Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Félix Suazo

David Palacios

Sala RG, Fundación CELARG

A pocas cuadras de la conflictiva Plaza Altamira de Caracas, la sala RG del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos presentó la muestra Zona de Distensión. Inventario y estadísticas de una experiencia de diálogo del artista David Palacios. Justo en una época en que el país se estremece clamando por un entendimiento entre sectores gubernamentales y opositores, este artista intenta conciliar dos ámbitos igualmente en tensión: el mundo del arte y el campo de la producción material. 

La exposición, abierta al público entre octubre de 2002 y enero de 2003, se basa en una indagación en torno a la utilización del ladrillo en el arte contemporáneo, tanto en instalaciones y ambientaciones como en esculturas, pinturas, dibujos y fotografías. El empleo cada vez más frecuente de este elemento, preferiblemente “a vista” o sin frisar, no se limita al aspecto material sino también a su dimensión simbólica. Al trascender su valor de uso, la gama de significados que puede abarcar la presencia de un ladrillo o un conjunto de ellos en una obra de arte puede ser infinita. Irónicamente, el uso y abuso de un mismo referente para sugerir acepciones tan diversas se ha convertido en uno de los tantos lugares comunes del arte actual. Cuando un material o procedimiento artístico, en este caso el ladrillo, se banaliza a causa de su reiteración, va perdiendo su aura acercándose al mundo anónimo de la producción industrial. 

Exposición Individual: David Palacios — imagen 1
David Palacios. Carretilla-mural (dispositivo museográfico), 2002-2003. Tuberías galvanizadas, pliegos de madera, fotografías y vídeo.

Considerando este hecho, la muestra de Palacios está centrada en una estrategia de mediación, cuya primera etapa estuvo orientada a la elaboración de un inventario de aquellas obras y autores que conforman lo que podríamos considerar como una “poética del ladrillo”. Luego utilizó este material para divulgarlo entre el personal de la alfarería Obra Limpia, ubicada en Guatire, a unos cuantos kilómetros de Caracas. Cada uno de los trabajadores de esta fábrica, en su mayoría personas de educación media, recibió una carpeta personalizada con las imágenes en cuestión, con el propósito de que vieran o conocieran qué se hacía en el campo del arte con los ladrillos que allí se producen. Parte de estas imágenes también se mostraron en una carretilla mural, construida in situ con tubos y láminas de madera artificial. Durante este proceso, el artista documentó las incidencias de la experiencia y recabó información acerca de la tipología, función y modo de elaboración del ladrillo. 

El registro de este itinerario dentro de la planta forma parte de la exhibición, la cual está concebida como una gran video-instalación que reúne documentos fotográficos y audiovisuales, gráficos estadísticos y carpetas, dispuestos en estantes autoportantes diseñados por el artista. Allí, en ese espacio de encuentro, la experiencia de la fábrica se confunde con la información del arte, como si no hubiera escisión entre estos dos ámbitos de la actividad humana. Un ejemplo de esto se manifiesta en las proyecciones de video: mientras el ingeniero Lacides Mora explica la incidencia de las fases lunares en la selección de la arcilla, la artista Antonieta Sosa reflexiona sobre el significado del ladrillo en su obra Situación titulada casa (1981). En apoyo a esta idea, la propuesta de Palacios ha sido dispuesta a modo de una confortable sala documental donde el visitante puede sentarse cómodamente a revisar los materiales, tanto los relacionados con las obras de arte (donde un ladrillo NO es un ladrillo), como aquellos que provienen de la producción (donde un ladrillo ES un ladrillo). 

Como sucede en trabajos anteriores de Palacios, la propuesta se desplaza entre la ironía y la parodia. En este caso, el ladrillo no es más que un pretexto o ardid para cuestionar la inflación polisémica del objeto, confrontándolo con su función práctica. En vez de sacar el objeto de su contexto para conferirle un significado artístico a la manera de Marcel Duchamp, el artista propone regresarlo al lugar de donde proviene y despojarlo de esa aureola mágica que muchos suponen imprescindible en una obra de arte. Este planteamiento se torna aún más sugestionante en la medida en que la exposición adopta el modelo de un gabinete de estudio, sujeto a una clasificación burocrática y falsamente sistemática de la información, convirtiendo la obra en la parodia de un archivo. Se añaden a estos elementos algunas alusiones a la ingeniería popular, específicamente a las estructuras construidas por los comerciantes callejeros para exhibir su mercancía, modelo empleado por Palacios para elaborar la carretilla mural y los estantes. Todo este juego entre la tecnología audiovisual y las soluciones populares produce una atmósfera de cierto eclecticismo. Basada en la reunión de elementos heterogéneos, Zona de distensión... se funda en una experiencia de intercambio simbólico que trasciende la fragmentación disciplinaria y promueve la colaboración entre las distintas formas de la actividad humana.

FÉLIX SUAZO

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