Exposición Individualabr 2003 - jun 2003· Por Enrique Jezik

Daniel Guzmán

Galería Kurimanzutto

Daniel Guzmán (México D.F., 1964) es un artista reconocido principalmente por su obra de carácter dibujístico. Esto, sin embargo, es un simplismo. Paralelamente a su trabajo como dibujante, Guzmán ha ido desarrollando un lenguaje tridimensional en el que combina estrategias diversas: la utilización de objetos encontrados (más bien buscados, de manera intuitiva, como la clave necesaria para completar las secuencias de ideas que formarán sus “series”), el recurso de ciertas “operaciones” escultóricas y una articulación cada vez más certera del espacio de exhibición. Es en este orden de cosas en lo que se ha concentrado Guzmán para preparar la serie que integra su más reciente exposición individual, organizada por la galería Kurimanzutto en el estudio del artista. 

La sensiblería cursi, la burla mordaz, las alusiones sociales, los guiños postadolescentes, se amalgaman en la obra de Daniel Guzmán. Este conjunto es, quizá, el más intrínsecamente imbricado con el entorno en el cual es exhibido. No es la primera vez que el artista decide mostrar su trabajo en el estudio donde trabajó y vivió durante años, parte de una vecindad de la colonia Escandón, de esas que la especulación inmobiliaria intenta borrar del mapa, pero ésta es la última. 

El espacio en sí no ha sido alterado de su función inmediatamente anterior, incluso varios de los muebles pasan a formar parte de las piezas con las que el artista elabora su duelo, el gesto que marca la despedida del sitio deviene en confesión dolorosa y, por lo tanto, en una obra melancólicamente íntima que afortunadamente no cae en la autorreferencialidad estéril. 

Exposición Individual: Daniel Guzmán — imagen 1
Daniel Guzmán. Programa internacional de estudio, 2000. Instalación.

El largo y angosto pasillo jalonado de tanques de gas y ropa colgada, charcos y jaulas con canarios parece la antesala propicia (rito de pasaje, cámara de descompresión) para acceder a una visión desgarrada y a la vez irónicamente desmadrosa de la intimidad del artista. 

Como ubicación para la primera pieza que el público va a encontrar, Guzmán elige un lavadero de ropa en el que leemos la frase “quiero al mundo por casa”, conformada con alambre, sobre la que cuelga un “móvil” de botellas de plástico, letras (que forman la palabra “ama”) y objetos varios atados con alambre. 

Al entrar al estudio, una de las piezas funciona como elemento central, se posiciona como eje y articulación del espacio y de la circulación por él mismo. Un gran objeto cubierto por la típica lona de color intenso que cubre y protege los puestos de los vendedores ambulantes. “¿Qué hay dentro del enorme paquete? ¿Qué protege esa lona?” De su interior proviene la música que acompaña y en cierta forma determina la exposición en su totalidad: el tema del grupo de rock Flaming Lips que da nombre a la pieza y a la exposición, Sleeping on the roof. El rock and roll es una presencia constante en la obra de este artista, en múltiples referencias textuales, en imágenes, como sonido ambiente, hasta objetual (en una exposición anterior aparecía una pila de casetes de audio con la leyenda only the false remains, mientras en un video el propio artista cantaba algunas canciones). Pero aquí la música es una suerte de anclaje de lo que el objeto de donde proviene parece significar: lo precario y transitorio de esa cubierta de lona, de tener que dormir a la intemperie.  

Otra pieza incluye la cama en la que dormía el artista, ubicada en el mismo sitio de siempre, sobre la que se apoya un cartel luminoso que la cancela con una frase definitiva escrita entre estrellitas: “viaje al final de mi noche”. Con tenue ironía, el artista indica ambiguamente hacia dónde podría dirigirse la lectura de la obra, al tiempo que nos advierte que las distintas partes, a pesar de su individualidad, forman un todo difícilmente divisible. 

El final de la noche es el fin de un tiempo difícil pero también el momento en que terminan los sueños. Sobre una mesa, un corazón formado con tapas de botellas de cerveza, en cuyo centro hay una pequeña calavera. A su alrededor, varias estrellas de plástico presentan nombres femeninos, formados con alambre. Hay también un espejo y una planta. Esta pieza es quizá la confesión íntima más desnuda de la exposición: “¿qué más claro que el nombre de quienes nos hicieron sufrir?” Guzmán llega al borde del pastiche kitsch; sin embargo, el recorte en cartón de la marca de un popular jabón en polvo nos rescata del melodrama mediante la ironía: con esta suerte de exorcismo se pueden "lavar" los recuerdos... 

La obra de Guzmán tiene una carga intimista y autobiográfica intensa y despiadada, pero de su melancólica visión se desprenden comentarios sociales de cierta mordacidad. Sobre una pared cuelgan varias cadenitas de oro falso, cada una con una letra en el extremo, de manera que puede leerse “infinita tristeza”. En la esquina siguiente, según el recorrido que nos impone el objeto-envoltorio central, tres botellas de cerveza soportan una caja de cartón de la que surge una planta artificial. 

La alusión irónica a los convencionalismos sociales a través de la ornamentación, de la decoración hogareña, se vuelve nuevamente sobre el artista: su propio librero forma parte de otra obra en la que se incluyen dos imágenes presentadas en cajas de luz. Un objeto que formó parte de la vida cotidiana del artista, de su intimidad. El público puede continuar con su tour voyeurista revisando los libros que leyó Daniel Guzmán, mientras las imágenes parecen resumir el estado de ánimo que atraviesa esta exposición: el cielo espléndido se va cerrando y, como sórdido bodegón, queda una botella de cerveza junto a restos de hielo y colillas, el final de la fiesta y de la noche. Otra alusión al alcohol que ayuda a olvidar. 

La última (mirada) y nos vamos. La música de los Flaming Lips desvaneciéndose nos acompaña brevemente, recorriendo el largo pasillo, tanques de gas y charcos. La obra de Daniel Guzmán deja un regusto extraño, una cierta desazón mezclada con risas. Salimos a la calle, al mundo que quisiéramos que fuera nuestra casa...

ENRIQUE JEZIK

Daniel Guzmán, por Enrique Jezik | artnexus