Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Charmaine Picard

Ernesto Pujol

Jersey City Museum

Por largo tiempo, las imágenes del paisaje norteamericano han formado parte de la psique nacional estadounidense. Desde las pinturas de la naturaleza salvaje y sin cultivar de la escuela Hudson River hasta las representaciones románticas de la expansión territorial de la nación hacia el oeste: el paisaje ha representado a menudo la idea de la nación y su gente. La última instalación de fotografías y objetos escultóricos de Ernesto Pujol, American Fields (2001-2002), le da una mirada fresca a este género tradicional, brindando un sereno y atractivo comentario sobre las formas como el medio ambiente es alterado y controlado a través del contacto humano.

Educado académicamente como paisajista en su juventud, Pujol ha regresado a este género mediante la exploración de la campiña cerca de Allentown, Pennsylvania, en el corazón del valle Leigh. Según el artista, su reciente giro en cuanto a temática cierra un capítulo de exploraciones previas del cuerpo humano: El cuerpo y la enfermedad (1998), El cuerpo y la fe (1999-2000) y El cuerpo y el tiempo (2001)1. Curiosamente, la última obra de Pujol también se aparta de un énfasis anterior en la experiencia autobiográfica y se concentra, en cambio, en una mirada más hacia el exterior y un tema más universal, el medio ambiente.

Exposición Individual: Ernesto Pujol — imagen 1
Ernesto Pujol. Bancos, 2001-2003. Impresión en papel Kodak brillante. 101,6 x 152,4 cm. (40 x 60 pulgadas).

La instalación reúne seis grandes fotografías de campos de maíz, con seis fotografías de una pista de ciclismo de alta tecnología construida en medio de la campiña. En el centro de la sala Pujol colocó una silla de metal y mazorcas de aluminio fundido que reposan sobre una mesa de madera. Las fotografías son visualmente atractivas: los brillantes verdes y azules de la tierra de labranza y el cielo, y los amarillos primarios y los nítidos blancos del velódromo son agradables a la vista. Aparecen como imágenes serenas de paisajes contemporáneos y, sin embargo, la presencia humana está notoriamente ausente de estos escenarios. En el fondo, hay algo desconcertante y perturbador con relación a la quietud del paisaje y la falta de vida en estas vistas panorámicas.

El velódromo, una pista elíptica inclinada hecha para carreras de alta velocidad, es una instalación moderna creada para probar la resistencia física y la excelencia humana. Su graciosa forma geométrica y su construcción de concreto demarcan claramente el espacio interior y exterior y definen una vía prescrita para los corredores, de la cual no pueden desviarse. Esta organización estricta, al igual que la red de cuadrículas trazada para los campos de maíz, divide el espacio de manera sistemática y controlada. Las selecciones que Pujol hace de los paisajes, aunque formalmente atractivas, son metáforas minimizadas de la idea de control, un tema reconocido en las primeras obras de Pujol que tratan de las convenciones sociales y las prescripciones culturales para la conducta humana.

En la fotografía White Boundary, Pujol regresa al tema de la “blancura” y las formas en que la cultura anglosajona norteamericana ha sido indexada como normativa y sin identidad étnica. La obra trata ideas como nacionalismo y aislamiento, inclusión y exclusión, así como la respuesta de México y América Central a la “Otredad"2. En primer plano hay una barricada blanca, y en el fondo se ve una bandera estadounidense junto con anuncios de patrocinio de diversas corporaciones y logotipos de marcas, que hacen recordar cómo los deportes se han convertido en una industria en los Estados Unidos. La imagen refleja una cuestión más amplia dentro del “paisaje” norteamericano, con respecto a la igualdad y la oportunidad dentro de sus fronteras, y los muchos límites internos e íntimos que todavía están por resolverse.

Como siempre, las ideas detrás de la obra de Pujol no se advierten de inmediato; los conceptos están implícitos, y sus puntos de vista, insinuados. Su imaginería no es agresivamente polémica sino que opera en un nivel más reflexivo y seductor. American Fields nos invita a pensar en los efectos de la intervención sobre el medio ambiente, y las formas como incluso tierras de labranza aparentemente inocuas, por ejemplo, pueden alterar la tierra mediante el empleo de químicos artificiales y la aplicación de la ingeniería genética en las cosechas. Sucede lo mismo con el velódromo, una estructura comercial masiva que se impone sobre el escenario natural del valle. El reconocimiento de Pujol por el paisaje es evidente, y su deseo de explorar el género desde una perspectiva contemporánea es interesante, puesto que centra la atención en los usos de nuestros recursos naturales en el siglo pasado y en las formas como una nación todavía puede interpretarse a través de su paisaje.

NOTAS

1. Correspondencia electrónica del autor con Ernesto Pujol, octubre de 2002.

2. Ibid.

 CHARMAINE PICARD

Ernesto Pujol, por Charmaine Picard | artnexus