Fragmento y universo

Alexander Apóstol. De la serie ¿Qué estás buscando?, 2002. Fotografía.*

Colectivaabr 2003 - jun 2003· Por Sonia Casanova

Fragmento y universo

Sala de arte de la corp banca

Fragmento y universo presenta creaciones recientes de importantes artistas venezolanos dentro de una reflexión sobre el universo del arte contemporáneo. Las obras con características comunes, formales o de contenido, conforman mundos semánticos dentro de la exposición. Las partes, fracciones o áreas de interés de los artistas serían los fragmentos del discurso, así como las obras de arte en sí mismas. La curaduría tomó el riesgo de trabajar sobre una estética de lo fragmentario, de hacer un discurso abarcando  un universo dividido en partes, lo que permite la reunión de múltiples manifestaciones artísticas. El espectador puede observar nuevas asociaciones y líneas comunes entre búsquedas diversas. Los artistas mismos reflexionaron a través de sus obras —en performances y por escrito—, sobre las manifestaciones del universo y sus fragmentos.

Los discursos totalizadores del arte del pasado y la creencia en un camino único para las búsquedas artísticas —siquiera por un corto período de tiempo— así como la definición unívoca de lo que es un artista han dado paso a un panorama más complejo en el que conviven diferentes visiones. La pertenencia o enfrentamiento a la Academia, al arte oficial, a la vanguardia previa, que marcaban rutas y estéticas precisas a seguir, ha dado paso a la preeminencia de las opciones individuales. Un factor común es la conciencia de los artistas de estar trabajando dentro de un aspecto del arte, de enfocar una parte del todo. La investigación de los artistas enfatiza sobre una o varias áreas dentro de las posibilidades que ofrece un universo expandido.

Colectiva: Fragmento y universo — imagen 1
Meyer Vaisman. Filler, 1987. Tela impresa y grasa. 214 x 152 x 12 cm. (84 1/3 x 60 x 8 1/3 pulgadas). Fotos de Charlie Riestra.*

La ciudad de Caracas ha sido invadida por las pasiones políticas que han permeado la vida pública y privada de los venezolanos. La Sala de Arte Corp Banca está ubicada a unas pocas cuadras de la Plaza Altamira, la cual para el momento de la inauguración estaba tomada por militares de alto rango en desobediencia civil. Los artistas no son indiferentes a la situación política, y sorprende la relación inmediata entre la temática de algunas obras y sus circunstancias. La primera área temática que se presenta al espectador comprende obras referidas a la fragmentación de la sociedad y los problemas de la guerra, al consumo de masas, las migraciones y la fractura sociopolítica. Javier Téllez y Sandra Vivas toman la pasión política y la transmutan en reflexión.

Junto a su investigación consecuente sobre las manifestaciones de la locura, Javier Téllez ha ido introduciendo símbolos relativos a la actualidad venezolana. En la videoinstalación de Téllez se identifica a un organismo que ha sido blanco de agresiones políticas, la Policía Metropolitana de Caracas, que ha pasado de ser observador a ser observado; de investigador a investigado; de garante de seguridad a necesitado de defensa. Vigilamos una camioneta de la policía desde un monitor en la sala que transmite en tiempo real la filmación de una cámara de seguridad. La camioneta no tiene neumáticos, por lo que no se va a mover, pero su sola identificación la hace carnada de una acción vandálica. El trastorno de las identidades y relaciones hace que los síntomas de la fractura política semejen los de las fracturas de la psique.

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Jorge Stever. Dejesumensajedespuésdeltono, 2002. Detalle de escultura-instalación. Dimensiones variables.*

El video de Sandra Vivas describe dos recorridos, hacia el este y oeste de la ciudad, en una pantalla dividida que recuerda el mecanismo utilizado por los medios de comunicación para transmitir simultáneamente la cadena presidencial y la masacre del 11 de abril. No se diferencian mayormente los paisajes urbanos desde las redes viales en ambas direcciones y parece fútil la división ideológico-territorial que se plantea en estos tiempos, aunque sus límites sean una realidad política.

Las consecuencias devastadoras de la fractura y el enfrentamiento entre grupos humanos se evidencian en los paisajes desolados en tonos grises en la serie de fotograbados de Lihie Talmor. Esta vez la geografía es otra, la frontera entre Líbano e Israel, cuya problemática es ampliamente conocida, por lo que su simbolismo va más allá de la división y remite a la guerra y sus consecuencias, como un paso adelante en el proceso de fragmentación.

Dentro de este grupo de situaciones y panoramas enfocamos un objeto cotidiano, crecido en dimensiones y doblado: una cuchara. José Antonio Hernández-Díez redimensiona este objeto popular para exaltar su función en el consumo, bien sea de dulces y alimentos, así como para calentar el crack y escarbar entre la basura; reflexionando así sobre las consecuencias, positivas y negativas, de la masificación del consumo.

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Carlos Zerpa. Go Go Radio, 2002. Performance, arte sonoro.*

Un recuadro de sueños hace las veces de pórtico para el segundo grupo de obras. Dentro de un gran marco blanco, Ramsés Larzábal pega frases y palabras extraídas de sus diarios, las cuales, como el sueño, cobran extraños y repentinos sentidos.

En el nuevo grupo de obras la atención se dirige hacia la psique y el cuerpo humano, y el juego político es sustituido por otra característica muy humana, el humor.

El cuerpo como contenedor del universo de lo humano aparece en las grandes cibachromes de Amalia Caputo.Torsos con prótesis sobrepuestas, lo que es y lo que aparenta, en formas de carácter escultórico. Figuras ambiguas que portan indistintamente artificios que destacan las características de uno u otro sexo, como un torso femenino con hombreras de futbolista americano.

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Antonieta Sosa. Conversación Nro. 3 con Marielena Ramos, 2002. Ambientación sonorizada. 300 x 300 x 300 cm. (118 x 118 x 118 pulgadas).

La ambientación de Carlos Zerpa es la escenografía de un performance en el que hace de disc-jockey de la década de 1950, juego de su infancia, y a la vez un altar de nostalgia por un pasado reciente, cuya música popular e imágenes aún reconocemos.

En la exposición conviven técnicas diversas y no existe un salto o cambio de temática de los artistas para adaptarse a la curaduría, sino una relación fluida entre los conceptos curatoriales y las investigaciones individuales. Los artistas experimentan con las técnicas, desde la pintura hasta las imágenes pixeladas, como medios para nuevos contenidos o destacando el valor del medio en sí mismo.

Roberto Echeto y Enrique Enríquez experimentan con el dibujo. La obra del primero es la proyección en gran formato de pequeños dibujos producto de sus reflexiones diarias, con los que crea una narración. Enríquez, a su vez, narra dibujos inexistentes que sólo existen en la imaginación de quien los escucha.

La pintura es otro medio sometido a experimentación. Meyer Vaisman desintegra la ilusión pictórica a través de la creación, precisamente, de una pintura. Vaisman magnifica el soporte, por lo que la trama se convierte en sujeto; perfora la tela y pone manchas de aceite creando sombras y texturas.

En la videoinstalación de Rafael Romero, los sentidos se confunden frente a imágenes pixeladas de una costa caribeña y el sonido de olas rompiendo. Es una abstracción sobre la naturaleza, lo cual reproduce tecnológicamente a través de colores y sonidos elementales de un playón.

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Amalia Caputo. Masculino femenino, 2002. Fotografías cromogénicas a color. 120 x 120 cm. (47 1/3 x 47 1/3 pulgadas).

La referencia a un importante artista venezolano del pasado es explícita en la obra de Juan Araújo, quien pinta y dibuja sobre un libro monográfico de Alejandro Otero. La acción de Araújo resalta el carácter futurista y visionario de la obra de Otero, así como su relación con la tradición artística, a la vez que valora la publicación en sí. Es como un homenaje, que a su vez es excusa para la creación de una obra nueva, de carácter pictórico.

La instalación sónica de Antonieta Sosa es una ambientación para una conversación entre la artista y la curadora, y la atención oscila entre los objetos de carácter escultórico, particularmente las sillas, y el contenido de la conversación. Sosa presentó también un performance en el que teje pacientemente una bandera tricolor, relacionada con la presencia e importancia de este símbolo en la actualidad venezolana y la metáfora de “tejer país”.

La ilusión espacial deviene en virtual en la obra de Pedro Morales, artista que utiliza hace muchos años las tecnologías de computación para sus creaciones. El espectador recorre un ambiente con un mouse y sobre una pantalla regular de computadora, y su recorrido y descubrimientos se repiten y hacen públicos en una pantalla mucho más grande. Como un videojuego, el proceso atrapa el interés porque tiene recorridos extraños sobre paisajes que llegan, por ejemplo, ranchos con elementos de la idiosincrasia venezolana.

Las nuevas tecnologías como medios de comunicación y de creación de imágenes son utilizadas por algunos artistas como instrumento y también como tema de sus creaciones. Jorge Stever elabora oscuros e interesantes objetos escultóricos reproduciendo los objetos tecnológicos que nos rodean. Se trata de objetos de última tecnología que pronto pasarán a ser fósiles y que crean nuevas relaciones interpersonales en las que estamos descubriendo nuevos modos de comunicación, así como de aislamiento.

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José Antonio Hernández Díez. Sin título, 2000. Metacrilato gris y amarillo. 152 x 55 x 16 cm. c/u. (60 x 21 1/2 x 6 1/3 pulgadas). Colección Organización DOP, Caracas.

Los mensajes, más que los artefactos, son los materiales creativos de Alexander Apóstol. La comunicación entre seres humanos a distancia por medio de internet, con su carga de engaño y anhelo, son las páginas con las que Apóstol compone una gran obra fotográfica que refleja los nuevos tipos de migraciones.

Conocemos de los instrumentos tecnológicos y de algunos procesos de la ciencia, así como sus posibles resultados e impacto sobre la humanidad. Hay vías para accesar al conocimiento aunque, como indica la curadora María Elena Ramos, tener más conocimiento no nos hace necesariamente individuos más sabios. El casamiento del arte y la ciencia es un asunto recurrente y conforma uno de los grupos temáticos de la exposición.

Alfredo Ramírez presenta una forma sinuosa y ligera creada a partir de temas e instrumentos de los procesos científicos, cuyo movimiento ondulante es el recordatorio de una onda de sonido. La sugerente escultura aspira a representar en tres dimensiones los volúmenes sonoros, generando una atractiva forma plástica.

Una instalación líquida y sonora nos envuelve en una habitación con humo y proyecciones sobre burbujas y esferas transparentes. Un espacio de fantasía, de múltiples sensaciones, como un laboratorio generador de vida, es el que nos presenta Mariana Rondón. Las situaciones se refieren a experimentos genéticos y finalmente a una problemática de actualidad, como la clonación.

La contemporaneidad de la exposición reside no sólo en sus artistas sino en los asuntos tratados y las técnicas que se reconocen en constante evolución. Los artistas trabajan sobre problemáticas muy actuales, al punto que la policía que representa Téllez fue dividida en el torbellino político venezolano mientras se presentaba la exposición, evidenciando que los espectadores no eran los únicos que las estaban observando. Igualmente se anunció el pronto nacimiento del primer clon humano, lo que redimensiona la fantasía de Rondón. La masificación del consumo, los problemas de la violencia, la cambiante tecnología, los ideales y adaptaciones del cuerpo humano, la duración de la música popular, son algunos temas que definen al hombre contemporáneo y que replantean sus pensamientos sobre su entorno y su propia humanidad.

SONIA CASANOVA

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