Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Marianne De Tolentino

Bismarck Victoria

Carmen Rita Pérez /Arte Actual

La Galería de Arte Carmen Rita Pérez/Arte Actual presenta un conjunto de pinturas de Bismarck Victoria sobre lienzo y un portafolio de esas mismas obras llevadas a la serigrafía. Una escultura que ya se había exhibido en la muestra inaugural del centro de arte, se integra a la colección.

Para el crítico de arte es particularmente grato seguir a un artista por muchos años y comprobar la coherencia de su evolución, demostrando que, nunca ha dejado de innovar dentro de la fidelidad a lineamientos plásticos.

Conocimos a Bismarck Victoria en Nueva York mientras se desarrollaba como un discípulo del escultor japonés Noguchi. Era el umbral de la década de 1980. Él hacía esculturas con materiales sintéticos, cultivaba la abstracción geométrica, investigaba permanentemente. Mirar, por ejemplo, aquellos tótems que conquistaban la altura con sus recortes implacables era un espectáculo insólito para quienes estaban acostumbrados a la talla en madera convencional. Una simbiosis entre lo oriental —la impronta del maestro—, el minimalismo occidental y ciertamente la memoria afroantillana volvía sus obras originales y poderosas, inmersas a la vez en la actualidad, e independientes.

Una exposición en el Voluntariado de las Casas Reales en 1982 —entonces el sitial buscado por todos los contemporáneos— reveló a Bismarck Victoria ante el gran público dominicano. Se trataba de un primer contacto con la escultura internacional, pero hecha por un escultor nacional. El panorama de la obra tridimensional se había ensanchado. Bismarck Victoria desempeñó un papel de catalizador, y tanto los jóvenes por edad como por creación se sintieron alentados en sus inquietudes de cambio.

De Nueva York a Santo Domingo y Santiago, Bismarck Victoria se ha interesado por lo monumental, en un sentido de integración de la escultura a la arquitectura y al entorno. Desde los Toys, Juguetes modulares en un parque, pero dimensionalmente adaptables para una mesa, hasta una construcción, a la vez compleja y depurada, geométrica y expresiva, encastrada en un recinto arquitectónico. El artista pudo al fin realizar esa última concepción espacial y estética en el Coro de la Catedral de Santiago. Cabe señalar que los proyectos, aunque se queden en la búsqueda y el diseño, le merecen casi igual consideración. Él ocupa pequeñas áreas en exteriores urbanos, en el Boulevard de la 27 de Febrero, en Santo Domingo, con dos piezas que corresponden a su itinerario artístico de dos décadas, que la contaminación urbana va oxidando.

Bismarck Victoria es un artista polivalente: escultor y también pintor, hábil en la gráfica, de extrema pulcritud, un rasgo generalizado en cualquier categoría de su producción desde los inicios. Ahora bien, su pintura, trabajada con acrílicos y derivados sofisticados, partiendo de un estilo figurativo expresionista, durante años se volvió un eco constructivista de la escultura realzada por la sutileza cromática.

El retorno a la figuración ahora se enriquece con recursos y procesos digitales, que le comunican una magia especial. Por cierto, el esmero y la precisión de las obras “antiguas” del mismo autor sugerían el uso de medios informáticos… antes de que Bismarck Victoria empezase a utilizar la computadora como herramienta privilegiada en sus obras, de concepción y programación a ejecución y acabado. Observamos aquí un logro poco corriente en Santo Domingo, en la creación plástica y la contribución de la tecnología.

El compromiso estético, nunca descartado, ha caracterizado a Bismarck Victoria en su trayectoria profesional. No obstante, en sus comienzos expresionistas, demostró un compromiso de tipo social, que volvemos a percibir hoy en la serie 71° 45’/The Broader Picture. Él se refiere a la Isla como unidad territorial y geográfica, a Santo Domingo y Haití.

Exposición Individual: Bismarck Victoria — imagen 1
Bismarck Victoria. El origen de la indolencia en la tierra del remordimiento, con vestigios de prevaricadores, incluso, 1996-2001. Pigmento Endurochrome sobre tela con cubierta de teflón Imrom. 170 x 210 cm.

Él sintetiza la temática donde se manifiestan las mayores divergencias ideológicas, donde la pasión llega a eclipsar la razón, donde a las artes visuales y a la literatura se les hace difícil mantener la moderación, tanto del lado haitiano como dominicano. No obstante, Bismarck Victoria consigue un enfoque, a la vez emocionante y equilibrado. Es que junto a la política, él expresa una poética intensa, valores inseparables en las grandes telas Quisqueya Paradiso y Morceaux choisis d’après Courbet/El Origen de la Indolencia en la Tierra del Remordimiento, con Vestigios de Prevaricadores, Incluso —un título insólito en su extensión, para comenzar, y que intriga al lector de la obra—. Así mismo, en la espléndida escultura negra, con una relación/contraste entre lo vertical y lo horizontal, cuando él “escenifica” una guillotina dispuesta para cercenar la Isla. La referencia a la Revolución francesa de 1789, con la siniestra guillotina, entonces humanitaria en relación a otros suplicios, se debe contemplar como símbolo de un período político determinante en la independencia haitiana.

Bismarck Victoria ha estudiado pintando la historia y la sociología. Dentro de las asociaciones históricas, la política domina, más terrible tal vez por que es “exquisita” en su formulación de imagen. La pintura Latin Lover, con su uniforme adornado y su cabeza calavera, alude a la dictadura, a Trujillo, e indirectamente, por el contexto de la muestra, a la masacre de los haitianos por orden del déspota.

Aunque no hay nada más ingrato que representar los cielos —después de la maestría clásica— y que transferir un mapa a la pintura, Bismarck Victoria se atreve a ambas interpretaciones en un mismo cuadro. No solamente el resultado, en su Quisqueya Paradiso, es de gran hermosura, con un deleitable juego de tonos y colores, sino que las connotaciones abundan. Su isla de nubes aborregadas invita a varias lecturas: sueño, ideales, fragilidad, utopía. Luego, la composición, exaltada por la forma curva del soporte, infunde una sensación dramática de densidad y de peso.

Una riqueza similar, estética e ideológica, se desprende de los Trozos escogidos según Courbet—traducción al español—.Una obra que ameritaría un análisis y una discusión colectivos… La pintura del famoso y revoltoso Courbet, mantenida secreta durante décadas por su carácter escandaloso en los tiempos “recatados” del siglo XIX, ha desatado la pasión contemporánea, y numerosos pintores la han absorbido y recreado. Bismarck Victoria lo hace metaforizando el parto de la Isla, un vello incontenible, una herida/quemadura abierta, entre la palmita y el gallo “colora’o”. Las formas se funden. Los colores se emblematizan. La primera vez que miramos la obra, ésta provoca estremecimiento. Es una pintura antológica en la carrera del artista.

También Bismarck Victoria, hijo de Santiago, alude en otras telas a su lugar natal. Le duele ver cómo, en nombre del urbanismo y el ornato, acabaron con el área del monumento emblemático de la ciudad. La obra es fuerte, desoladora y trágica, y sugiere una destrucción bélica donde el monumento queda milagrosamente erguido. Nuevamente, el título se adscribe a la contundencia de la obra: La chronique scandaleuse, residuos del patrimonio cultural, sus monumentos y otros detritos en el primer Santiago de América/el Yaque, incluso.

Esta exposición y la muy limitada edición serigráfica que se sacó de las pinturas, invita a comentarios e interpretaciones plurales, incluso las variaciones lingüísticas de los títulos. Quedará, en las memorias visuales, como una culminación del compromiso, estético y conceptual de Bismarck Victoria.

MARIANNE DE TOLENTINO

Bismarck Victoria, por Marianne De Tolentino | artnexus