Fernando Casas es parte de una constelación de artistas latinoamericanos establecidos en el mundo artístico de Houston desde la década de 1970. Enseña en la Universidad de Rice y lo representa una de las galerías de arte arquitectónicamente más impresionantes y prestigiosas de Houston. La obra reciente de Casas retoma las posibilidades del collage como manera de incorporar pedazos de realidad en la imagen pintada. Casi un siglo después de que Picasso y Braque lo introdujeran en la pintura y en una era en que la tecnología digital ha hecho ubicua la manipulación de la imagen, Casas mezcla sus propias imágenes con las de los medios y los íconos de la historia del arte pintando un trompe l’oeil de impostura gracias al cual los collages pegados y los pintados se tornan indiscernibles. La idea tras este acto de prestidigitación es reconstruir la realidad no sólo desde el interior del artista que percibe, sino también desde los generadores sociales de imágenes. La siguiente reseña explora la obra de la actual exposición de Casas en la Galería Gremillion que ejemplifica mejor sus intereses temáticos: Spine (2002).
Spine (espinazo) es un díptico compuesto de dos paneles atados con una cuerda como si fueran las páginas contiguas de un libro. El título de la obra alude primeramente al lomo de encuadernación que le da a un libro su forma conocida.1 De hecho, dos detalles reveladores de Spine son libros: un libro de arte y la Biblia cristiana. Estos detalles hacen referencia a la cultura tanto de libros paganos como religiosos que ha moldeado la historia. No obstante, el otro significado de spine es “columna vertebral”, ya que es obvio por la postura de las principales figuras humanas que la verticalidad responsable de la inteligencia humana está implicada en el tema de esta obra.

Cada uno de los paneles de Spine contiene la silueta de un hombre que se inclina como para recoger algo del suelo. Es una postura más afín a la antropología o a la iconografía homoerótica que a la historia del arte. Como imagen homoerótica, sugiere provocación sexual y/o sumisión, mientras que en la antropología es la postura natural de los homínidos inmediatamente anteriores a Lucy. Ambas figuras reclinadas de Spine están escudriñando objetos que sostienen en sus manos: el acto mismo que aceleró la evolución de la inteligencia humana.
Sin embargo, no es sólo la antropología física, sino también la cultural, lo que le interesa a Casas. Parte de la figura en el panel derecho es la figura de un hombre cuyos labios han sido perforados, estirados y calzados con un disco de madera. Es una imagen que alude a la subversión de la belleza canónica y del Weltanschauung moderno implícita en la deformación/mutilación/decoración del cuerpo tan comunes en las culturas urbanas actuales. A los pies de la figura de la izquierda hay antiguos jeroglíficos mayas—parte ideogramas, parte fonemas—: un eslabón entre las culturas letradas y las icónicas. Formas de vida que alguna vez fueron consideradas inútiles anacronismos han cobrado importancia no sólo para los artistas del cuerpo, sino también para la cultura icónica del mundo cibernético.
El espinazo de Spine es también la superficie de un espejo virtual. Las siluetas humanas son reflejos distorsionados uno de otro y la manera como son reflejados en este espejo es mediada por la malicia crítica de un demonio filosófico: imágenes derivadas de un concepto claro tienen oscuros reflejos, en tanto que las ideas enigmáticas obtienen claridad contextualmente. Casas el filósofo refleja a Casas el pintor. El fatídico reflejo del árbol que crece en el torso de la figura de la izquierda se ha tornado en el hongo de una explosión nuclear en la figura derecha. Casas había mostrado una preocupación parecida por la aniquilación nuclear en la obra Approaching Storm (1983), producida durante el período presidencial de Reagan.
Spine es una obra en la que el cálculo racional deviene en meras insinuaciones, y a la inversa, meras impresiones se transforman según la lógica del arte. El hombre en el panel izquierdo está recogiendo el globo pintado en los paneles cerrados de El jardín de las delicias terrenales de Hieronymus Bosch (El Bosco). Rara vez el visitante del Museo del Prado puede ver esa obra, La Creación del Mundo. Para verla sería necesario cerrar los paneles, pero esa acción ocultaría El jardín de las delicias terrenales. Spine vuelve la atención al olvidado díptico. El hombre en el panel derecho, a su vez, sostiene en su mano la versión del propio Casas de La Resurrección de Grünewald en la que la cabeza de Cristo queda escondida por el lomo interno del libro del cual lo pintó. Como artistas, tendemos a distanciarnos del contenido religioso del arte de Miguel Ángel, Leonardo, Grünewald, etc. La Biblia (el Libro) nos ofrece el cuerpo de Cristo, mientras que el libro de arte nos oculta su cabeza. La primera página de Spine nos ofrece el bosque, mientras que en la segunda página los árboles han desaparecido y sólo queda el claro.
Vivir de acuerdo con un Libro (cualquier libro) es diferente de vivir con libros. Todo autor es falible. Pese a actualizaciones contemporáneas de inofensivos o dañinos anacronismos—automutilaciones, fanatismos religiosos, chamanismo—, por lo menos hay una evolución hacia ese mínimo de entendimiento. Spine es el reflejo de alguien que vive con libros e imágenes impresas. Sus páginas abiertas muestran que no es una vida alejada del mundo, sino inmersa en él. Las otras obras de la exposición confirman este hecho y mi tesis inicial de que Spine es el espinazo de las preocupaciones artístico/filosóficas de Fernando Casas.
NOTA
1. Desafortunadamente, sólo en inglés spine tiene la ambigüedad que necesita el título de Casas. Por un lado, quiere decir “lomo de un libro” y, por otro, “espinazo” o “columna vertebral”.
FERNANDO CASTRO R.
