A través de sus fotografías, María Martínez-Cañas “se confronta permanentemente con problemas personales, como pertenencia, alienación, y su posición en el mundo exterior”. Durante los últimos 20 años de una carrera extraordinariamente exitosa, ha creado fotomontajes únicos que combinan procesos técnicos experimentales con una serie de fragmentos de imágenes. Las imágenes son tomadas de investigaciones de archivos, mapas, libros, pinturas, experiencias de viajes y otros íconos socioculturales que van desde postales y estampillas hasta etiquetas de cigarros, todos relacionados con su herencia cubana. Más recientemente, la artista ha recopilado sus imágenes en su jardín y se ha embarcado en nuevas aventuras de exploración visual basadas en nuevos medios y temas de identidad personal y condición física, aunque sin perder nunca la estética distintiva que moldea esta exposición.
Esta retrospectiva, la primera de la artista en el sur de la Florida, en donde reside, incluye uno de sus primeros videos (que ya insinúa su búsqueda de identidad propia) y más de 100 obras fotográficas que documentan su experimentación y dominio de la técnica característica que se basa en dibujar y recortar un material para artes gráficas llamado Rubylith, agregando negativos fotográficos y desprendiendo el material para revelar su base transparente de Mylar. El resultado es un negativo a gran escala que ella imprime sobre papel fotográfico, convirtiendo los collages de negativos en fotomontajes positivos. Su obra, que comenzó con formas simplificadas de islas y patrones que sugerían vistas fugaces de ciudades y paisajes, con el correr de los años se ha vuelto más compleja desde el punto de vista técnico, a medida que ella experimenta una serie de influencias, trabaja en serie y explora el potencial de la computadora, el escáner y el video para realzar el trabajo básico de la cámara.
Las primeras obras de la exposición no sólo establecen la dirección de Martínez-Cañas, sino que revelan también las influencias que moldearían su obra en los años siguientes. Incluso para aquellos que están familiarizados con su carrera, es probable que las primeras fotografías no sólo se presenten como una revelación de que su obra no es sólo sobre su herencia cubana y la búsqueda de esa identidad, sino sobre la historia de la fotografía misma y su lugar dentro de ésta, técnica y físicamente. La misma aproximación a la fotografía que es evidente en obras de la década de 1980, como Untitled Black Series, 1980-1981 y Dos huelos, 1989, está representada en la estética minimalista Bauhaus de la fotografía americana de la década de 1970. La idea de crear una realidad a partir de algo que no existe la ha fascinado desde entonces y no cabe duda de que las últimas obras de la exposición que se basan en la naturaleza significan un retorno a las mismas ideas con nuevos medios. También revelan su empleo consciente de la fotografía para recrear su propia realidad y búsqueda de identidad que se ha manifestado a través de diferentes series en el transcurso de los años. Lo anterior también es evidente en el video de 1984, otra revelación. Martínez-Cañas ha estado trabajando en películas y video por muchos años, y ahora se está concentrando en ese medio para su nueva obra.

La complejidad del dibujo y los collages fotográficos que moldea gran parte de su obra de la década de 1980 y comienzos de la de 1990 y establece su reconocida estética, le transmite al espectador su interés en muchos temas recogidos durante años de búsqueda. Estos incluyen elementos tomados de las pinturas de los maestros cubanos Wifredo Lam y Amelia Peláez y reconstruidos con una interpretación crítica del simbolismo de las tradiciones artísticas y rituales de Cuba. En Tierra, 1990, una selva de espinas y pájaros está ubicada en una construcción semejante a un tótem, cargada de significado y emoción.
Hacia mediados de la década de 1990 hay un cambio en su obra, marcado por la terminación de Años continuos, un importante encargo para el Aeropuerto Internacional de Miami. Los complejos fotomontajes dan paso a nuevos experimentos fotográficos y nuevos temas. Los problemas de la mortalidad trascienden lo personal con frágiles imágenes de la naturaleza que incluyen piedras, fósiles, nervaduras de hojas y otras formas orgánicas, como las de su propio cuerpo. Hay una nueva espontaneidad y libertad en su proceso creativo. Ahora hay copias transparentes y sensuales expuestas sobre una variedad de materiales en algunas de las obras más elegantes de la exposición. En Flight (Hospital Bed), 1998, la artista superpone su propia figura sobre imágenes de libros de botánica que están expuestas sobre tela (una sábana de hospital); una conmovedora conmemoración de la muerte de una querida amiga, que es tanto performance mágico como imagen fotográfica. Garden (Change), 1998, y Metamorphosis IV, 1998, son copias sobre gelatina de plata y fotogramas –imágenes que no requirieron del uso de la cámara– de especímenes tomados de la naturaleza, que también parecen ser precursoras de sus obras más recientes, Traces of nature, Lost Nature, Disappearance, Regeneration y Chance, 1999-2000. Éstas, algunas de las imágenes más convincentes de la exposición, son todas fotogramas Diazo o cianotipos, registros sin cámara de objetos naturales colocados sobre papel arquitectónico sensibilizado o cerca de él, que se torna azul cuando se expone a la luz. Las vagas imágenes resultantes sobre enormes y brillantes superficies azules son tanto ambiguas como hermosas. Una vez más, tan notables y originales como estas imágenes parecen ser, María Martínez-Cañas ha señalado que la inspiración para esta obra tiene su precedente en los cianotipos victorianos del siglo XIX de Anna Atkins, y que ella sigue comprometida con traer un contexto histórico a su obra, dentro de un contexto contemporáneo.
Esta exposición retrospectiva revela claramente cómo la obra de María Martínez-Cañas ha evolucionado, y que ella continúa su intensa exploración del mundo del pasado y del presente, de su propio legado y de su lugar en el futuro.
CAROL DAMIAN
