En la Galería Nina Menocal se expuso la muestra Satori de Magali Lara. En ella, la autora deja ver una de las más introspeccionadas propuestas de toda su trayectoria. Si en otros momentos las grandes telas con reveladores trazos y gestualidad evidente habitaron otros espacios, ahora vemos una obra íntima y de pequeño formato cuya intensidad es insoslayable.
“En el budismo Zen, Satori es una iluminación producida por una ruptura en la lógica causal. Puede ser experimentada como una revelación instantánea, así como una experiencia intuitiva”, según se anota en el catálogo de la exposición, cuyo diseño, a cargo de Ricardo Salas, es especialmente destacable.
Dividida en series (Construcción de un cuerpo, La otra [el monstruo], La pregunta, La punta de la lengua, No tanto, Romance, El sol y Lo visceral), las piezas realizadas en hojas tamaño carta provocan la extrema cercanía del visitante a cada obra y permiten entonces descubrir en ellas, junto a trazos y manchas de color que evocan formas corporales, delgados trazos de precisa ironía que dibujan elementos complementarios a las manchas cromáticas, ocupantes de las mayores zonas del plano.

Satori parecería partir de una abstracción reduccionista con una velada figuración de cromatismo elocuente. Sin preocuparse de si las delgadas líneas ceden su protagonismo a las manchas de color o éstas a los textos o más aún, si entre los tres se disputa una batalla infinita que desemboca en un hecho plástico de grandes alcances, Magali Lara pone el interés más decidido en la extraña relación de estos elementos viajando juntos en la misma obra, compartiendo soporte, memoria y tiempo, pero disputando expresarse cada uno de manera más decisiva.
El erotismo se hace patente en cada pieza. Aunque algunas con mayor carga que otras, parecería que Satori está más preocupada por esa extraña relación entre distintos, que en la resolución de este encuentro entre las partes. A un tiempo que sobrias, son paradójicas; en tanto emotivas, silenciosas; por reflexivas, ambiguas. El erotismo no es abordado desde su lugar común: la sexualidad, la seducción, el orgasmo. Viaja mucho más lejos situándose en la posición de quien defragmenta los roles estereotipados de lo femenenino y lo masculino, poniendo la pregunta en el lugar exacto de la validez de las diferencias psicológicas y sociales a que han sido confinadas algunas de las más importantes riquezas de la existencia de género y el constante intento por abatir las diferencias.
“Da miedo la vida real, siempre es más fácil imaginar qué podría ser. Soy madre y sé lo que represento, y aunque puedo reconocer el sofoco de la pasión hacia mi hijo, me doy cuenta de que me convierto en otras voces, unas muy lejanas que lastiman. Ver y no entender. Repetir hasta el cansancio gestos viejos que no son míos, pero que los transmito con la misma violencia y ambigüedad. No sé lo que prometo...”, escribió la pintora en el catálogo que contiene también un documentado texto de Karen Cordero Reiman, que tituló “Lecciones de lógica a partir de la serie Satori de Magali Lara”.
Otra más de las referencias importantes que son traídas a cuento de manera constante en las disertaciones de Lara son las películas Alien, dirigida por Ridley Scott en 1979, Aliens (el regreso), de 1986 y dirigida por James Cameron, Alien 3 de David Fincher en el año 1992, y en 1998 Alien Resurrection de Jean Pierre Jeunet. Estas cuatro cintas llevan a la autora a trabajar la idea del monstruo que todos llevamos dentro (el animal personal, lo llama ella), y a mirar con sus ojos, que están, justamente, detrás de los nuestros.
La presencia de ese otro oculto en nuestro interior y a manos del cual podemos incluso morir, según nos han contado las películas de los aliens, es idea recurrente en esta exposición. No en la superficialidad de la obra donde lo obvio sería encontrar la referencia a ese canibalismo que se da desde dentro, sino en lo profundo donde existe una atractiva relación de perversidad erótica donde las formas creadas por ella, sus trazos, las ubicaciones de todo el conjunto dentro del plano, hacen una suerte de festín orgiástico en el que los colores y las líneas conviven en fluido amorío. Es claro que la reivindicación sexual queda de lado para dar paso a una reflexión crítica sobre los roles asignados prototípicamente al género. Satori viaja de manera directa a la búsqueda de ese espacio de análisis. El placer se busca, se encuentra muchas veces en lo visual y en las evocaciones que nos tocan las más íntimas referencias atávicas.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS
