Ernesto Neto

Ernesto Neto. O Bicho, 2001. Tejidos y témperas. 500 x 200 x 1200 cm. (196 x 78 ¾ x 472 ½ pulgadas). 49 Bienal de Venecia. Colección Martín Marguelles, Miami. Foto: Eduardo Ortega.

Monografíaabr 2003 - jun 2003· Por Lisbeth Rebollo

Ernesto Neto

Lo sensorial y la temporalidad "Mis trabajos son lugares de sensación"

“Me gusta pensar el cuerpo como un paisaje de placer, como una meditación sensorial..."1.“Mi objetivo primero es establecer la posibilidad de creer en dos tiempos paralelos, uno absoluto, cósmico... el otro, el de la vida cotidiana. Lucho para que en mi obra emerjan estos dos conceptos de tiempo”.

Existe en el arte contemporáneo una vertiente que repercute sobre la identidad biológica del ser, poniendo en evidencia el cuerpo y la vida, la dimensión misteriosa de su funcionamiento.

El artista brasileño Ernesto Neto ha estado trabajando sobre esa corriente, creando construcciones estéticas que, ya a primera vista, seducen a través de sus formas orgánicas. Ellas envuelven al espectador en sus múltiples sentidos: la visión, el tacto y, otras veces, también el olfato y la audición. El material del que se vale el artista para formar sus construcciones es el tul de lycra, un tejido fino, de color blanco, que por su textura sugiere ligereza y crea transparencias. Utiliza también medias de poliamida,  distendidas o con perforaciones, rellenadas en parte o en su totalidad, con flores de lavanda, clavo o cúrcuma, entre otras sustancias que activan el olfato; otras veces, usa bolitas de poliuretano expandido, piedras, arena o cascos. Sus trabajos tienen sentido escultórico, son arquitectónicos. En conjunto, crean ambientaciones, instalaciones que parecen etéreas y encantadas. Quien las mira o se mete en su interior, se ve súbitamente envuelto y bajo un fuerte impacto. Poco a poco, tras la aproximación a la corporeidad de las formas, el receptor identifica una situación nueva y, al mismo tiempo, conocida. Comienza a indagar minuciosamente y, al dispersarse en el interior de los ambientes, tiene vívidas memorias de diversos órdenes, pues sus sentidos son múltiplemente accionados. Por la visión de las formas, es invitado a un trabajo de estructuración gestáltica, identificando representaciones. El efecto del tejido empleado, con la luz que lo traspasa, activa el tacto y, cuando distintas sustancias rellenan las formas de las que se vale, también se acciona el olfato. Todo despierta recuerdos, que repercuten sobre el estado físico, mental y espiritual del receptor de su obra.

Reflexionando sobre su quehacer artístico, Ernesto Neto observa que desea ofrecer al receptor de su obra “un lugar donde puedan ser conciliadas las realidades de un universo intelectual y sensorial, que permita respirar libremente, al menos por un minuto”.

Monografía: Ernesto Neto — imagen 1
Ernesto Neto. Humanoides, 2001. Lycra, tela e icopor. Dimensiones variables. Kölnischer Kunstverein, Colonia. Foto: Eduardo Ortega.

Cuando discurrió sobre el trabajo Humanoides, presentado en la Kunstverein de Colonia, Alemania, en 2001, Elisabeth Schlebrügge enfatizó que la obra del artista promueve un continuado ejercicio perceptivo. Destaca su arte como “un arte del espacio, una odisea en la que, al mismo tiempo, extrae  algo del espacio continuo” e “introduce  algo en el mismo”, creando formaciones corpóreas que son como un rompecabezas donde, por la percepción, podemos encontrar diferentes referencias. Y observa un dato importante: los contornos de sus formaciones ejercen un papel fundamental, crean superficies, relaciones y oposiciones: pesado x leve, dentro x fuera, transparente x opaco, frágil x compacto, y así sucesivamente. Además de esto, muestra que el cuerpo aparece como un desafío en la obra de Ernesto Neto. Para ella, el artista trabaja la corporeidad de los estados emocionales, de los procesos psicológicos, sensaciones que envuelven el cuerpo y la mente.

Otros críticos de arte encuentran en el trabajo de Ernesto Neto un fuerte erotismo, destacando la sexualidad y el deseo como fuerzas propulsoras de su gesto creador. Pero también destacan una dimensión meditativa, espiritual, al lado de otra científica. Son evidentes las referencias que hace al mecanismo de la vida, como si quisiera conocerla, a través de hechos fundamentales como el origen de los seres. Las instalaciones dirigidas a esta cuestión se presentan como espacios misteriosos sobre cuyo sentido es preciso meditar.

Cuando expuso en la Kunsthalle de Basilea, en Suiza, en 2002, Peter Pakesch vio los Cuerpos espaciais (Cuerpos espaciales) como “formaciones de un mundo orgánico”, de fuerte sentido utópico. Ernesto Neto presentaba Pie de sueño (Árbol de sueños), una obra que ocupaba toda la altura de la sala, naciendo de una estructura suspendida. De allí pendían “formaciones”, que se aprecian como grandes bolsas, rellenas de cúrcuma2. Una de ellas contenía arena y tocaba el suelo. El crítico percibió en la corporeidad de las formas un sentido gestáltico de la estructura fundamental, y también destacó la aproximación del artista a la filosofía y a la ciencia.

Monografía: Ernesto Neto — imagen 2
Ernesto Neto. Árbol de sueños, 1999. Tela de lycra, medias de poliamida, pigmentos y arena. 30 x 460 x 360 cm. ( 118,181 x 141 ¾ pulgadas). Colección Burt Minkoff, Nueva York. Foto: Vicente de Mello.

Parece que, de la relación con la filosofía, extrae la pulsión libidinal, y, en relación con la ciencia, busca la razón plasmática que permea la vida. En una declaración en 1998, el artista le relata a Katya García Antóns: “No puedo pensar únicamente en la historia del arte. Quiero saber lo que somos y lo que estamos haciendo aquí, en medio de todo”. Le interesa el proceso vital, el cambio de energía, como ocurre en las células. “Hay ciertos elementos que entran de acuerdo con una clave, si [el elemento] encaja es decodificado por el intercambio de informaciones”, relata en una entrevista con Adriano Pedrosa, en 1999. Observa que, cuando produce su trabajo, no quiere apenas esculpir formas orgánicas, “sino establecer un proceso que tenga esa relación orgánica”.

Desde finales de la década de 1990, la indagación en torno a ese proceso se vuelve muy evidente en su producción. Se puede observar este hecho, con claridad, en la serie de las Naves. Téngase en cuenta, como ejemplo, Nhô, Nhô Nave, de 1999, presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki. En esta instalación, el artista crea para el público diversas situaciones que van a ser vividas por el visitante, en el recorrido sugerido, por ejemplo: colocando al espectador fuera de lugar cuando ingresa en el espacio creado por la obra.

Ella se presenta como un laberinto, con tres entradas que conducen a un mismo lugar, de donde pende, a la altura de la nariz de quien se aproxima, una bolsa de lycra llena de clavo molido. El perfume del clavo motiva sensaciones y asociaciones. El perfume del clavo renueva las energías y despierta recuerdos. Luego es preciso pasar por un pasaje estrecho, abriendo espacio delicadamente con las manos.

Se llega entonces a un lugar de donde pende hasta el suelo otra bolsa. Llena de arena, toca el suelo, como un “pie”. Es preciso tener cuidado para no pisarlo. La secuencia del trayecto lleva a otro lugar donde se encuentra una bolsa de bolitas de poliuretano expandido que invitan al tacto. Terminada la peregrinación, para salir de la instalación de Ernesto Neto es preciso ahora rehacer todo recurso en sentido contrario. ¡Qué sensación se experimenta andando por este laberinto! Es como haber entrado en una caverna, en un gran útero, un órgano lleno de pulsión de vida! Sentir la corporeidad sensual de sus formas, la delicadeza y la fragilidad de la membrana que envuelve este espacio-organismo, ¡su biomorfia! Todo lleva a pensar en la naturaleza humana. El discurso estético del artista engendra, así, para el receptor, una vivencia de cuerpo y alma.

Monografía: Ernesto Neto — imagen 3
Ernesto Neto. Nave deusa, 1998. Tela de lycra, malla y medias de poliamida, esferas de polietileno, comino, clavo en polvo y arena. 500 x 690 x 950 cm. (196 ¾ x 271 ½ x 374 pulgadas). XVI Bienal de São Paulo, Foto: Vicente de Mello.

Ernesto Neto ve en las Naves una continuidad orgánica del cuerpo. Para él, “todas ellas son parte de un gran cuerpo, un paracuerpo, algo que pertenece al cuerpo pero va más allá. Todas ellas son su propio universo y, al mismo tiempo, son estudios de un gran organismo”. 

En otros trabajos de ese mismo período, la cuestión del cuerpo y de la sensualidad se pone fuertemente en evidencia. En Arco vientre hay un espacio donde cabría el cuerpo de una persona de pie. En la obra hay también  grietas y perforaciones. Ellas  aparecen también en otras obras como Nana Glip, Sonámbulo y El encuentro de los ovaloides. Estas grietas sugieren los agujeros naturales del cuerpo, parecen ser grietas vaginales o anales.

Pero existe todavía otra dimensión importante, ligada a su investigación de la corporeidad y que debe, además, ser recordada y destacada como significativa en el proyecto estético de Ernesto Neto y precisa ser entendida en relación con sus preocupaciones filosóficas y científicas. Se trata de la dimensión de tiempo. Vale recordar la posibilidad de hacer alguna analogía de sus Naves con las naves espaciales de la ficción científica, que buscan el conocimiento de “otros mundos” y promueven la experiencia de otra dimensión temporal. Otra analogía posible es con las naves que la ufología menciona. Tales naves vendrían a nuestro planeta, aterrizando en medio de la naturaleza, en los campos de plantaciones; serían conducidas por extraterrestres que estarían buscando contacto o conocimiento actual de la Tierra y de sus habitantes. 

En la obra de Ernesto Neto, las estructuras de lycra estiradas, transparentes, por donde la luz traspasa, donde pueden aparecer grietas o de donde penden bolsones, crean ambientes orgánicos que hacen pensar también en otro espacio de energías fundamentales: el espacio cósmico, universal, de fuerzas y contra fuerzas siderales. El artista dice, en determinado momento: “Intento pensar en el espacio como si fuese un hiperespacio, como si pudiese trabajar en otra dimensión... Quiero que las personas se pierdan dentro de este laberinto transparente, un laberinto del tiempo”.

Monografía: Ernesto Neto — imagen 4
Ernesto Neto. Arco vientre, 1999. Malla y media de poliamida y esferas de polietileno. 170 x 50 x 15 cm. (70 x 19 ½ × 45 ⅓ pulgadas). Colección Juan y Patricia Vergez, Buenos Aires. Foto: Vicente de Mello.

Cierta vez, el historiador Arnold Hauser observó que el tiempo, en el arte, es también la vía por la cual tomamos contacto con nuestras memorias, con nuestra vida espiritual. La obra existe en el tiempo y por causa del tiempo, tanto en la perspectiva del artista que la gesta como en la del receptor que la observa y que la vive. 

El tiempo, en la filosofía moderna, es un movimiento intuido, es el principio del yo, es la verdadera conciencia (Hegel). El tiempo es movilidad: las cosas se hacen en el tiempo. El tiempo vivido es una corriente fluida por la cual cada instante pasa al siguiente, en una continuidad ininterrumpida. El tiempo es una novedad absoluta a cada momento, es un proceso continuo, pero también es la conservación integral de toda la experiencia acumulada (Bergson). Toda experiencia vivida es necesariamente algo que dura, insertándose en un ”continuo pleno” (Hurssel).

En la obra de Ernesto Neto, se trata de un tiempo transitorio, en proceso, un tiempo acumulativo y en continua transformación, donde suceden resignificaciones esenciales.

Ernesto Neto nació en Rio de Janeiro, en 1964. Vive y trabaja en aquella ciudad. Desde 1988, viene participando en innumerables exposiciones individuales y colectivas en galerías, museos y bienales, en diferentes países: Estados Unidos, Japón, Corea, Australia, Austria, Suiza, Dinamarca, Alemania, Francia, Italia, España, Inglaterra, Bélgica, Portugal, Chile, México, Venezuela y Brasil. Fue, por ejemplo, uno de los representantes de Brasil en la XLIX Bienal de Venecia, y expuso en la Trienal de Barcelona (2001); en el Institute of Contemporary Art (ICA) de Londres (2000); en la Kunsthalle de Basilea y en el Hirshhorn Museum de Washington (2002); en el Watari-um Museum de Tokio y en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (2003). Estas son algunas referencias en el amplio currículum de muestras realizadas por el joven artista brasileño, que viene destacándose tanto en el escenario del arte brasileño como en el circuito internacional.

NOTAS

1. Comentarios del artista en  2000, con ocasión de la exposición En busca de identidades. Arte contemporáneo brasileño, bajo la curaduría de Peter Weiermaiar, en el Kunst Rupertinum en la ciudad de Salsburgo,  Austria, y luego en la Galleria Comunale D´Arte Moderna de Bologna, Italia.

2. La cúrcuma, también conocida cono azafrán de tierra, es un condimento utilizado para las preparaciones saladas y dulces. Esta planta, según la fitoterapia, tiene propiedades que fortalecen el cuerpo y la mente. Es también considerada un afrodisíaco.

LISBETH REBOLLO GONÇALVES

Profesora en la Universidad de São Paulo, Brasil. Presidente de la Asociación Brasileña de Críticos de Arte (AICA, Sección Brasil).

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