Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Graciela Kartofel

Federico Uribe

Annina Nosei Gallery

Federico Uribe se destaca por creaciones que parecen humoradas pero remiten a irónicos, enigmáticos y dislocados resultados. En la reciente exposición continúa con el tema de los cuerpos humanos sin extremidades ni cabeza, esculpidos en telgopor y penetrados por materiales cotidianos agrupados —cómo lápices o alfileres—, configurando argumentos específicos; y en su más reciente propuesta entra al tema de las instalaciones con un multitudinario acusatorio de figuras de espaldas, de frente, como habitantes activos del mundo de la contracultura que ya nadie niega. Uribe, quien nació en Bogotá, Colombia, en 1962, ha pasado una temporada en México, en varias ciudades de Estados Unidos y actualmente reside en Miami, mantiene una estética joven tratando el cuerpo, que es un tema tan antiguo como la historia del arte; el artista lo enfoca como referente de la historia social. Las figuras individuales no son preppies ni hipsters, son la antítesis del mundo de las divas al estilo Madonna, en el sentido de que son intensamente coloridas, mayormente de orden diurno y con referencias a la sensualidad no agresiva, sino más bien graciosa. Estas piezas talladas en telgopor transportan el genérico maniquí industrial a una tesis individual plena de connotaciones de antimoda, de acertijo intencional, de creación en tres dimensiones, descubriendo el desarrollo de volúmenes, y de luz y sombra por medios no frecuentados, salvo en el alfiletero de las modistas. Son en sí mismas objeto y sujeto escultórico. Resueltas en tamaño apenas mayor que el natural, se independizan tanto de los maniquíes como de las esculturas tradicionales y de las exhibiciones conjuntas de arte y moda que se iniciaron hace un par de años en las vidrieras de las más afamadas boutiques de la neoyorquina avenida Madison. 

Exposición Individual: Federico Uribe — imagen 1
Federico Uribe. Ciudadanos desconocidos, 2002. Instalación, detalle. Dimensiones variables.

En la instalación Unknown Citizens, se está frente a representantes de los diversos grupos humanos que muestran diariamente los noticiosos. Los 27 de la instalación como cada uno de los individuales manifiestan un alto grado de pregnancia. La percepción de los enclaves étnicos sobrepasa la visión de conjunto, la instalación es muy fuerte y no se deja ignorar. Dado que se deambula entre los personajes, el visitante parece dar pasos gigantescos sobre el globo terráqueo pasando de país en país y de etnia en etnia. Las figuras individuales en la primera sala y la instalación de 27 piezas en la segunda sala de la galería parecen ser conceptualmente antitéticas, pero aunque cueste admitirlo, en realidad son una percepción del fraccionado mundo actual y la coexistencia de los más brutales opuestos. La instalación da una especie de doble título a la exposición, Unknown Citizens/Ciudadanos Desconocidos, equivale a seres ignorados y anónimos, a estereotipos de culturas y de trabajos genéricos (judío, africano, musulmán, palestino..., militar, sastre, rabino...), representa las diversas poblaciones explotadas, los diferentes tipos de parias que habitan el siglo XXI como también sucedió —en magnitudes diferentes— en la época del Imperio romano o en tiempos de la Conquista española. Everybody gets Screwed es el otro título de la exposición, que parecería también poner énfasis en la referencia social de los despojados de la instalación. Pero admite una referencia literal a la técnica, ya que todos los cuerpos esculpidos están atornillados, alfilereteados, clavados de lápices, tenedores o lo que fuera. Si se tradujera según el significado coloquial de la frase, equivale a decir “se jode a todos”. 

El postconceptualismo expandió las apropiaciones y podría decirse que certificó el derecho de compartir los elementos de las áreas más diversas. Con lo cual se debe recordar que el tornillo hace varias décadas que no es más exclusivo del carpintero, del escultor o del marquero; tampoco son exclusivos del diseñador de modas el alfiler, la tela o el telgopor. Los entrecruzamientos son mutuos, tanto en los materiales como en las técnicas, en los recursos y en las expresión de las ideas. La indumentaria contemporánea ha incorporado aspectos de las artes visuales, y éstas han realizado otro importante intercambio de medios y lenguajes con el cine y la fotografía. La ciencia y el arte, la industria y lo individual también entran en este sistema de apropiaciones, que desde otra perspectiva corresponde a la pérdida de los límites, llamemos a éstos fronteras culturales, geográficas, morales o de producción y consumo, entre otras. Es así que en las piezas individuales de Federico Uribe uno sabe de su originalidad, aunque ocasionalmente se remite al uso del componente múltiple o a personajes de algún film de Peter Sellers. 

En la primera sala —cómo ha venido sucediendo con sus otras exposiciones de obras aisladas—, a la distancia sólo se identifica cada volumen, y los colores. De cerca, se multiplican y articulan las lecturas, despertando curiosidad en el espectador. En las obras, el cuerpo-maniquí, el bordado (que el artista maneja magistralmente aunque no siempre lo ejerza) y los conceptos de tela y trama constituyen tanto soporte y materia como alusión y realidad. El uso de tornillos, alfileres, lápices, material para limpiar las cacerolas, pinceles, tenedores plásticos descartables, crin de caballo, alfileres... pegamento y telgopor incitan al espectador a tocar, a comprobar los límites y materiales. Son provocaciones para adultos, tanto para los más libres como para los más controlados.

GRACIELA KARTOFEL

Federico Uribe, por Graciela Kartofel | artnexus