III Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano

Patricia Belli. Resiliencia, 2002. Video de 3,30 minutos. 3er premio.

Bienalene 2003 - mar 2003· Por María Dolores Torres

III Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano

en Managua un cambio renovador

Desde que en 1971 se iniciara en San José, Costa Rica, la I Bienal de Pintura del Istmo Centroamericano, mucha agua ha pasado bajo los puentes, ha empapado nuestras vidas y nuestros paraguas. Desde conflictos bélicos, que frenaron la continuidad de las recién iniciadas bienales, hasta acuerdos de paz que las restablecieron; desde la exclusión de otros lenguajes artísticos a favor de la pintura hasta la conformación de un discurso multicultural y pluralista que diera cobijo a la gran variedad de técnicas y medios de expresión que forman parte tanto de nuestra contemporaneidad como de la condición postmoderna. Esta III Bienal del Istmo, que es al mismo tiempo la primera bienal de artes visuales, fue concebida bajo una voluntad de apertura y  renovación; pues tanto la I Bienal de 1998, celebrada en Ciudad Guatemala, como la del 2000 cuya sede fue en San José, Costa Rica, fueron exclusivamente bienales de Pintura. La presente edición supone, por consiguiente, la culminación de múltiples expectativas por parte de muchos artistas deseosos de utilizar el gran abanico de lenguajes contemporáneos, combinando medios y estilos de una manera amplia: instalaciones, videos, sonido, fotografía, técnicas gráficas, dibujo, pintura y escultura.

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Brooke Alfaro. Aria, 2002. Video de 3,40 minutos. 1er premio.

Por una tercera vez, se reunieron los seis países centroamericanos que ya habían participado en las dos bienales anteriores y aunque, por primera vez en la historia de las bienales del istmo, Belice fue formalmente invitada, no pudo hacerse presente por razones de índole diversa. Pese a la proximidad geográfica, factores como la carencia de una historia común, sumada al hecho de ser Belice un país anglohablante, han propiciado una ausencia de la cual es culpable tanto la falta de vías de comunicación adecuadas como una cierta condición de insularidad, a pesar de vivir en un mundo globalizado. La presencia de Belice en un futuro cercano contribuiría al fortalecimiento de vínculos y experiencias artísticas para formar parte del mismo espacio cultural e insertarse en la realidad centroamericana como causa propia y no bajo la perspectiva de outsiders.

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Ramón Zafrani. Sin título, 2002. Instalación con fotografía y audio. 38 x 61 cm. (15 x 24 pulgadas). c/u. 2ndo premio.

En los seis países participantes se ha podido comprobar que por medio de diferentes lenguajes y estilos los artistas cuentan las historias de sus mundos privados transfiriéndolas a la realidad pública, partiendo de la diversidad de medios expresivos para reflejar temas de interés universal con mayor propiedad que a través del monodiscurso excluyente de la pintura. Ya con anterioridad, entre 1999 y 2000, en las bienales locales, los artistas habían iniciado una serie de cambios y rebeliones con el uso de los assemblages, la pintura combinada y las técnicas gráficas, además de la pintura matérica y del histórico collage. Por otra parte, los propios jurados, desde la primera bienal de 1998, tendieron a premiar aquellas obras que, dentro del medio pictórico, mostraban técnicas más innovadoras y rupturistas. En la segunda edición, el jurado fue mucho más transgresor al otorgar el primer premio a una obra fotográfica, valorando el arte de reproducir imágenes por medio de reacciones químicas sin mediar los pigmentos y los pinceles, cuestionando “los límites de la pintura y su validez como parámetro único”, tal como señaló la crítica de arte guatemalteca Rosina Cazali1. En la presente edición, al ampliar su perfil a otras técnicas no tradicionales, tuvo la particularidad de presentar una interpretación pluralista del hecho artístico, bajo una perspectiva multicultural.

Además de la apertura y su carácter renovador, uno de los méritos más notables de esta bienal ha sido la vinculación del arte con el espacio público, robado a los managuas desde el terremoto de 1972. A partir de entonces, Managua, devastada y desarticulada, no ha logrado definir su perfil urbano. Sin embargo, gracias a la iniciativa de la Fundación Ortiz-Gurdián y a la labor realizada por Juanita Bermúdez, coordinadora de la III Bienal, el antiguo Palacio Nacional, convertido en Palacio de la Cultura desde 1996, hizo honor a su nombre al ser acondicionado como sede del evento, devolviéndole a la ciudad parte de su pasado histórico. El jurado de la presente edición, compuesto por María Elena Ramos (Venezuela), Elena Oliveras (Argentina) y Gerardo Mosquera (Cuba), premió el quehacer artístico, destacando los medios y lenguajes más contemporáneos: el arte del video, la fotografía, la instalación y las técnicas multimedia.

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Cecilia Paredes. Recursos humanos para la obtención de lo divino, 2002. Manto tejido de 1700 huesitos de la suerte. Mención de honor.

En los tres primeros premios se puede observar el protagonismo de la fotografía y la influencia del lenguaje cinematográfico. El artista Brooke Alfaro (Panamá), fue galardonado con el primer premio por sus obras Aria y Yuri, dos videos de 3.40 minutos cada uno. El primero se caracteriza por la visión descolonizadora del fenómeno cultural y la integración de las artes visuales con los grupos humanos, la música y el canto. La acción se desarrolla en medio de las múltiples tomas de un edificio en ruinas donde un hilo de voz entonando una canción, recorre el espacio y conduce al espectador hasta la autora del bel canto: una joven de raza negra y su acompañamiento coral, formado por un grupo de niños y niñas de la misma etnia, con una orquesta improvisada a base de pajillas y vasos plásticos. Además de transformar  la prosa cotidiana en poesía simbólica, el video refleja temas de interés universal, como las relocalizaciones de la población dentro del espacio urbano. La imagen del otro video procede de la “contracultura” gay, excluida y marginada por la clase hegemónica. El discurso narrativo está centrado alrededor del desnudo femenino. El cuerpo humano, desacralizado y remodelado por el artista, ha sido concebido como un patchwork o un gran rompecabezas cuyas piezas se mueven y cobran vida, haciendo eco al monólogo sensual de su protagonista. A través de la tecnología y desde una perspectiva estética, el artista ha transformado el cuerpo y lo ha convertido en un instrumento liberador del subconsciente, legitimando la categoría del in-between, para resignificar la marginalidad de aquellas personas ubicadas en los bordes y otorgarles identidad.

La alienación urbana, la soledad y el aislamiento están representadas en una instalación fotográfica con audio, de Ramón Zafrani (Panamá), obra merecedora del II Premio. A través de cinco fotografías sobre acrílico, el artista ha escenificado una situación de la vida cotidiana, cuyos protagonistas son los diferentes pasajeros que viajan en un autobús, absortos en sus propios pensamientos. Los auriculares permiten al espectador formar parte de una acción colectiva y de un proyecto interactivo, al penetrar en el mundo privado de cada persona e involucrarse en su problemática específica, presentada por el artista con ironía y humor. La construcción de estas identidades periféricas reafirma la cultura de la diferencia, frente a la cultura de élites, en un contexto que tiene mucho de surreal y paradójico.

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Humberto Vélez. Guachimán, 2002. Detalle del video de 3,40 minutos. Mención de honor.

Patricia Belli (Nicaragua) fue la ganadora del III Premio por sus dos videos Sísifo y Resiliencia, de 3.30 minutos cada uno. En el primero, la mitología griega sirve como punto de partida para una original puesta en escena donde anuncia  diferentes interpretaciones del cuerpo como significante múltiple: los dedos de una mano ascienden y descienden sobre la cuerda floja de la vida para representar el esfuerzo infructuoso de Sísifo, condenado a repetir su destino, arrastrando la pesada piedra de su castigo. La artista, al subvertir el mito, lo transforma en una suerte de espectáculo circense a través de las relaciones entre el cuerpo humano y las imágenes visuales. El video Resiliencia, por el contrario, está inspirado en la tradición popular: una piñata, con rostro humano, recibe los golpes de varios personajes que ocultan su identidad bajo máscaras carnavalescas. El juego, aparentemente festivo, deviene en una reflexión sobre la condición humana y su  resistencia ante las adversidades. Al destruir la piñata, de su interior no surgen dulces ni sorpresas sino unas bolas de vidrio, convertidas en metáforas de nuestro paso por la vida, que ruedan por la ciudad y se dispersan a lo largo de una carretera para encontrar un nuevo camino.

Los tres artistas galardonados con los tres primeros premios han desarrollado a través de sus obras el concepto de interdisciplinariedad, convirtiendo el arte en un espacio abierto para la participación, promoviendo una relación más directa entre arte-vida y una ruptura con la concepción de la experiencia estética como un acto de contemplación pasiva. Este mismo espíritu se manifiesta en las  tres menciones de honor, otorgadas a Cecilia Paredes (Costa Rica), Priscilla Monge (Costa Rica) y Humberto Velez (Panamá), quienes combinan en su obras la exploración de diferentes técnicas, utilizando materiales diversos: desechos orgánicos, madera, carboncillo y grafito, papel, fotografía, sonido y video, integrándolas al contenido de su obra como parte del discurso artístico.

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Priscilla Monge. La barata, 2002. Imagen tomada durante el recorrido de la barata. Mención de honor.

La obra de Cecilia Paredes Recursos humanos para la obtención de lo divino se destaca por su cualidad artesanal y por el uso de materiales insólitos, que son utilizados para dar expresión a sus pensamientos. La autora crea texturas formas y volúmenes a través del complicado proceso de tejer un manto con 1.700 huesos de la buena suerte, transformando los materiales orgánicos en obra de arte. Las habilidades domésticas son utilizadas como lenguaje para construir un discurso liberador que nos invita a reflexionar sobre la construcción de los géneros y la problemática de la mujer, secularmente marginada del sistema artístico. Dentro de una visión multidisciplinaria, Priscilla Monge presenta en su proyecto La barata una ingeniosa apropiación de los pregones callejeros, símbolo de la cultura popular anónima, de tradición oral. La definición de barata, venta por parlantes, anuncio de baratillos, eventos sociales, notas de duelo...está incluida en el primero de los cinco dibujos que forman parte del proyecto. En los cuatro restantes, traza el guión del evento: un coche recorrerá las calles de Managua durante tres horas y el pregonero, con la misma entonación que anuncia una mercadería, leerá en voz alta el primer capítulo del libro de Kandinsky Lo espiritual en el arte (1912), a partir de la histórica afirmación: “Toda obra de arte es hija de su tiempo y muchas veces madre de nuestros sentimientos"2. El recorrido se llevó a cabo una vez, pero durante la entrega de premios la ausencia de un espacio urbano y un aguacero torrencial impidieron que la audiencia, reunida en el Palacio de la Cultura, tuviera la oportunidad de reaccionar ante lo insólito y de comprender que las innovaciones culturales son producto de la historia.

El aspecto surreal de la vida, la incomunicación y el aislamiento son los temas abordados por Humberto Vélez en su video Guachimán (3.40 minutos), ganador de la otra mención de honor. Situaciones como la monotonía, la dualidad y lo rutinario han sido presentadas a través de varias secuencias, que conllevan reduplicaciones de planos, figuras e intertextos. Como denominador común todos estos artistas parten de una estrategia multicultural y son creadores de imágenes donde predomina el componente narrativo encaminado a encauzar la comprensión.

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Patricia Villalobos. Rastreo, 2002. Instalación con video. 180 x 460 cm. (71 x 181 pulgadas).

Por tratarse de una bienal abierta, fue evidente la competencia entre la gran variedad de técnicas y medios de expresión, convertidos en espejo crítico del quehacer artístico y cultural de cada país. El elemento figurativo, así como la representación de la figura humana han hecho acto de presencia en esta bienal. Desde esta perspectiva, sobresalen las fotografías de Walterio Iraheta (El Salvador), no sólo por su calidad sino por el mensaje crítico, inscrito dentro del discurso estético. En la serie Ecce homo, le asigna al hombre retratado una doble identidad: la machista y la travestista, codificadas bajo diferentes íconos. La primera está definida por un condón, un balón de fútbol, una pistola y una botella de cerveza; la segunda, encubierta por el sostén blanco, disfraza su doble personalidad. El protagonismo de la figura humana también está presente en Los caídos, obra de de Sila Chanto (Costa Rica). Se trata de una instalación multimedia, con un proyector de diapositivas y un cuadrilátero de boxeo, convertido en lugar de conflicto donde los cuerpos pierden su identidad, borrándose las fronteras entre lo masculino y lo femenino, lo interior y lo exterior, la violencia y el heroísmo, dentro de un espacio saturado por la información visual.

Nuevamente, la confusa realidad somática del ser humano trastocada por la transculturación y las nuevas tecnologías, se convierte en el tema central de la artista Patricia Villalobos (Nicaragua). El mismo título Rastreo-Tracking, pone de manifiesto su interés por la reconstrucción de una identidad, al margen de los desplazamientos geográficos. A través del video, instalaciones y sonido, usa autorretratos e imágenes personales para darle voz a su propio “cuerpo divagante”  e ilustrar cómo por medio de la autorrepresentación logra hacerse dueña de una imagen y de un nombre propio. Al mismo tiempo, la imaginería invertida, repetida y reflejada en la pantalla del televisor le devuelve la conciencia de su propio yo. La narración, tanto de una historia privada e individual como de la historia contemporánea, ha sido una idea constante en algunos artistas de esta bienal. En este sentido, Luis Morales Alonso (Nicaragua) relata a través de la instalación Dos cajas con discos la relación entre el presente y el pasado: desde la creación del mundo —Caja primigenia con discos esenciales— hasta su eventual destrucción —Caja contra la amnesia con discos memorialistas antes del fin— en la que están representados los eventos que marcaron el siglo XX: una historia de la violencia que culmina en los albores del siglo recién comenzado con Nueva York, 9-11-01, como punto final.

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Luis Morales Alonso. Detalle de Caja contra la amnesia con discos memorialistas antes del fin, 2002. Dos cajas con discos. Instalación. 250 x 250 x 250 cm. (98 1/2 x 98 1/2 x 98 1/2 pulgadas).

Aunque es inherente a casi todas las bienales la idea de espectáculo, en este caso, se justifica esa idea como una categoría viable para lograr reconocimiento o visibilidad, pues la carencia de una historiografía del arte en Centroamérica ha obstaculizado una total integración y ha propiciado exclusiones como la de Belice. En esta edición de la Bienal del Istmo Centroamericano, hay que valorar muy positivamente la creación de nuevos espacios culturales, pese a ser una bienal desigual, en la que no todos los países mostraron una calidad homogénea. En el transcurso de estas tres bienales, algunos mantuvieron los lugares cimeros y otros no: mientras que Guatemala, El Salvador y Honduras se destacaron en la bienal de 1998, Panamá y Costa Rica sobresalieron en la del 2000 y ambos continúan manteniendo su hegemonía en el 2002, secundados por Nicaragua. La universalidad de contenidos partiendo de lo local, la relación del ser humano con su contexto socio-histórico y lo surreal de la vida cotidiana, han sido parte de los temas fundamentales que unen a los artistas de las diferentes regiones. Por último, si bien la III Bienal no puede representar la totalidad del arte centroamericano, sí puede mostrar la contribución de los artistas más destacados al desarrollo cultural de sus respectivos países.

NOTAS

1. Rosina Cazali, II Bienal de Pintura del Itsmo Centroamericano, Reflexiones. Art Nexus, No. 39. Enero-marzo 2001, p.78.

2. Wassily Kandinsky, De lo espiritual en el Arte. Barral Editores. Barcelona, 1973, p.21.

MARÍA DOLORES G. TORRES

Historiadora de arte. Investigadora en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana en Managua, Nicaragua. Catedrática de arte nicaragüense y arte contemporáneo.

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