Las pinturas de Daniel Senise impactan por un doble enigma; grandes espacios arquitectónicos se imponen frente al observador, generando un inexplicable silencio, quizás amenazante para personas agorafóbicas.
El otro elemento no menos enigmático es la manera en que Senise ha venido pintando sus cuadros, ingeniándose procesos diferentes de la habitual manera de pintar con pinceles.
El espacio pictórico que crea Senise está lleno de matices y texturas que obtiene a través de la imprimación de la tela, empapándola de una añeja coloración que parece desvanecerse en el aire.
El concepto del collage ha sido una de las grandes invenciones en el arte. De su uso sobre la tela, se transformó en ready-made; desde entonces continuó evolucionando a la par con las nuevas tecnologías.

La sistemática descomposición de la superficie de estos cuadros produce en las pinturas de Senise, una sensación de inmaterialidad muy especial, algo que podría estar relacionado con un alto sentido de espiritualidad; sin llegar a lo místico.
Este efecto sorprendente se da simplemente por las ricas tonalidades de la superficie pictórica que simultáneamente afirma el plano de la pintura como única verdad.
Éstas son pinturas contemporáneas, muy afianzadas en esta época; no obstante, a pesar de la ambigüedad de sus espacio, Senise parece, de alguna manera, ubicarse muy cerca de la tradición de artistas del Renacimiento, donde captar la profundidad del espacio real, para ellos, era la mayor ambición.
Contemplar la aparente sencillez de su trabajo, con la misma naturalidad que nos permite cualquier campo de profundidad, se hace aquí complejo; e inadvertidamente, se percibe que este choque entre sí, de lo plano, y lo profundo no se opone, más bien se articulan, elocuentemente. De allí, emerge esa lluvia infinita tanto de silencios como de armonía.
Indagar sobre la ausencia de seres humanos dramatiza la percepción del espectador quien al final desempeña también, un papel, pues será él la verdadera presencia humana al ubicarse frente a sus pinturas.
Sin embargo, es la representación de los pisos de madera y la arquitectura lo que realmente le interesa a Senise, para enfrentarse a resolver el dilema del espacio real. Las pinturas de Senise, han sido pintadas previamente y cortadas en listones, para ser, posteriormente, pegados sobre el soporte de la madera.
La obra Huntington Hartford Museum es casi un gran plano frontal de listones de madera; pero desde el centro surge la imagen en perspectiva del museo, configurándose casi imperceptiblemente.
La cultura de lo verdaderamente plano, como aceptación de la verdadera identidad de la pintura, tiene sus orígenes en Malevich. Pero en esta época, fue realmente Carl Andre quien convirtió esa concepción en un monumento para la negatividad, rechazando todas las características comúnmente relacionadas con la naturaleza de la escultura.
El piso es para él, como también fue para Jackson Pollock, el campo donde el pensamiento se convierte en acción.
Con cierto optimismo, Senise da un paso adelante, toma en especial, de la arquitectura, su gloriosa perspectiva y su imponente silencio, e indaga otro tipo de “significado” espacial.
Lo que es evidente en muchos pintores contemporáneos, en los últimos años, es traer a la escena de hoy inesperados métodos de construir imágenes o redefinir los soportes. Así, descubrir nuevos procesos de representar la pintura, se hace cada vez más incitante.
Sin embargo, esta concepción no es absolutamente exclusiva de esta época; ya decía Degas que una obra es el resultado de una serie de operaciones, cálculos de una matemática particular.
EUGENIO ESPINOZA
