Exposición Individualoct 2002 - dic 2002· Por Nelly Perazzo

Zulema Maza

Centro Cultural Recoleta

Zulema Maza es una de las artistas argentinas de mayor vuelo creativo en la actualidad. Emergente del área del grabado, disciplina dentro de la cual se hizo acreedora al Gran Premio Municipal, se expandió posteriormente hacia la realización de instalaciones memorables como Finito-infinito y Los pescadores, expuestas en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, o Un lugar donde estar, un lugar donde ir, en el Museo Sofía Imber de Caracas.

La exposición que acaba de realizar en el Centro Cultural Recoleta es otra demostración de su profesionalismo, dispuesto a abrir su praxis a posibilidades propias de diferentes disciplinas. Es así que el conjunto de obras presentadas impacta profundamente por la variedad de estímulos que propone a la experiencia del espectador.

Maza utiliza los nuevos soportes, los espacios y los materiales de trabajo no convencionales para dar un sentido unitario a su muestra. No es una exposición feminista, es la de alguien que hace propuestas estéticas en torno a reflexiones sobre la mujer contemporánea. La ropa, los roles sociales, el erotismo, la turbulencia emocional, son presentados de maneras diferentes, algunas más líricas, otras más escenográficas.

El desfile presenta una serie de nueve modelos que se enfrentan al público con carácter desafiante, como hablando sobre ellas mismas. Son fotografías trabajadas digitalmente y transferidas mediante procedimientos gráficos mixtos sobre papel. Todas las figuras tienen una flor, aludiendo a una interioridad que admite una posibilidad de crecimiento y va más allá de lo visible, del lugar donde uno se coloca o es colocado por la sociedad. Enfrente de las mismas reposan vestidos negros de encaje, como tirados al azar en el transcurso de un desfile de modas.

Hay otra serie de fotografías de prostitutas, también tratadas digitalmente, ante las cuales, en el piso, hay corpiños superpuestos de acrílico, ubicados sobre un espejo, en el cual se refleja un elemento que señala el corazón, y da una imagen vinculada a los genitales. Sobre el acrílico se adhiere como identificación un número de llamada libre muchas veces usado por la hot line o la pornografía. Esta alusión vinculante entre el corazón y los genitales se reitera en casi todas las imágenes femeninas.

La serie de Las creencias muestra cuatro rostros femeninos que superponen, por transparencia una cruz, la estrella de David, una luna y una venda que ocluye la boca.

Es una muestra hecha por una mujer, que habla desde un espacio muy sensible y profundo. Es una mirada hacia adentro, como en Sonrisa de una noche de verano, donde la cabeza de yeso de una joven con los ojos cerrados posee audífonos destinados a escuchar el mundo oculto de su interioridad.

También evoca esa posibilidad de expansión interior la caja de luz llamada Vuelo, con una figura abajo con flores negras y un enorme espacio vacío hacia arriba. Esta idea del luto dada por las flores negras se reencuentra en Brisa, abanicos negros esgrimidos por manos blancas.

Exposición Individual: Zulema Maza — imagen 1
Zulema Mazza. Rostro de la serie Las creencias, 2002. Técnica mixta. 50 x 70 cm. (19 1/2 x 27 1/2 pulgadas).

En realidad, todo el espacio central de la muestra está resuelto en blanco y negro. El color está afuera: en las guías de hojas de hiedra que acompañan maniquíes con lencería sexy y capas oscuras, o en La jaula, enigmática alusión a un cuadro de Magritte, donde hay también algo encerrado y algo que puede remontar vuelo.

Esta base conceptual se hace explícita en un par de obras que se llaman El dos y El tres, reconocimiento del juego de los roles múltiples, y en El clon, que no es otro que la mujer seriada, masificada, exigida por los estereotipos.

Completa la muestra un video de una decena de minutos, en el cual Marisol, una pequeña de nueve años de origen popular, discurre incansable y precipitadamente sobre su realidad, las cosas que le pasan, los límites de su mundo, sus expectativas. La reiterada frase que marca hitos en su discurso es Pero yo no quise, Pero yo no quise, y cierra sus sueños de ser modelo o cantante con un apabullante ¡Qué se le va a hacer, la vida es así!, que muestra la otra cara de la moneda.

Toda la obra de Zulema Maza ha sido un reclamo sobre el ser humano en su integridad. Procede siempre a una búsqueda de sentido que agujerea tenazmente las máscaras y los simulacros para reflexionar y reclamar por una humanización mayor.

La Eva contemporánea es inquirida en esta muestra en una longitud de onda donde los extremos de la mujer como puerta del diablo o como diosa se han diluido y hay redención para sus presuntas maléficas perversiones, así como un acortamiento de distancia respecto a su figura divinizada o irreal.

Hay algo mórbido y lírico en la manera de recorrer algunos roles permitidos del erotismo femenino en el mundo contemporáneo.

Está el señalamiento de que lo mediático, con frecuencia, ha esquematizado, falseado o vaciado lo femenino.

¿Acaso la espectacularidad calculada, la reiteración del exhibicionismo, no banalizan al extremo el poder de Eros, volviendo a su fuerza biológica algo artificioso y sobre todo manejable?

El nombre de la muestra Todo jardín (reverderecerá) indica sin duda una mirada más allá de la apariencia. ¿También esperanza o promesa de futuro?

NELLY PERAZZO

Zulema Maza, por Nelly Perazzo | artnexus