Exposición Individualene 2003 - mar 2003· Por Marta Rodríguez

Beatriz Olano

Museo de la Universidad Nacional de Colombia

Desde comienzos de la década de 1990, la artista antioqueña Beatriz Olano viene realizando una serie de instalaciones o intervenciones en el espacio que alteran la apariencia y la percepción que el espectador tiene de dicho lugar. Se trata de manifestaciones efímeras realizadas con materiales diversos que en algunas ocasiones se fundamentan en un lenguaje geométrico que se relaciona con el arte abstracto, especialmente con el minimalismo, como es el caso de la instalación titulada Cruces que se realizó en la sala 3 del Museo de Arte de la Universidad Nacional durante los meses de agosto y septiembre.

El espacio de esta sala se caracteriza por ser bastante alargado y neutro, sus paredes son blancas, el piso ligeramente gris y lo ilumina una luz uniforme. Beatriz Olano tuvo en cuenta estas características del lugar y en cada uno de los extremos, sobre los muros de menor tamaño, realizó con bandas de contact (un material adhesivo de colores vivos y planos), una especie de entramado o de diseño geométrico, basado en una estructura ortogonal que se prolongaba de la pared al piso; estas bandas de color rojo, verde, violeta, azul y amarillo continuaban sobre los muros laterales, mucho más largos que los anteriores, creando un diseño más sencillo; finalmente, los colores también descendían al piso; sobre esta superficie eran simplemente líneas que se prolongaban hasta el otro extremo de la sala y se cruzaban con el otro diseño sobre la pared. Tanto en los muros laterales como sobre el piso las bandas de color no se plegaban enteramente a la disposición ortogonal de las paredes ni a las baldosas que conforman a este último, sino que se desviaban ligeramente.

Exposición Individual: Beatriz Olano — imagen 1
Beatriz Olano. Cruces, 2002. Intervención del espacio.

La tensión más fuerte se ocasionaba en los muros de los extremos donde los cruces eran más intrincados, mientras que las líneas que ocupaban las paredes laterales, como se anotó, tenían un entramado más sutil, de manera que tenían un aspecto distensionado y fluido que jugaba con el carácter alargado de la sala. Estos cruces que atravesaban el espacio, a distancia parecían estar realizados con bandas de pintura de color plano, de manera que a primera vista la alusión a la pintura era inevitable, y por su carácter cercano a la cuadrícula, mas no tanto por los colores, recordaba las pinturas de Mondrian, efecto que resultaba muy emocionante, pues una de las ambiciones de Mondrian era lograr “un arte total” que abarcase el espacio real, pero al recorrer el espacio se comprende que el carácter de esta intervención se puede experimentar como una especie de “pintura” cuyo lienzo es el espacio arquitectónico, de manera que el desplazamiento del cuerpo del espectador en dicho lugar es el que recibe y capta este juego de cruces y tensiones, bidimensionales, realizadas con precisión, dominio y sensibilidad.

José Ignacio Roca ha resaltado la proximidad que existe entre el arte minimalista y la propuesta plástica de Beatriz Olano. Efectivamente, las alteraciones que realiza en los espacios entran en un diálogo directo con el lugar en el que aparecen y con la percepción del espectador, de manera que se conforma esa relación estrecha entre la posición del cuerpo del observador en el espacio y los elementos que lo transforman, creando una experiencia plástica que, en el caso particular de Cruces, permitían vivir el espacio como un lugar elástico, sometido a diversas tensiones, así que recorrer la sala de un extremo al otro se convertía en juego fascinante que sorprende por la precisión de su elaboración, en el que se hacía evidente que las tensiones fueron cuidadosamente construidas y trazadas teniendo en cuenta la estructura puramente ortogonal del espacio.

Como lo afirma Carlos Arturo Fernández, “Beatriz Olano es artista esencial y radicalmente artista, y no pintora, escultora o arquitecta. Con extraordinario rigor y coherencia despliega ante nosotros nuevos territorios de experiencia. Y, sin falsos esteticismos, nos invita a recorrerlos, sin el interés de transmitir reflexiones exteriores, pero sí con la intuición de que la experiencia directa de estos espacios puede desplegar dentro de nosotros nuevas dimensiones de realidad"1.

NOTA

1.Carlos Arturo Fernández Uribe, en el catálogo Obras de Beatriz Olano, Medellín.

MARTA RODRÍGUEZ

Beatriz Olano, por Marta Rodríguez | artnexus