Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Gladys Yunes

Elías Toro

Saptivim Arte Latinoamericano

En la reciente creación de Elías Toro, la figura del saltimbanqui resume una inquietud que ha venido gestándose en los últimos años de producción del artista. La sátira circense es una propuesta que, en esta exposición, se afianza mediante el protagonismo de este personaje evocado, en diferentes épocas de la historia, en el arte y la literatura. 

Arquitecto de profesión y docente por vocación, Toro ha transitado por años en el terreno de las artes visuales: el dibujo, la pintura, la escultura, y por supuesto la arquitectura. Pero es en la técnica de la escultura donde el artista desarrolla su expresión plástica. Motivado por la arqueología y la mitología, experimenta con la talla de figuras zoomorfas. La figura de la mujer también ocupa un lugar importante en la temática de sus obras. Realizadas en bronce y cemento, Toro describe las formas femeninas en graciosas poses impregnadas de una sutil cotidianidad. Los grupos familiares de hombres, mujeres y niños son otras composiciones que expresan, con silenciosa solemnidad, esa fuerza que conlleva la tridimensionalidad de la escultura. En un breve transitar por la pintura, Toro muestra especial inquietud por las cualidades de la luz y las transparencias del color, reinterpretando, en un estilo muy personal, el tradicional tema del bodegón, como se pudo observar en la muestra Fuga en mí, de 1998. 

Exposición Individual: Elías Toro — imagen 1
Elías Toro, Vladimir y su caballo, 2002. Bronce. 100 x 120 x 45 cm. (39 ¼ x 47 ⅕ x 17 ¾ pulgadas).

No obstante, su interés por la figura humana lo motiva a ahondar en este tema, siempre presente en la plástica universal. Así lo confirma la exposición Escultura policroma de 1999, donde la exploración de las texturas, el color y la materia adquiere corporeidad, acentuando las alusiones a la sátira circense. Sin embargo, esta temática es reciente en su carrera y ha servido de inspiración para representar y denunciar la comedia humana, caracterizada por los dobleces del enmascaramiento y la vanidad del ego. Para ello, Toro comienza a depurar las formas, simplificando los contornos y la expresión, tanto del rostro como del cuerpo, otorgando prioridad al movimiento, queriendo mostrar, a través del ágil vuelo acrobático, el frágil equilibrio que sostiene al ser humano. 

El saltimbanqui se presenta ahora en distintas posturas: sentado portando una sombrilla en la mano, cabalgando sobre un caballo o en insólitos balanceos aéreos, sostenido tan sólo por una delgada vara. Por sus cualidades lúdicas e histriónicas, el saltimbanqui resulta irresistible ante los ojos de quienes lo contemplan. Asociado a la figura del acróbata, del equilibrista o titiritero, este personaje posee distintas connotaciones simbólicas. Aislado de las ataduras convencionales y de las posturas habituales, la acción del saltimbanqui se desenvuelve fuera del orden socialmente establecido, lo que lo convierte en un potencial representante de la libertad plena. Como equilibrista, sus jocosas proezas terminan en heroicos desenlaces que desafían las situaciones truncadas, por ello, es considerado como símbolo del “equilibrio crítico”, así como un “factor de progreso”. Pero esta pintoresca figura, propia de la imaginería humana, no sólo representa lo burlesco, sino que adquirió en el pasado un sentido moralizante, pues solía colocársele en los capiteles de los templos, como advertencia de perdición, ya que su actuación tiende a distraer a los fieles en su adoración a Dios. En este sentido, los gráciles malabarismos expresados en los saltimbanqui de Toro parecen distraernos, por momentos, de nuestra apabullante cotidianidad, acercándonos a esa atmósfera lúdica que suele rodear a estos personajes. Sin embargo, el significado que le atribuye Juan-Eduardo Cirlot, en su estudio sobre los símbolos (Diccionario de símbolos, Editorial Labor, S.A., Barcelona, 1981, p. 51), parece justificar, desde nuestro punto de vista, la razón por la cual surge, inexplicablemente, la figura del saltimbanqui en el mundo de hoy. Cirlot lo define así: “Por sus piruetas y volatines, que con frecuencia consisten en invertir la posición normal del cuerpo humano, sosteniéndose con las manos y con los pies al aire, el acróbata [o saltimbanqui] es un símbolo viviente de la inversión, es decir, de aquella necesidad que se presenta en todas las crisis (personales, morales, colectivas, históricas), de transformar el orden dado y volverlo al revés, haciendo materialista lo idealista, agresivo lo beato, trágico lo bonancible, desordenando lo ordenado o viceversa...”

GLADYS YUNES

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