Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Ana Elena Mallet

Ulises Carrión

Museo de Arte Carrillo Gil

En un país como México donde el nulo interés que ha mostrado el Estado por el coleccionismo de arte, la escasez de galerías y la falta de publicaciones periódicas especializadas han ocasionado que la memoria histórica se disuelva fácilmente, los errores se repitan y sea casi imposible rastrear las genealogías artísticas, tener la oportunidad de ver una exposición como Ulises Carrión: ¿mundos personales o estrategias culturales? es en verdad gratificante.

Me parece fundamental, destacar el esfuerzo curatorial de Martha Elión y la investigación realizada en torno al trabajo de este artista, ya que si bien la obra de Carrión es una de las obligadas referencias para entender mucha de la obra producida en el país en la actualidad, es muy poco el acervo que de él se conserva en México y ninguna de esas piezas es parte de una colección pública.

Carrión inició su labor creativa como literato, pero su destreza y curiosidad lo llevaron a expandir su trabajo hacia otras áreas. Teniendo siempre el lenguaje como materia prima, Ulises Carrión se da a la tarea de crear diversas narrativas usando distintos medios, buscando constantemente, fomentar una reflexión sobre el lenguaje como recurso principal para la comunicación humana.

Exposición Individual: Ulises Carrión — imagen 1
Carrion, Ulises: La muerte del dealer de arte/Cartel de presentacion del performance que lleva el mismo nombre

La primera sección muestra las obras y ejercicios de Carrión en torno al arte-correo (mail art). Libros, impresos y tipografías son al mismo tiempo mensaje y obra: contenedor y contenido. Entre estos proyectos se encuentra Definiciones de arte, 1977, pieza que consistió en enviar una carta a manera de convocatoria para que los destinatarios la devolvieran al remitente, manifestando en una frase, su definición personal de arte. El arte-correo de Carrión logró colocar al sistema tradicional de correo otra dimensión, convirtiendo a los usuarios que respondían a sus convocatorias, en ejecutantes de una misma obra.

El siguiente grupo de obras engloba los trabajos que realizó Carrión en torno a diversos medios de comunicación como la radio, la televisión y el video. El artista busca provocar una reflexión en torno a la naturaleza de estos medios y los usos que hacen del lenguaje.

Las imágenes proyectadas en un monitor, tomadas de diversos programas de televisión, y que constituyen la pieza TV-Tonight-Video/Video de TV-Tonight, 1987, sirven a Carrión para conformar una narrativa visual que busca, en un primer plano, promover un razonamiento en torno a la libertad de comunicación, y en un segundo plano, disertar sobre la manipulación de las imágenes en la televisión.

La pieza pretende esclarecer la diferencia entre arte, vida y realidad y, al mismo tiempo, abordar el problema de la objetualidad en el arte. Carrión afirma contundentemente que el arte es “un signo, una función y no un objeto”. A través de esta pieza —realizada en la segunda mitad de los ochenta cuando el videoclip está en su apogeo— el artista hace una diferenciación entre la esencia de la televisión y la del video: “la realidad es la materia prima de la televisión...”, “el video toma prestado todo de la televisión pero es más libre”.

Tríos y boleros, 1983, es una pieza sonora en la que por medio de una construcción narrativa parecida a lo que fuera un programa de radio —que de hecho se escucha desde un viejo aparato—, el artista reconstruye la genealogía del bolero. Deteniéndose un poco más en figuras importantes de este género musical como Agustín Lara o Toña la Negra, Carrión declara de manera contundente: “El mundo sólo se describe alegóricamente en los boleros”.

Sin duda una de las piezas más interesantes del recorrido es Lilia Prado Superstar, 1984, en la que Carrión buscó “transferir una celebridad de una cultura dada a otra con valores totalmente diferentes”. Carrión se dio a la tarea de organizar en Amsterdam un festival cinematográfico en torno a Lilia Prado, una diva del cine mexicano que no tuvo eco más allá de su país natal. Proyectando algunas de las películas estelarizadas por esta actriz —incluida una dirigida por Luis Buñuel—, el artista buscaba desatar una fiebre por Lilia Prado en Amsterdam e iniciar un debate multicultural. A pesar de que la visita de Prado fue registrada en varios periódicos y medios de comunicación en los que varios críticos expresaron su interés por el fenómeno del cine mexicano y sus estrellas, la discusión no pasó a mayores, pues —como afirma Claudio Goulart en la cédula que acompaña la pieza— los holandeses no supieron cómo reaccionar ante esta manifestación. La pieza registra los avatares de Carrión para convencer a la diva de viajar a Holanda, las labores de investigación en torno a las películas de Prado, y termina con un par de imágenes que muestran la llegada de Lilia Prado a Amsterdam y el homenaje que se le rinde en una sala cinematográfica.

A pesar de haber sido realizada hace casi 20 años, esta obra revela una actualidad poco común en las obras de artistas contemporáneos, cuyo trabajo tiene una fecha de caducidad muy marcada. Esta pieza se inserta de una manera muy exacta y precisa en el debate multicultural que caracterizó la década de los noventa y que, aún hoy en día, se sigue considerando.

La exposición no sólo muestra a Ulises Carrión como un artista preocupado por la injerencia de los nuevos medios en la vida cotidiana y los cambios que éstos pudieran generar en la esencia y la percepción del ser humano. Sus obras revelan también a un ser visionario y adelantado a su época que bien valdría la pena seguir revisando.

ANA ELENA MALLET

Ulises Carrión, por Ana Elena Mallet | artnexus