La literatura y las artes plásticas han tenido una relación históricamente ecléctica. Pensemos, por ejemplo, en el ejercicio retórico de ekphrasis de la Grecia antigua, que es una especie de crítica de arte por adelantado, en la cual el poeta lírico intenta concretar por medio del lenguaje sus respuestas emotivas a una obra de arte. Lo opuesto a la ekphrasis ha aparecido en otras formas de investigación artística, unas de las cuales son las prácticas de exposición, como Garden of Forking Paths, con sus alusiones borgesianas, o Accelerated Grimace y su representación gráfica de Ezra Pound. Sin embargo, son los artistas los que parecen haber minado exitosamente este campo con el mayor aplomo. No obstante, parece que la confluencia más convincente entre literatura y arte está asociada con la disparidad, histórica o no.
La interacción entre el poeta cubano Julián del Casal y Gustave Moreau fue un ejemplo interesante de modernismo transatlántico convergente. Sin embargo, la empresa entre el expresionismo abstracto y sus poetas concomitantes fue menos que deseable, y los textos Fluxus y budistas son compatibles porque la propensión de estos últimos al acertijo filosófico que cuestiona la epistemología occidental es semejante a las absurdas estrategias artísticas de la primera. Lo igualmente interesante es cuando los artistas fusionan las fuentes más amplias, que equivale a la mentalidad de tómelo o déjelo todo de un jugador, que sube la apuesta inicial en el proceso. Y éste es desde luego el caso de la instalación multisensorial de Mónika Bravo titulada A_Maze, y su empleo de un poema de Borges titulado Ars Poetica como un punto de partida temático y formal.

Como lo indica su título, A_Maze gira en torno a una instalación de video/sonido activada por el espectador, que fue configurada para semejar un laberinto, que puede ser, quizás, uno de los tropos borgesianos más reconocibles. Para Borges, el laberinto era una metáfora multifacética que era tanto un recurso formal como un leitmotiv ocasional. Bravo parece entender esto bastante bien, ya que el poema de Borges está inscrito sobre un cuadrado gigantesco en un esquema semejante a un laberinto, que activa una serie de secuencias de video de paisajes y una gran cantidad de otras imágenes filmadas alrededor del mundo: en un momento estamos en Manhattan, y en un abrir y cerrar de ojos estamos en Milán, Vietnam, Tailandia, Tokio, etc.
El poema, sin embargo, se vuelve complemento del resto de la obra y casi se socava a sí mismo, debido a que es muy difícil de leer, en virtud de que para activar la secuencia de video uno debe caminar sobre los cuadrados donde el poema está escrito. Es precisamente este nivel de contradicción el que le da en parte su fuerza a la instalación. Sin embargo, el efecto alucinatorio de ésta es más que un ejercicio de percepción o un placer estético que raya en intoxicación visual: sirve para subrayar la dimensión social de la forma como percibimos el mundo en la medida en que éste, por lo general, aprovecha lo que Walter Benjamin llamó “inconsciente óptico” del modernismo. Por cuanto este término combina las teorías sociales bergsonianas de percepción con la psicología freudiana, Bravo propone un intercambio dialéctico diferente entre el ojo y el cuerpo, en virtud de la cualidad interactiva de la instalación, basada en el compromiso corporal. Bravo empuja lo fenomenológico en direcciones interesantes que invocan lo sublime y muchos otros problemas teóricos y filosóficos. La manifestación de lo sublime en A_Maze está en marcado contraste con sus antecedentes históricos artísticos. Con Barnet Newman y Jackson Pollock, por ejemplo, lo sublime funciona envolviendo y subordinando al espectador. Lo mismo sucede con los videos de gente como Bill Viola. Bravo socava esto haciendo que sea el espectador quien active la obra. Tales ideas intelectuales con respecto a lo sublime, etc., no fueron de ninguna manera opresivas, ya que la instalación fue ejecutada de manera elegante y acentuada por una pista de sonido que transmitía la sensación de que uno estaba en algún tipo de fiesta con música ácida con una vertiginosa serie de imágenes y sonidos, de proporciones borgesianas quizás.
RAÚL ZAMUDIO
