO
