Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Carla Zaccagnini

João Modé

Espacio Ágora

Desde cualquiera de las esquinas más cercanas se puede ver la primera intervención de João Modé (Resende, Río de Janeiro, 1961) en el edificio que abriga el espacio Ágora. Una lona amarillo oscura sirve de soporte a los delicados dibujos de líneas rojas y hace, a la vez, el papel de un toldo improvisado, cubriendo la entrada de la galería. El material y la manera en que está atado inmediatamente nos recuerda a los stands de frutas y verduras. De esos que se arman en los mercados al aire libre, que una mañana por semana se instalan en una y otra calle de todas las ciudades brasileñas. Antes de entrar ya estamos protegidos, bajo este rectángulo de color y las copas de los árboles, y nos inunda una luz anaranjada que, con escasos recursos, se encarga de indicar el inminente ingreso a un terreno diferenciado. Mirando para arriba, antes aún de dirigir la mirada hacia la sala de exposiciones, vemos cómo las líneas pintadas y sus bifurcaciones se suman a las sombras que algunos ramos cercanos proyectan sobre la misma superficie.

Adentro, junto a la puerta abierta y arrimada a la pared, una pasarela de madera cruda se apoya sobre sus muchas patas a unos 40 cm del piso de cemento. Si subimos y caminamos escuchando el sonido de nuestros pasos sobre la plataforma, la dirección es única y nos lleva directamente hacia el fondo. Vamos viendo cómo parte de la exposición pasa a nuestra izquierda, suavemente inaccesible. El desnivel del suelo hace que la elevación disminuya hasta tocarlo y hacernos bajar a tierra firme. Ahí descendemos, justo delante de una tercera y última intervención sobre la arquitectura.

Exposición Individual: João Modé  — imagen 1
João Modé. Estímulo puro, 2002. Vista nocturna del jardín.

En una acción contraria o complementaria a la que opera al frente del edificio, del lado de afuera, el artista aquí retira el techo de fibra de vidrio que cubría una especie de patio cerrado al fondo de la galería. Al concederle al espacio esa apertura, el área del piso que la refleja es bañada directamente por la luz natural, así como por el sol y por la lluvia cuando los hay. Modé cambió las piedras grises que cubrían el patio de antes por tierra abonada, casi negra. Colocó sobre la tierra algunas lámparas encendidas y papeles dibujados, con dibujos que se asemejan a los de la lona de afuera, y regó la tierra. De las varias semillas o raíces que ya deben venir, germinaron plantas, y el patio se transformó en jardín. Días después de abierta la exposición, Modé dibujó sobre la tierra con granos de alpiste que, animados por una fuerte lluvia, crecieron para acompañar a las demás plantas. Algunos visitantes tardíos pudieron ver esa doméstica plantación de alpiste mientras que los que vinieron al principio de la muestra observaron al cisne de hielo que nadaba en una pequeña palangana blanca sobre el muro que ahora separa la galería del jardín. El cisne pronto volvió a ser agua y regó la tierra que en ese entonces no mostraba casi nada.

Ya parados a la altura del plano de cemento que desniveladamente iguala todo el área de la galería, podemos retroceder y detenernos sobre las obras que habíamos dejado a un lado, el izquierdo. Hilos y lanas, blancos y de color, penden del techo casi al centro de la sala. Al principio, sólo algunos trenzados y nudos iniciales sirvieron de pista para las combinaciones que los visitantes fueron construyendo durante la muestra, con intervenciones o acomodaciones diseminadas por el artista. Nuevamente, las líneas y todas sus bifurcaciones de alguna manera repiten la lógica de los dibujos que vimos desde arriba en el fondo o desde abajo en el frente de la galería. Aquí, las líneas cruzan el espacio verticalmente o en intrincadas diagonales.

Cerca de la salida, una última obra nos espera. Una película de diapositivas, revelada y desenrollada sin cortar, se extiende sobre una estructura que la ilumina por detrás. Una lente de aumento, apoyada en la misma repisa que sustenta esta secuencia de pequeñas imágenes, nos ofrece la posibilidad de agrandarlas una a una o en pares. Fotos de nubes, de paisajes, de pavos reales, de raíces de árboles que saltan a la superficie. Bellas imágenes, recortes de vistas y miradas, que aisladas tal vez no alcanzarían a transponer los límites de esa misma belleza simple. Es la secuencia en que se presentan sin trucos, en la dirección y en el orden en que fueron vistos y registrados esos lugares y esos instantes, lo que les confiere el poder de acercarnos a ellos y de hacernos recordar que a cada uno de nosotros también nos suceden momentos así, una y otra vez.

Al llegar, la recepción del color y la luz; al entrar, el pasillo suspendido, la dirección y el ritmo que impone; al fondo, la tierra y el agua y todo lo que puede resultar de ese encuentro; al centro las líneas y el dibujo inacabado que instiga las manos a nuevas soluciones; antes de salir la investigación de una narrativa construida sólo por imágenes, y los sentidos que intentamos encontrarle. A cada momento, cada mirada y cada paso, un nuevo estímulo. Estímulo puro.

CARLA ZACCAGNINI

João Modé, por Carla Zaccagnini | artnexus