Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Victoria Verlichak

Leonel Luna

Galería Luisa Pedrouzo

Leonel Luna (Buenos Aires, 1965) fue casi el único artista que en su obra —exhibida en la vidriera que es la feria de galerías ArteBA 2002— se acercó al descarrilamiento de Argentina, que generó en la multiplicación de nuevos pobres y encendió la protesta entre miles de argentinos. Así, en el mes de julio de 2002, Luna presentó una recreación digital de la emblemática pintura de Juan Manuel Blanes, La conquista del desierto, reemplazando al comandante por su propia figura, igualmente a caballo, y la de la tropa, que lo rodea de a pie, por los nuevos actores sociales pertenecientes a los movimientos de “piqueteros”. Éstos son manifestantes desocupados que, habitualmente junto a sus familias, cortan rutas, puentes y avenidas, o simplemente marchan hacia los edificios gubernamentales o parlamentarios, como modo de reclamar al Estado y llamar la atención de la sociedad sobre sus carencias.

Una leyenda contra el ALCA pintada en una pared del barrio Palermo Viejo, Su opulencia es nuestra exclusión, es el punto de partida para su reciente muestra desplegada en la Galería Luisa Pedrouzo. Al trasponer esta contundente frase dentro de una galería de arte, el artista aparece reflexionando acerca de la experiencia artística y la experiencia cotidiana. En estas obras, multiplica las referencias a la actualidad, a la historia y al circuito del arte en Argentina. Luna construye un espacio cargado de referencias simbólicas, en donde parece explorar algunas preguntas que se hacen locales y extranjeras acerca del cómo y el porqué del drama nacional. Los trabajos no ofrecen respuestas, tampoco lo intentan. Lejos de la solemnidad y del realismo, las obras entretejen lo ilusorio y lo real.

Exposición Individual: Leonel Luna — imagen 1
Leonel Luna. Manifestación, 2002. Impresión sobre vinilo. 180 x 132 cm. (70 3/4 x 51 3/4 pulgadas).

Las piezas de Su opulencia es nuestra exclusión son el resultado de un modo de trabajo iniciado en otras series en donde el artista juega con la idea de la representación. “Las condiciones de la representación subyacen en la imaginación misma. La imaginación sustituye a la realidad y juntas componen una imagen que, como idea o figura, retiene y recrea nuestros propios mitos”, dice Luna.

En esta serie Luna utilizó fotografías —tomadas por él mismo o publicadas en medios gráficos— y tecnología digital como herramientas para llevar a cabo un proyecto, para ilustrar una idea, antes que para realizar ejercicios complacientes. Las imágenes de Luna —impresiones sobre vinilo— aparecen como el producto de la gozosa actividad de una mente curiosa y comprometida.

En este caso, vuelve a componer imágenes doblemente preexistentes, principalmente a partir de pinturas históricas de artistas argentinos que remiten a la crisis de la década de 1930 y a los marginales y populares personajes urbanos creados por Antonio Berni en la los años Sesenta: Juanito Laguna y Ramona Montiel.

En las imágenes de Luna la composición es la misma que la de las citadas pinturas que discurrían entre la crítica social y una atmósfera metafísica. Pero quien ahora se halla parada con la mirada perdida en el basural es la artista y poeta Fernanda Laguna, y no el chico de la villa Juanito Laguna. El callejón que conduce a las Fábricas es casi idéntico al descrito por Horacio March en su obra de 1933, pero los manifestantes son distintos. Asimismo, en la versión de Luna, la multitud que reemplaza a la original de Berni de 1934 en Manifestación pertenece al año 2002; las leyendas en chalecos y gorros las identifican claramente. En la visión de Berni, El sueño de Ramona representa a la costurera convertida en prostituta. Ahora la protagonista de El sueño de Cecilia es una joven despreocupada que descansa semidesnuda en una cama casi en la misma pose que la mujer de la ficción, delante de una pared con obras de Jorge Macchi y Fabio Kacero, contemporáneos de Luna. ¿Pistas privadas en pinturas clásicas y reconocidas por el público?

¿Demasiadas bromas internas para temas tan serios? Justamente, el humor pareciera desestructurar arquetipos, distanciar al comentario político del cliché y conferirles una renovada humanidad a estas obras que resumen estados del alma, la furia y el desconcierto, la lucha y el empecinamiento de los excluidos. Luna se revela como un excelente observador que no deja nada librado al azar y que es capaz de transmitir una infrecuente intensidad.

Los períodos de trabajo y estudio que llevaron a Luna a México, Ecuador y Costa Rica quizá hayan contribuido a la facilidad que exhibe para entrar y salir de lo autorreferencial. El artista, que comenzó a exhibir su trabajo a mediados de los años ochenta, conoce la historia del arte rioplatense y parece saber lo que quiere. No por casualidad fue uno de los impulsores del proyecto TRAMA, un espacio de interlocución activa entre artistas.

Se intuye, se sabe, que hay un arte en las calles que aún no se ve en el circuito comercial ni en el institucional y que se ocupa del nuevo paisaje social. En las nuevas condiciones de Argentina, el campo cultural tendrá que rever cómo, para qué y para quién piensa y produce. Ésta también pareciera ser una asignatura pendiente para el mundo del arte, que en la última década —cuando se vivía como si, realmente, un dólar fuera equivalente a un peso— acumuló oportunidades intelectuales y experiencias globales que ahora pueden aportar a la necesaria introspección. La provocadora muestra de Leonel Luna va en esa dirección.

 VICTORIA VERLICHAK

Leonel Luna, por Victoria Verlichak | artnexus