La reciente muestra de Florencio Gelabert en la Ambrosino Gallery ofrece una nueva perspectiva en su trabajo. A primera vista es una obra totalmente diferente; se trata de fotografías, pequeñas figuras situadas sobre un fondo impecablemente blanco. Las siluetas irregulares no permiten determinar su verdadera forma, descubrirlas es lo que nos hace entender el verdadero concepto que conlleva la muestra y buscar los puntos en común con la trayectoria anterior del artista. Gelabert, artista cubano, quien reside en Miami, ha trabajado fundamentalmente la escultura, íntimamente ligada a conflictos como identidad, inmigración y sociología. En sus obras, los instrumentos de trabajo como hoces, martillos y hachas han tenido un papel preponderante por su significación simbólica, instrumentos todos que mutilan, cercenan o truncan, y a los que el artista les ha concedido conceptos duales, porque si por un lado sirven para destruir, en ocasiones lo han hecho con la finalidad de construir nuevos objetos, o por ser herramientas de trabajo que contribuyen en las labores agrícolas.
En cada una de estas piezas los protagonistas son los instrumentos, enmascarados por flores; irónicamente, aquello que pudieron haber segado, se convierte en el soporte de la imagen. Quien conoce a Gelabert sabe de sus recientes circunstancias, para quienes no lo conocen, sepan que son el amor, la traición, la dignidad y la virilidad. Y son justamente estos componentes los que fundamentan sus trabajos. Cada uno de estos conceptos forma parte de su historia y su iconografía juega con ellos para sustentar cada uno de sus planteamientos.

En la pieza He/Él, se exhibe un hacha con un fuerte color rojo, personificado por rosas rojas que aluden a la virilidad y al desangramiento. La violencia queda implícita en la fuerza de la imagen y el color, que además se complementa con la ubicación del hacha, quedando el mango hacia arriba, punzante, desafiante y viril. Así se representa el artista en un conflicto donde la pasión es el protagónico. Para She/Ella, se torna mucho más suave; nuevamente, el hacha es la única figura, pero esta vez encarnada en rosas rosadas; ubicado de la misma manera que en He/Él, el foco de atención lo ocupa el lado ancho formado por pétalos de rosas totalmente abiertos con una carga muy sensual. En ambas obras utiliza la misma figura para representar la masculinidad y la feminidad; sólo el color y la disposición de los pétalos diferencian las lecturas, confiriéndole a cada una un significado y fuerza diferentes. Otras obras como Tres, Dos representan cuchillos que se amenazan punzantes unos a los otros, mostrando la parte cortante de un conflicto, pero donde nuevamente las flores disminuyen el ímpetu de cada uno.
El fondo blanco contribuye a reforzar el centro de atención en las figuras. Las fotos fueron tomadas sobre la cama del artista y aunque este hecho es desconocido por el espectador, se hace un tanto explícito: la cama es, así como el fondo blanco, el símbolo donde se fragua o se concreta la pasión que envuelve al artista y a cada una de las piezas.
Florencio Gelabert ha demostrado saber manipular todo aquello que le acontece y convertir una tétrica situación en un rito de amor, al hacer confluir la fuerza de cada uno para plasmarlo en obras de arte. No hay complejos, todos los componentes de su drama quedan representados, e inteligentemente los ha trabajado con símbolos que ya ha manejado y que refuerzan su poética al darle connotaciones ambivalentes: el amor puede ser destructivo pero no deja de ser gratificante; en su esencia, como en la vida, la violencia y la seducción están implícitas.
MARISOL MARTELL
