Pepón Osorio, presentando una nueva instalación y una escultura, ha recreado la isla dentro de la isla, léase Puerto Rico dentro de Manhattan, y en un sentido más amplio, los inmigrantes dentro de Estados Unidos de Norteamérica. Como tema no es nuevo, pero la obra en sí, es una significativa experiencia estética. El artista y su circunstancia, la historia de los inmigrantes y sus circunstancias han sido sujeto de muchas exposiciones, lo que aquí acontece es que el lenguaje es, a la par que directo, virtual. Están los objetos, están las voces, pero se percibe una muy bien lograda “ausencia de ser humano”. Habrá quienes digan que está la figura humana en la pantalla de la computadora, pero justamente ése es el mal, la jerarquía de la ausencia, la herida de la soledad y la nostalgia manifiesta por casi todos los inmigrantes.
La exposición está anunciada como “dos nuevas obras: una instalación multimedia Face to Face (Cara a Cara), que recrea las oficinas de la agencia de servicio social, y una escultura, My Beating Heart (Mi Corazón Latente). Si bien se presenta como dos obras separadas, el contraste entre ambas las intensifica. Actúan como complementarios —la cantidad y la unidad—, creando una sinergia conectada por los contrastes y por el sonido. La instalación se articula con una oficina cerrada a la derecha —un cubículo de aspecto hermético— en cuya pared posterior se proyecta una imagen humana; cortinas venecianas a la izquierda y en el centro una bodega de mallas metálicas saturada de elementos, de la cual emana la historia oral contemporánea, y aumenta las percepciones de aislamiento. A partir de lo señalado todo el contorno de esa sala de la galería está habitado por infinidad de elementos: escritorios, televisor y video, computadoras, mesas, cortinas de enrollar, artículos de oficina, cajas, archiveros, fotografías y una parafernalia de recuerdos personales de quienes trabajarían en esos escritorios.

La instalación no es una mera acumulación más, sino una acumulación acusadora, angustiante, verbalizada y opresiva. Es una sucesión de algo que parece inocuo e inerte pero que está cargado de una fuerte impresión de encierro, nostalgia y por sobre todo de contrastes entre la vida y la muerte. En esta obra de Osorio se percibe que no se podría poner en un platillo de la balanza lo que se obtiene y lo que se pierde al emigrar porque son materias diferentes. Algunas son irascibles, escurridizas e inmateriales: libertad, educación versus familia, herencias culturales, aromas, tradiciones populares, ritmos del caminar, clima. Otras son específicamente cuantificables, y ésas no es necesario mencionarlas, todos las identifican.
Barroco es indiscutiblemente el término que enmarca la obra en ambas salas. La instalación por la acumulación y la expresión perturbadora. En la intensamente roja escultura titulada Mi corazón latente, el barroquismo se manifiesta por medio del intenso contraste de la sala vacía con una obra única suspendida en el medio del cuarto, en grandes dimensiones y en técnica mixta. En la comparación y complementariedad de las salas y las obras, en lenguaje coloquial oiríamos a alguien decir... ”lo que falta allá está acá”, o ”la burocracia no deja lugar al corazón”. El corazón representa la habitual intensidad expresiva latinoamericana. El tema del corazón referido a la religión —como se ha tratado con frecuencia en México—, en este caso, es el elemento complementario de la instalación en la sala contigua. La obra suspendida del techo es como el dije que cuelga de las cadenitas al cuello, y en su extremo opuesto, es la gigantesca piñata que la burocracia tratará de bajar a golpes de anonimato. Un micrófono —integrado a la altura de las válvulas seccionadas— emite los latidos del corazón del artista.
En esta sociedad sigloveintiunesca, las fronteras entre lo íntimo y lo público se han desdibujado de manera destructora. Siendo el tema fronterizo también parte de la exposición de Osorio, por su amplitud sólo se deja señalado y se caracterizan algunos de sus aspectos. ¿Dónde comienza y dónde termina la acción institucional? ¿Cómo enfrentar “cara a cara” las situaciones extremas de una familia y lo institucional? ¿Cómo sobrevivir a la obstrucción de las libertades para unos que son correctas para otros? ¿Cuántas cajas son necesarias para guardar el dolor? ¿Cómo preparar/reparar al individuo que se ve fraccionado y guardado en folders, cajas, gaveteros? ¿Cómo vivir en disociación? ¿Cómo puede vivir el cuerpo en un lugar y el corazón en el otro? El corazón expuesto directamente, con los latidos suavemente perceptibles, es una evidencia de la situación “en carne viva” que el artista pone en evidencia. La imagen fotográfica, filmada, reproducida, proyectada, desempeña un papel preponderante en remarcar la ausencia del ser humano real. Imagen y sonido registran lo transdisciplinario del arte en épocas recientes, como lo desearan autores de hace un siglo, pero los lenguajes y las disciplinas se han modificado y ampliado. Las cortinas venecianas actúan como divisor, como contenedor, débil marco entre el que se escapa el “oxígeno”, y como elocuente pantalla de proyección.
El autor desarrolló esta obra en su año como Artista en Residencia en el Departamento de Servicios Humanos de Filadelfia. En el terreno de las Artes Visuales, con su formación de Trabajador Social, Pepón Osorio convoca una voz más abarcante que la individual, extiende la visión documental a una sala de emergencias donde la atención especial la requieren el alma, la razón y el corazón. No es una obra nostálgica ni decadente, es un ejercicio muscular para no dejarse derrotar. Lo público y lo privado se enfrentan como la piel y el endotelio. Pepón Osorio hace presente su reflexión acerca de las heridas, los sentimientos, los ancestros y las comunidades inmigrantes. Entre los antecedentes que se deben recordar está la obra de su coterráneo Antonio Martorell. Si todo parece estar centrado en lo social, se debe señalar que no hay confusión estética, no se hace de la instalación algo indefinido, revuelto, sucio e impersonal, sino todo lo contrario. La escena se recorre con un estremecimiento, todo está limpio, organizado, controlado excepto la pasión de la voz que embarga de densidad emotiva la exposición.
GRACIELA KARTOFEL
