El siglo de Pogolotti se titula la muestra de pinturas y dibujos que desde el 12 de julio y hasta el 15 de septiembre se exhibieron en el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, ciudad natal del más emblemático exponente cubano del futurismo, Marcelo Pogolotti, en el centenario de su natalicio.
En esta exposición figuran, entre otras obras, las tituladas Campos magnéticos y El hombre de hierro (ambas de 1931), las cuales hicieron que Marinetti lo reconociera como a uno de los suyos y lo incluyera en las muestras itinerantes de los futuristas italianos. Por entonces, el gran adalid de ese movimiento en la península itálica escribió en La Città Nuova, de Turín: “Pogolotti expone... sus cuadros resueltos con la introducción de materiales diferentes, que son plenamente conscientes de la sensibilidad futurista y revelan un temperamento de pintor refinadísimo”.
Llevado por su vocación de hacer ensayos plásticos, Marcelo Pogolotti recurrió en esas obras a las aplicaciones metálicas de reminiscencias puristas y cubistas. Y ya en ellas estaba presente el tema de la máquina, ese que había comenzado a representar tras su llegada a París en 1928, y que devino un leitmotiv en su corta pero intensa trayectoria artística, como se refleja en la muestra. Incluso, la aeropintura (que también está representada), se supone que sea una expresión plástica de la visión supraterrestre propiciada por el aeroplano, esa por entonces novedosa máquina desde la cual se visualizaban en picada formas ambiguas, colores verdes y ocres, líneas sinuosas y cierta nebulosidad.

Al igual que para los futuristas, la máquina era para Marcelo Pogolotti un símbolo epónimo. Pero mientras a aquéllos apenas les interesaba en tanto expresión del dinamismo epocal, al cubano le preocupaban sus repercusiones sociales. Según él, Marinetti sólo había llevado al arte la geometría y el movimiento. Esto, unido a la filiación fascista de este grupo de Turín, contribuyó a que Pogolotti se distanciara de ese segundo momento del futurismo italiano. Emprendió entonces la serie de dibujos Nuestro tiempo, de la cual se exhiben algunos ejemplares. En ellos reflejó la situación del obrero, con una óptica que al aprehender lo universal incluía lo nacional; representado con un dinamismo deudor (en alguna medida) del futurismo, pero vehículo también de la dialéctica filosófica y social. Con el sólo uso del lápiz y del creyón sobre papel, logró tal riqueza de tonos, matices, efectos visuales, que Guy Pérez Cisneros, el más prestigioso crítico de arte de Cuba entre las décadas de 1930 y 1950, llegó a pensar que en lugar de dibujos eran grabados.
Hijo del fundador del barrio habanero conocido popularmente como Pogolotti, miembro de una familia que poseyó centrales azucareras en Cuba, estudiante de ingeniería antes de consagrarse por entero al arte, Marcelo Pogolotti se identificó no sólo con la racionalidad de la máquina, sino que además trató de encontrarle su “latido humano” y amplió su registro de referencias hasta la arquitectura y el urbanismo.
Ello es claramente perceptible en Barrio industrial, El alba y Encuentro de dos épocas, lienzos también incluidos en la exposición. En ellos retomó, si bien con carácter simbólico, el signo arquitectónico urbanístico que había dibujado y pintado entre 1925 y 1927 en La Habana, mientras redescubría la realidad física de la que se había ausentado por varios años de estancia en Estados Unidos, donde abandonó la ingeniería para estudiar pintura en el Art Students League de Nueva York. Claro que en las obras posteriores ya no había preciosismo a la hora de representar a la arquitectura; ni un colorido desbordado y de combinaciones complementarias, un tanto fauvistas.
Ahora resolvía la representación de las edificaciones con formas más o menos planas, rectangulares, con un geometrismo heredado de sus ensayos plásticos con la abstracción, que abordó casi 20 años antes de que esta tendencia irrumpiera en Cuba.
Ahora bien, Encuentro de dos épocas, y otras telas igualmente incluidas en la muestra: El silencio, Evasión, El intelectual (estas últimas de 1937), son pinturas representativas de cómo Pogolotti —afiliado desde 1933 al grupo de artistas liderados por Louis Aragón, quienes consideraban al pueblo como al único capaz de reportar al arte un contenido verdaderamente humano y trascendente— revirtió el clásico absurdo o contrasentido surrealista del “encuentro casual de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disecciones” en una paradoja de sentido histórico-social: una moderna fábrica contrapuesta a un villorrio medieval, el vacío a lo intelectual, la triste realidad cotidiana al mundo soñado... Y estas obras, junto a otras igualmente expuestas por ejemplo Cronometraje, de 1934—, significaron además un paso en la depuración formal que se propuso el artista, después de haber pintado Paisaje social (1933), Siglo XX o el Regalo de la querida (1933), El cielo y la tierra (1934), entre otras telas de gran complejidad compositiva por la visualidad cronotópica, la simultaneidad de escenas, como puede apreciarse en la exposición-homenaje.
Pero Encuentro de dos épocas es una pieza también emblemática por otras razones: fue la última que pintó el artista antes de quedar definitivamente ciego en 1938, año en que realizó su primera exposición personal en París. Allí, en la Galería Carrefour, expuso obras figurativas y abstractas. Varias publicaciones comentaron la muestra, comparando a Pogolotti con Diego Rivera, ensalzando las calidades plásticas y el relieve humanista de la creación del habanero. Guy Pérez Cisneros afirmaría luego que Pogolotti fue el artista cubano del que más se ocupó la crítica europea hasta 1938. Y de él llegó a escribir Alejo Carpentier en una crónica desde la capital francesa editada en la revista cubana Social, en 1931: “es el pintor de ideas y técnica más avanzadas que haya producido nuestro país hasta ahora”. Hoy, las obras de este artista, apreciadas en un mundo cada vez más tecnologista, maquinizado, con grandes conflictos sociales, brilla con asombrosa vigencia, justamente cuando Marcelo Pogolotti George (1902-1988) cumpliría 100 años de nacido.
ISRAEL CASTELLANOS LEÓN
